La Generación Z se rebela contra la IA: El resurgimiento del ludismo en la era digital

Tecnologia
Contrario a las expectativas de las empresas tecnológicas, la Generación Z muestra un creciente rechazo y desconfianza hacia la Inteligencia Artificial. Lo que se anticipaba como una fuerza impulsora se ha convertido en una generación escéptica que ve en la IA una amenaza para el empleo y el futuro. Este descontento se manifiesta en protestas, sabotajes y un desapego generalizado, evocando paralelismos con el movimiento ludita del siglo XIX.

En septiembre de 2025, Michael Trazzi inició una huelga de hambre frente a la sede de Google DeepMind en Londres, con una pizarra que rezaba: "DeepMind parad la carrera de la IA". Días después, otro joven se presentó en las oficinas de Anthropic con un mensaje similar para Dario Amodei, expresando su preocupación por sus hijos y la urgencia de la situación. Estas demandas resuenan hoy más que nunca, evidenciando que la generación que supuestamente impulsaría la IA es, en realidad, la que más la rechaza: la Generación L, con L de ludita.

Durante años, las empresas tecnológicas asumieron que los jóvenes adoptarían e impulsarían la IA, tal como lo hicieron con los ordenadores e internet. Sin embargo, los datos actuales indican lo contrario. Según una encuesta de Gallup entre jóvenes de 14 a 29 años, solo el 22% se siente esperanzado con la IA, catorce puntos menos que en 2025. El descontento y la desvinculación con la tecnología que promete reemplazar empleos futuros aumentaron al 31%, y la ansiedad ya alcanza el 44%.

Sharon Freystaetter, extrabajadora tecnológica, comentó a The Verge que "nadie de mi círculo social más cercano usa IA y todos están activamente en contra, excepto mis amigos que estudian informática y prácticamente están obligados a usarla". Esta no es una voz aislada; un informe de Writer y Workplace Intelligence revela que el 44% de los jóvenes admite sabotear de alguna forma la estrategia de IA de su empresa.

El descontento se ha trasladado de las aulas a las calles. En mayo, el exCEO de Google, Eric Schmidt, fue abucheado en varias ocasiones al hablar de IA durante la graduación de la Universidad de Arizona. "La pregunta no es si la IA va a dar forma al mundo. Lo hará", insistió Schmidt entre abucheos. No fue el único orador que recibió reproches al elogiar la IA en una graduación; Gloria Caulfield, ejecutiva del sector inmobiliario, y Scott Borchetta, director ejecutivo del sello discográfico Big Machine, también fueron abucheados en sus discursos en la Universidad de Florida Central y la Universidad Estatal de Middle Tennessee, respectivamente.

Este malestar es el mismo que llevó a Trazzi a su huelga de hambre ante DeepMind, y ahora se extiende a la Generación Z a través de movimientos como Stop the AI Race, una plataforma que organiza marchas para detener el desarrollo de estos sistemas. En marzo, doscientas personas se congregaron frente a las sedes de OpenAI, Anthropic y Google en San Francisco, con el grito de "Estamos en una emergencia".

Los centros de datos se han convertido en un nuevo frente de batalla. Sadie Cisneros, de 17 años, no guardó silencio al enterarse de la construcción de un centro de datos junto a su instituto en Pittsburg. "No necesitaba la IA para la mitad de las cosas para las que la usaba", reconoció Cisneros al New York Times. En El Paso, Marco Sánchez, de quince años, organizó una alianza juvenil contra un centro de datos de Meta, indignado porque la empresa recibió una rebaja del 80% en sus impuestos. "Estás perjudicando a familias trabajadoras mientras le das a la empresa de Zuckerberg cientos de millones en beneficios fiscales", denunció el joven. Solo en el primer trimestre del año, la presión vecinal logró bloquear o retrasar 75 proyectos por un valor de 130.000 millones de dólares.

Michael Trazzi explicó en una entrevista para ABC que "los que acaban la universidad y están a punto de empezar sus carreras profesionales están cada vez más preocupados por no encontrar trabajo. Temen que la IA se vuelva más inteligente hasta llegar a ser capaz de hacer todo lo que ellos pueden hacer. Creo que cada vez miran al futuro con más incertidumbre y no tienen claro cómo van a poder ganarse la vida". Un informe de InfoJobs y Esade revela que las vacantes tecnológicas sin experiencia cayeron un 41% en 2025, justo cuando más jóvenes buscan su primer empleo.

Mientras las calles se llenan de protestas contra la carrera desenfrenada de la IA y su impacto social, la inversión en las empresas que la desarrollan bate récords. Un informe de Stanford calculó que el capital global destinado a esta industria alcanzó los 581.700 millones de dólares en 2025, más del doble que el año anterior. El mismo informe de Stanford reconoce que estos beneficios se concentran en un puñado de empresas, casi siempre las mismas.

El paralelismo entre estos movimientos de protesta contra los centros de datos y los luditas del siglo XIX no es casual. Los luditas no odiaban la maquinaria en sí misma; defendían salarios y empleos frente a máquinas que producían de forma más barata y, a menudo, con menor calidad, como recuerda el periodista Brian Merchant en su libro 'Sangre en las máquinas'. Aquellos obreros destruyeron novecientos telares en Nottingham antes de que el Parlamento castigara con la horca a quienes destruyeran máquinas. Hoy, no hay una única máquina que destruir; si se ataca un servidor, la IA puede seguir funcionando desde otro lugar. Por ello, la resistencia y el rechazo de la Generación Z se dirigen a lo único físico que queda: los centros de datos, los contratos públicos y la reputación de sus propietarios. El desasosiego social es casi idéntico al de hace dos siglos, aunque las herramientas y los "telares" ahora fabriquen redes neuronales en lugar de telas.