Arabia Saudí, el principal exportador mundial de crudo, se ha visto forzada a clausurar un oleoducto vital que conecta sus campos petrolíferos con el Mar Rojo, tras un ataque con drones atribuido a milicianos desde Irak. Este cierre interrumpe una ruta alternativa crucial al estrecho de Ormuz y podría desencadenar una significativa caída en las exportaciones, avivando temores de una nueva crisis petrolera global similar a las de la década de 1970, con consecuencias inflacionarias y económicas notables.
El mercado petrolero mundial enfrenta una nueva turbulencia. En medio de la intensificación del conflicto en Oriente Medio, Arabia Saudí se ha visto obligada a cerrar una de sus principales alternativas al estrecho de Ormuz, tras un ataque con drones originado en Irak. Se trata de un oleoducto que cruza el país hasta el Mar Rojo y que, durante los últimos seis meses, ha sido fundamental para la nación, que es el mayor exportador de crudo del mundo. Si este cierre se prolonga, podría resultar en una caída récord de las exportaciones y revivir el espectro de las crisis petroleras de los años 70, que contribuyeron a una profunda recesión global.
Un ataque con drones ha forzado a Arabia Saudí a clausurar su único oleoducto que le permite evitar el estrecho de Ormuz. La ofensiva, atribuida a milicianos desde la frontera de Irak, impactó una estación de bombeo, que quedó carbonizada y gravemente dañada, aunque Riad aún no ha emitido un comunicado sobre la magnitud precisa de los daños. Este suceso ocurre en un contexto de escalada del conflicto en la región, donde las fuerzas hutíes de Yemen han continuado su avance, controlando prácticamente toda la costa del Mar Rojo.
Este oleoducto, con una extensión de 1.200 kilómetros, conecta los campos petrolíferos del este del país con el puerto de Yanbu, situado en el oeste, a orillas del Mar Rojo. Hasta el momento del ataque, esta infraestructura había mitigado las peores consecuencias de la guerra y del cierre del estrecho de Ormuz para Arabia Saudí, manteniendo la exportación de aproximadamente 4 millones de barriles diarios, lo que representa el 4% del suministro global. Ahora, con la interrupción del servicio, Yanbu solo dispone de reservas para sostener las exportaciones mundiales de petróleo durante una semana, según las proyecciones más optimistas. En caso de no reanudarse el servicio, el suministro global, que ya se encuentra bajo presión y con precios elevados del barril, se vería aún más afectado.
Una menor oferta de petróleo se traduce en mayor inflación. Los efectos de esta crisis ya son perceptibles. El mercado petrolero experimenta una fuerte subida de precios a nivel global, que el pasado domingo 13 de septiembre situó al barril de crudo Brent, la referencia internacional, por encima de los 108 dólares. Este nivel, no visto desde mayo, sumado al cierre de este oleoducto y otros factores del sector (como la escasez de refinación industrial), podría provocar un significativo repunte inflacionario en el futuro cercano.
Por el momento, es difícil prever cuándo se encontrará una solución. Arabia Saudí no ha proporcionado una estimación sobre cuándo la ruta volverá a estar operativa, aunque algunas fuentes consultadas por la agencia de noticias Reuters sugieren que las reparaciones podrían tardar entre cinco y seis semanas. Otras fuentes son más optimistas y afirman que el bombeo podría reanudarse antes, al menos parcialmente, mientras se llevan a cabo las reparaciones necesarias.
Ya se observaba un descenso notable. Antes del conflicto, Oriente Medio suministraba alrededor de 22 millones de barriles de petróleo al día. Desde el cierre de Ormuz, este flujo se ha reducido a entre 6 y 9 millones de barriles diarios, según Reuters. En el caso específico de Arabia Saudí, su producción ha disminuido de 10,9 millones de barriles diarios en febrero, antes del inicio de la guerra, a aproximadamente 6,2 millones en agosto.
La situación actual evoca recuerdos de crisis pasadas, ya que no es la primera vez que el petróleo se convierte en un instrumento geopolítico. Las cifras actuales rememoran las crisis petroleras de 1973, cuando la OPEP impuso un embargo a los países aliados de Israel durante la guerra de Yom Kipur, y de 1979, cuando la caída del régimen del sah y el establecimiento de la República Islámica en Irán generaron pánico en los mercados petroleros. Ambas crisis contribuyeron a una fuerte inflación y una desaceleración económica, marcando uno de los grandes episodios de estanflación del siglo pasado. En declaraciones al Financial Times, el director de la Agencia Internacional de la Energía, Fatih Birol, aseguró que en marzo de este año se ha perdido más petróleo que en estas dos crisis de los años 70, una afirmación que no es nada alentadora. De ahí que Birol considere que nos enfrentamos a «la mayor amenaza a la seguridad energética de la historia».