Francia ha decidido poner fin a su ambicioso proyecto de reintroducción del urogallo en el macizo de los Vosgos, a pesar del reciente nacimiento de cuatro pollos. La alta mortalidad de las aves y la preocupación por el cambio climático han llevado a esta decisión. Mientras tanto, España enfrenta retos parecidos con su propia población de urogallos, una subespecie en grave peligro de extinción, que la obliga a perseverar en proyectos de conservación.
A mediados de junio de 2026, nacieron cuatro pollos en el macizo de los Vosgos, en el noreste de Francia. La madre era una urogallo llegada de Noruega un par de años antes y, a primera vista, podría haber parecido una historia de éxito, ya que eran las primeras crías en esa zona desde 2019. Sin embargo, dos meses después, París canceló el ambicioso proyecto del urogallo en el noreste. ¿La razón? Precisamente ese nacimiento era lo único que había salido mal. Y mientras Francia se rinde, España mantiene un proyecto similar, pues no le queda otra opción.
El 25 de agosto, el Ministerio de Transición Ecológica de Francia argumentó que la mortalidad de las aves y la "evolución de la habitabilidad del macizo de los Vosgos a medio y largo plazo frente al cambio climático" hacían inviable el programa de reintroducción del urogallo en la difusa frontera entre Alsacia y Lorena. Al día siguiente, explicaron que ya no habría más translocaciones y que lo único que se haría sería monitorizar a las aves que aún quedan en los bosques.
Antes se mencionó "reintroducción", pero en realidad el programa nunca se presentó como tal; era más bien un "refuerzo". Hacia 2023, se constató que solo quedaban cinco o seis urogallos en todo el macizo y se planificó la liberación de unas 200 aves en cinco años. El problema es que de las 16 que se introdujeron entre 2024 y 2025, 13 han muerto y otras tres están desaparecidas. De las 17 de este año, se sabe que tres ya han fallecido. Todo parece indicar que la marta, un mustélido carnívoro y ágil, es su principal depredador, causando el 85% de las muertes. Y contra eso, poco se puede hacer.
Sobre todo, porque la efectividad de este tipo de programas está muy discutida. Ya en 2000, una revisión analizó 30 proyectos (con más de 5.500 aves introducidas) y descubrió que ninguno había logrado establecer una población viable. Es cierto que el estudio, a diferencia del proyecto francés, analizaba casos de aves criadas en cautividad, pero la pregunta en París fue: "¿Qué sentido tiene seguir apostando por una vía endeble cuando tenemos un depredador tremendamente efectivo que no podemos controlar?".
En España, se están experimentando problemas muy similares. 180 días después de liberar 29 urogallos cantábricos en el Alto Sil, solo quedaba uno. Fue en España donde se descubrió lo más elemental: retirar mesodepredadores (zorros, martas y compañía) duplicó el éxito reproductor. El problema es que esto es más fácil de decir que de hacer.
¿Y por qué todo esto interesa especialmente a España? Porque urogallos como los de los Vosgos son numerosos; la especie no necesita vivir en ese macizo para tener asegurado su futuro, ya que hay cientos de miles en Escandinavia. Por el contrario, de urogallos cantábricos solo hay 209 (mientras que en los años 80 quedaban unos 1200). Si no se logra hacer algo y lo que se hace parece poco efectivo, el futuro de esta subespecie ya está escrito.