La guerra en Ucrania ha alcanzado un hito significativo en la guerra naval, con el primer enfrentamiento directo entre drones navales. Un Sargan-3000 ucraniano destruyó a un Orcan ruso, marcando un precedente donde estas máquinas, inicialmente diseñadas para atacar embarcaciones tripuladas, ahora se cazan entre sí. Este suceso subraya una evolución crucial en las tácticas y el diseño de la guerra naval no tripulada.
La guerra de Ucrania ha transformado el mar Negro en un laboratorio de guerra naval durante años, y recientemente ha cruzado una frontera simbólica: por primera vez, un dron naval ha destruido a otro dron naval en combate. El enfrentamiento entre un Sargan-3000 ucraniano y un Orcan ruso tiene una relevancia mucho mayor que la simple pérdida de una embarcación económica y prescindible. Hasta ahora, estas máquinas estaban diseñadas principalmente para atacar buques tripulados. Ahora, han comenzado a cazarse entre ellas, un duelo sin precedentes.
Según el análisis publicado sobre el incidente, por primera vez en la historia de la guerra naval, dos embarcaciones de superficie no tripuladas se han enfrentado directamente, resultando en la destrucción de una por la otra. Un Sargan-3000 de la Marina ucraniana, operando con información de inteligencia proporcionada por la Dirección Principal de Inteligencia (HUR), interceptó un dron de ataque ruso Orcan en el mar Negro y abrió fuego contra él. No había marineros a bordo de ninguno de los contendientes: una máquina ucraniana armada con una ametralladora terminó hundiendo una máquina rusa concebida para impactar cargada de explosivos contra su objetivo.
La diferencia fundamental radicaba en cómo fueron concebidos ambos drones. El Orcan ruso es una pequeña embarcación rápida y maniobrable propulsada por un sistema de chorro de agua similar al de una moto acuática, conceptualmente similar a los Magura V3 y V5 con los que Ucrania revolucionó inicialmente esta guerra. El Sargan-3000 (también conocido como SeaWolf) puede asumir misiones mucho más diversas y, en esta ocasión, estaba equipado con una estación de armas remota Kongsberg Protector y una ametralladora de 12,7 mm, que utilizó para destruir al Orcan antes de que pudiera alcanzar su objetivo.
Durante gran parte de la guerra, fue Ucrania quien convirtió los USV cargados de explosivos en una de sus armas más distintivas, utilizándolos para atacar buques y bases rusas y obligando a la Flota del Mar Negro a modificar profundamente sus operaciones. Rusia ha respondido desarrollando sus propios drones navales y empleándolos con creciente frecuencia contra puertos y embarcaciones ucranianas, especialmente en la zona de Odesa. Moscú incluso dispone de instalaciones específicas en Crimea, incluyendo una nueva base en el lago Donuzlav con posiciones excavadas y dispersas a lo largo de la costa para proteger estas embarcaciones antes de enviarlas a sus misiones.
La evolución rusa muestra, además, que estas embarcaciones están dejando de funcionar como simples lanchas explosivas independientes. Los Orcan pueden operar coordinados con drones aéreos Geran, derivados de los Shahed iraníes, cuyas cámaras permiten observar la zona de operaciones y pueden actuar como repetidores para ampliar las comunicaciones de los USV. El resultado es una arquitectura en la que máquinas en el aire ayudan a localizar, controlar y dirigir a otras máquinas que avanzan sobre el agua, extendiendo considerablemente el alcance práctico de los ataques.
El Sargan-3000 apunta a algo más inquietante. Este dron representa precisamente la evolución contraria al dron naval kamikaze de primera generación: una plataforma reutilizable capaz de recibir diferentes armas y sensores. Además de la estación Kongsberg utilizada en este enfrentamiento, existen configuraciones asociadas a equipos avanzados de guerra electrónica y al sistema antiaéreo Sea Dragon, una solución híbrida capaz de emplear misiles Sidewinder occidentales o AA-11 Archer de origen soviético. La consecuencia no es trivial, sino muy importante: el USV deja de ser simplemente el arma que explota al alcanzar el blanco y empieza a parecerse a un pequeño buque de combate modular sin tripulación.
Si se quiere, podría decirse que un Orcan es deliberadamente prescindible, por lo que destruir una sola unidad apenas altera el equilibrio militar del mar Negro. El precedente, sin embargo, cambia las reglas: si los drones navales comienzan a interceptar a los drones enemigos, ambos bandos tendrán incentivos para desarrollar sensores, armamento, protección y tácticas específicamente destinadas a combatir otras máquinas. La guerra de Ucrania comenzó demostrando que una embarcación barata sin tripulación podía cazar barcos de guerra muchísimo más caros. Ahora está entrando en una fase diferente, una en la que esos mismos drones pueden convertirse simultáneamente en cazadores y presas.