En Tenerife, la Cueva del Viento, formada hace 27.000 años por un río de lava basáltica, representa una cápsula del tiempo geológica. Este laberinto volcánico de 18,5 kilómetros, considerado uno de los más largos del mundo, alberga una biodiversidad excepcional con 190 especies, incluyendo 44 troglobias y al menos 15 nuevas para la ciencia, convirtiéndola en un epicentro de vida adaptada a la oscuridad.
Algunas cuevas son verdaderas cápsulas del tiempo, como la Cueva Movile en Rumanía, que permaneció aislada durante 5 millones de años con una atmósfera tóxica. Estas formaciones geológicas pueden ocultar secretos prehistóricos, al igual que la Mammoth Cave de Kentucky. Sin embargo, no es necesario viajar tan lejos para encontrar tales maravillas. Hace 27.000 años, en Tenerife, un torrente de lava basáltica descendía desde la ladera de Pico Viejo hacia el mar. La superficie de esta corriente se enfrió al contacto con el aire, formando una costra sólida, mientras que el interior continuaba fluyendo. Una vez que la erupción cesó, el torrente se vació por completo, dejando tras de sí una estructura hueca: la Cueva del Viento, ubicada en Icod de los Vinos, la cual está abierta al público.
Este laberinto subterráneo se extiende en tres pisos. Con 18,5 kilómetros topografiados, distribuidos en tres niveles superpuestos que se interconectan, la Cueva del Viento integra diversas cavidades con nombres específicos —como Belén, el Sobrado, las Breveritas y los Piquetes— y cuenta con hasta 7 bocas de acceso conocidas. Las fuentes difieren en si ocupa el quinto o sexto puesto mundial en longitud entre tubos volcánicos, superada únicamente por los de Hawái. Sin embargo, todas coinciden en que ningún otro tubo volcánico en Europa se le asemeja en tamaño.
El proceso de formación se denomina tubo de lava y ocurre en un número limitado de erupciones basálticas, solo cuando el flujo es lo suficientemente constante y duradero para que la parte exterior se solidifique antes de que el interior deje de moverse. El nombre de la cueva, Cueva del Viento, proviene de las corrientes de aire que recorren sus pasillos, generadas por la diferencia de presión y temperatura entre sus distintas bocas exteriores. Esther Martín, conservadora de Paleontología y Geología del Museo de Naturaleza y Arqueología (MUNA), destacó en su estudio para Geosciences que esta cueva cuenta con un protocolo pionero a nivel mundial, basado en estudios geotécnicos detallados y técnicas geoespaciales avanzadas.
Un estudio de referencia, firmado por Pedro Oromí y Sergio Socorro en la revista Diversity, catalogó 190 especies de plantas, animales y hongos dentro de la cueva. De estas, 44 son troglobias, adaptadas exclusivamente a la oscuridad absoluta, y al menos 15 son nuevas para la ciencia. Ejemplos incluyen la cucaracha ciega Loboptera subterranea y los escarabajos Domene vulcanica y Wolltinerfia martini, que han perdido ojos, alas y pigmento, y han ralentizado su metabolismo para sobrevivir en un entorno casi desprovisto de nutrientes, compensando con antenas hipersensibles al tacto y al olfato.
Tenerife no es el único lugar, pero el archipiélago canario, entre todas sus cuevas volcánicas, acumula cerca de 130 especies troglobias catalogadas, la mayoría endémicas. Además, concentra la mayor diversidad mundial de chicharritas subterráneas, con 17 especies frente a las apenas 70 conocidas en todo el planeta. Oromí y su equipo continúan describiendo nuevas especies cada año; la última serie, que incluyó cuatro especies adicionales, se publicó en 2025. Un proyecto europeo LIFE ha estado protegiendo durante años a los murciélagos e invertebrados de estas cavidades, y la propia Cueva del Viento cuenta con su Plan de Ordenación de los Recursos Naturales. Toda esta fauna sobrevive gracias a la oscuridad.
Tenerife y La Palma representan una excepción legal: desde 1988, la conocida Ley del Cielo protege sus noches para salvaguardar los observatorios astronómicos del Teide y el Roque de los Muchachos. Esta normativa fue tan innovadora que inspiró leyes similares en Cataluña, Chile, Hawái e Italia. La presencia humana en el interior de la cueva se remonta a más de dos milenios, y en sus galerías se han documentado restos de enterramientos guanches. Este no es un caso aislado en el municipio: un estudio bioantropológico de 2021 sobre las cuevas sepulcrales de Las Cabezas, también en Icod de los Vinos, detalla las prácticas funerarias de la sociedad guanche en esta área de la isla, aunque se trata de un yacimiento distinto al propio tubo volcánico.
Las galerías más resguardadas de la cueva son un auténtico cementerio de gigantes extintos. En su interior se encuentran restos subfósiles de la megafauna que ya no habita la isla: el lagarto gigante Gallotia goliath, la rata gigante Canariomys bravoi, y huesos de aves desaparecidas como la graja y la hubara.
Aunque la existencia del tubo ya se mencionaba en textos del siglo XVIII, su exploración topográfica sistemática no comenzó hasta 1968, llevada a cabo por grupos espeleológicos insulares e internacionales. Mucho después, el Centro de Interpretación se inauguró el 20 de junio de 2008 y ha recibido más de 300.000 visitas. En 2025, 23.409 personas de 63 nacionalidades visitaron la cueva, con una ocupación del 96,5% de las plazas ofertadas; 3.215 de ellos eran residentes canarios. Desde 2026, los vecinos de Icod tienen acceso gratuito el último domingo de cada mes. Cada grupo, limitado a 15 personas, recorre con casco y luz frontal los mismos 200 metros de galería; el resto del laberinto, 18,3 kilómetros, sigue reservado para quienes estudian la vida que habita en sus profundidades.