Hawái Combate al Guayabo Fresa, Especie Invasora, con Drones e Insectos

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El guayabo fresa, introducido en Hawái en el siglo XIX como fuente de alimento, se ha transformado en una especie invasora que amenaza el ecosistema local. Su rápida expansión ha llevado a las autoridades hawaianas a buscar soluciones innovadoras. Actualmente, se está combatiendo su proliferación mediante la introducción de un insecto específico y el uso de drones para su diseminación.

Con su fruta de un rojo intenso, sabrosa y abundante, es fácil comprender la satisfacción de los hawaianos al descubrir a principios del siglo XIX que el guayabo fresa (Psidium cattleianum) prosperaba en sus tierras tan bien como en los bosques de Brasil, su lugar de origen. Este fruto dulce fue tan apreciado que se incorporó a la gastronomía de las islas. Sin embargo, surgió un problema: dos siglos después, el guayabo se ha revelado como una especie invasora agresiva que causa serios quebraderos de cabeza a las autoridades de Hawái. La situación es tal que han tenido que recurrir a un aliado inesperado: el T. ovatus.

Aunque algunos sugieren que el guayabo común pudo haber llegado a Hawái a mediados del siglo XVI, los expertos suelen ubicar la llegada del guayabo fresa (Psidium cattleianum) al archipiélago del Pacífico central en una fecha posterior y más precisa: 1825. Se cuenta que la especie se extendió por Hawái con la aprobación de las autoridades, quienes la vieron como un recurso para alimentar a la población con sus guayabas rojizas, carnosas y sabrosas. Sea cierto o no, lo innegable es que los frutales se adaptaron sorprendentemente bien a las islas, colonizando miles de hectáreas y convirtiéndose en una parte integral del paisaje hawaiano.

La adaptación fue excepcional. Aunque el Psidium cattleianum es nativo del sureste de Brasil y sus bosques atlánticos, se aclimató sin dificultad al ecosistema de Hawái. Julie S. Denslow, de la Universidad de Tulane, y sus colegas, destacan en un artículo que analiza la invasión del guayabo fresa en el archipiélago: "Es especialmente notable su capacidad para invadir selvas tropicales en islas oceánicas". De hecho, la especie no solo ha alcanzado Hawái, sino que también ha echado raíces en Mauricio, las Seychelles y Ogasawara, entre otras islas.

El problema no radica solo en la expansión del guayabo por Hawái, sino en la sorprendente velocidad y la alteración del ecosistema que provocó a su paso. En el archipiélago, se amoldó tan bien al clima que los expertos señalaron en 2021 que se consideraba "la segunda especie más abundante" en las islas, donde se podían encontrar ejemplares de Psidium cattleianum desde el nivel del mar hasta los 1.500 metros de altitud, además de en zonas con registros de precipitaciones muy diversos. Su rápida propagación y el impacto que genera han llevado a la UICN a clasificarla como una de las 100 peores especies invasoras del mundo.

Es comprensible. El guayabo crea masas forestales que impiden el crecimiento de otras plantas, favorecen la erosión del suelo y dificultan la recarga de los acuíferos. Todo esto, según explica el Big Island Invasive Species Committee (BIISC), se traduce en una degradación del ecosistema y un perjuicio para el hábitat de la fauna nativa.

La Universidad de Hawái investigó cómo el Psidium cattleianum afecta las cuencas hidrográficas del archipiélago y encontró un dato preocupante: los bosques infestados con estos árboles pierden un 27% más de agua que los bosques nativos de 'Ōhi'a lehua, el árbol autóctono hawaiano más común. Además, la Oficina de Agricultura de USA (USDA) advierte que, al caer, la pulpa de la fruta se convierte en un foco para las moscas de la fruta orientales (Bactrocera dorsalis), una plaga para los cultivos, ya que ataca a más de cuatrocientos tipos de frutas y verduras.

Con estos datos, es más fácil entender por qué las autoridades hawaianas llevan años buscando la forma de controlar el Psidium cattleianum. En 2011, el USDA ya informaba que los científicos del Servicio Forestal de EE. UU. llevaban 15 años investigando y buscando posibles soluciones. No es una tarea sencilla, ya que el guayabo se expande rápidamente gracias a los animales que consumen su fruta, y cortarlo no es muy efectivo, ya que lo más probable es que rebrote con más vigor. "Es necesario tomar medidas", insistía en 2011 Russell S. Kokubun, del Departamento de Agricultura de Hawái. "El bosque nativo no puede protegerse del guayabo fresa invasor. Y aunque la mayoría de la gente no percibe la gravedad de la situación, los mapas topográficos reflejan el daño masivo que ya han sufrido los bosques a causa de esta planta invasora. Preservar el ecosistema del bosque nativo es fundamental para proteger recursos únicos para el futuro."

Se han planteado diversas soluciones, como fomentar el consumo de carne de cerdo local, un animal clave en la dispersión de las semillas de la planta. Sin embargo, la propuesta más sólida tiene otro protagonista: el Tectococcus ovatus, una cochinilla originaria de Brasil que controla el guayabo fresa de forma natural. Este insecto no erradicará los árboles, pero ayuda a contener su expansión sin dañar otras plantas, insectos o animales. "Seguirá habiendo muchos guayabos fresa. Ralentizar su reproducción y su capacidad invasora ayudará a restablecer el equilibrio a favor de las plantas nativas, como el 'ohia", afirmaba en 2011 Tracy Johnson, del Servicio Forestal de EE. UU. Este método ha sido estudiado a fondo, aunque con resultados no siempre alentadores: en 2024, Denslow y sus colegas explicaron que durante su estudio (2005-2020), el impacto del Tectococcus había sido limitado.

En su lucha contra el guayabo, las autoridades hawaianas no solo han recurrido a la cochinilla T. ovatus. Hace un año, John P. Roche explicó en Entomology Today que los investigadores han descubierto una forma peculiar de facilitar la propagación del insecto: diseminarlo con ayuda de drones. Los científicos comprobaron que, gracias al uso de pequeños vehículos teledirigidos, podían avanzar mucho más rápido, aunque su tasa de éxito era ligeramente menor que cuando se usaban pértigas: en lugar del 97,6% del método tradicional, más lento, se alcanzó un 86,6%. El insecto no llega a matar la planta, pero sí genera unas agallas en sus hojas y sirve como un sistema de control natural.