El menú del día, pilar de la gastronomía española, ha sido durante décadas sinónimo de una comida "buena, bonita y barata". Su origen se remonta a la dictadura franquista, cuando en 1964 se implementó un "menú turístico" para atraer visitantes extranjeros. Esta iniciativa, inicialmente controvertida, evolucionó hasta convertirse en la popular fórmula que hoy conocemos, enfrentando ahora nuevos desafíos.
Más allá de sectores, mercados o países, la mayoría de negocios del mundo comparten un anhelo: las codiciadas "tres B". Productos "buenos, bonitos y baratos" representan la santa trinidad del ámbito empresarial. En España, la hostelería ha logrado acercarse a este ideal con el menú del día, un formato que lleva 60 años facilitando y haciendo más asequible la vida de quienes comen fuera de casa. A cambio de un precio razonable, o al menos inferior al que se pagaría si se pidiera a la carta, los restaurantes ofrecen combinaciones de varios platos, bebida y café o postre. ¿Cómo ha logrado esta fórmula tanta popularidad? ¿Qué ha sucedido para que se haya convertido casi en una institución? La respuesta se encuentra en la dictadura.
¿Cuándo surgió el menú? Los cronistas que han investigado su historia suelen ubicar la génesis del menú español en los años 60, pero para ser justos, deberíamos remontarnos bastante más atrás. En 1611, Francisco Martínez Montiño ya incluía minutas en su tratado Arte de Cocina y se sabe que en el siglo XIX, Enrique de Brunswick, un aristócrata bávaro, acompañaba sus banquetes con listas completas que especificaban el orden de los diferentes platos que se servirían. ¿Fue él el creador del 'menú'? No lo parece, aunque en realidad todo depende de qué entendamos por 'menú' y hasta qué punto estemos dispuestos a flexibilizar el concepto. Hay quien recuerda que, si miramos más allá de Europa, el rey asirio Ashurnasirpal II ya elaboró hace 3.000 años una tablilla de piedra con los manjares de un opíparo festín. Otro precedente se encuentra en la China de la dinastía Song, en el siglo XII, donde se ofrecían cartas a los viajeros extranjeros para que escogieran sus platos y facilitarles así la vida.
The menú del día was invented by the …. Err …. Pre Democratic elements. In 1964, the menú turístico, requiring many restaurants to offer a standardized, affordable set meal to cater to Spain’s rapidly expanding tourism industry In 1970, regulations developed this into what… — Joe Haslam ☘ 🇪🇺 (@joehas) August 23, 2026
¿Cuándo surgió en España? Aquí Benito Pérez Galdós ya nos hablaba a comienzos del siglo XX de fondas que vendían platos a precios fijos y adaptados a los bolsillos más humildes, pero lo cierto es que el menú del día tal como lo conocemos hoy tiene unos orígenes mucho más precisos y recientes. Habitualmente se sitúan en 1964, durante la etapa del desarrollismo franquista, cuando el Gobierno comenzó a exigir a los locales de comidas que ofrecieran un "menú turístico" que debía cumplir ciertos criterios, básicamente relacionados con su composición y tarifas, las cuales se establecían en función de su categoría.
¿Y cuál fue el motivo? Pongámonos en contexto: a comienzos de los años 60, la dictadura franquista abandonaba su etapa autárquica, la economía española empezaba a abrirse a los mercados internacionales y el país observaba el flujo de visitantes extranjeros con un interés creciente por su potencial económico. Con ese telón de fondo, el Ministerio de Información y Turismo, liderado por Manuel Fraga, decidió actuar e imponer una serie de normas para reforzar el atractivo de la hostelería nacional. El objetivo era asegurarse de que los turistas que visitaran un bar español encontraran productos típicos y un menú con varios platos, pan y bebida. Nada que no se explorara ya en otros países vecinos.
Boletín de 1964 en el que se establece la creación del "menú turístico".
¿Cuánto costaba? La idea no era mala, pero Pau Arenós recuerda en El Periódico que al "menú turístico" le costó arrancar. En mayo de 1965, menos de un año después de la entrada en vigor de la medida, el Gobierno decidió intervenir en los precios, aclarando exactamente la tarifa máxima que podía cobrar cada establecimiento en función de su categoría: los más lujosos podían pedir 250 pesetas, cinco veces más del tope establecido para las tascas. ¿Por qué lo hicieron? Quizás porque a muchos hosteleros no les terminaba de convencer la propuesta, lo que les llevaba a buscar la forma de disuadir a los visitantes y animarlos a pedir productos de la carta. No fue la única picaresca del sector, que no tardó en encontrar la forma de sortear los precios máximos: cobrar suplementos que se aplicaban por "composición, presentación o coste". Un periodista estadounidense que viajó por España a mediados de los años 60 relataba tiempo después, en una crónica, que de los 29 platos que se encontró en la carta de un restaurante, 26 incluían un extra si se pedían en el "menú turístico".
¿Se quedó ahí la cosa? No. La historia administrativa del menú siguió complicándose durante los años siguientes. Tras la salida de Manuel Fraga del Ministerio de Turismo en 1969, su sucesor decidió cambiar el nombre de aquel combo hostelero: de "menú turístico" pasó a "del día". A finales de los años 70, su marco regulatorio volvió a alterarse de nuevo: se reconvirtió en "menú de la casa" y se relajaron ciertas normas, como la tabla de precios o la exigencia de que incluso los restaurantes de mayor categoría tuvieran que ofrecerlo.
¿Fue su último capítulo? Para nada. Como recuerda Hostelería de Madrid, a comienzos de los años 80, el "menú de la casa" ya era una fórmula extendida que empezaba a asociarse con restaurantes de categoría media o humildes. El cambio de filosofía había cuajado: lo que comenzó como una estrategia turística, una forma de cuidar a los visitantes extranjeros y ofrecerles vinos y platos tradicionales, se convirtió en una fórmula popular entre los trabajadores españoles. Por curioso que resulte, su marco legal experimentó un nuevo cambio en 2010 que eliminó su obligatoriedad y los dejó en manos de las comunidades autónomas.
¿Y el futuro? La gran incógnita. Aunque el menú del día sigue siendo una institución en España y hay grandes cadenas de restaurantes que lo han adoptado, la fórmula afronta retos que amenazan con socavar su futuro. El sector lleva tiempo advirtiendo lo complicado que le resulta garantizar su rentabilidad, lo que ha llevado a que se encarezca poco a poco. A finales de 2025, Hostelería de España estimaba que, de media, el menú del día costaba ya 14,2 €, un 1,5% más que el año anterior y sensiblemente por encima de los 13,2 € de 2022. Es un dato clave porque uno de sus grandes atractivos es precisamente su precio.
¿Hay más amenazas? Sí. Por si eso no fuera suficiente, ahora los hosteleros afrontan nuevos desafíos, incluida la competencia creciente de los mercaurantes, locales en los que cadenas de distribución alimentaria como Mercadona permiten comprar y comer platos preparados. Los propios cambios de consumo llevan a muchos clientes a priorizar la rapidez sobre la calidad a la hora de escoger un lugar en el que comer. De ahí que incluso el concepto de "menú de tres platos" esté en crisis en una época que tiende a la snackficación.