La creciente demanda eléctrica global ha revitalizado el interés por la energía nuclear. Sin embargo, un informe de la NEA y el OIEA revela una contradicción: aunque el planeta posee uranio suficiente para las necesidades futuras, la infraestructura actual para extraerlo es deficiente. Esta situación plantea un desafío significativo para asegurar el suministro de combustible nuclear a largo plazo.
El incremento en la demanda eléctrica a nivel mundial está reposicionando la energía nuclear como un tema central en la agenda global. A pesar de ello, un informe conjunto de la Agencia de Energía Nuclear de la OCDE (NEA) y el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) expone una curiosa paradoja: parece haber una cantidad adecuada de uranio en el mundo, pero carecemos de los medios suficientes para su extracción.
¿Por qué se reactiva el interés por la energía nuclear? En los próximos años, se anticipa un aumento en la demanda eléctrica global. Para el presente año, la Agencia Internacional de la Energía (IEA) ha proyectado un crecimiento del 3,6%; para 2027, esta cifra subirá al 3,8%, alcanzando los 30.700 TWh. Factores como la necesidad de refrigeración durante las olas de calor, el auge de los vehículos eléctricos, el desarrollo de tecnologías avanzadas como los centros de datos de inteligencia artificial, las tensiones geopolíticas y sus repercusiones, así como el crecimiento de la industria global (con China igualando el consumo eléctrico de la Unión Europea), son algunas de las razones que explican este período de auge para la energía nuclear, al que incluso Europa se ha adaptado, al menos parcialmente.
La buena noticia: hay recursos de sobra. Ante este considerable aumento en el consumo eléctrico mundial, según el informe Uranium 2026: Resources, Production and Demand, elaborado por la NEA y el OIEA, nuestro planeta dispone de uranio para satisfacer incluso las proyecciones más ambiciosas de expansión nuclear contempladas en el documento. Este “libro rojo”, como se le conoce, indica que los recursos identificados y recuperables de uranio a un costo inferior a 260 dólares/kgU superan los 8,1 millones de toneladas, lo que representa un aumento del 2,1% respecto a la edición anterior. Si se aplica un límite de costo más bajo, como, por ejemplo, menos de 130 dólares/kgU, los recursos se mantienen estables, en torno a 5,9 millones de toneladas. De acuerdo con el informe, esta base nuclear sería más que suficiente para cubrir hasta el escenario de expansión más optimista hasta el año 2050.
La demanda crece y las previsiones también. La capacidad nuclear global, que según las últimas mediciones del estudio, en 2025 se situaba en 398 gigavatios eléctricos (GWe), podría alcanzar a mediados de siglo 565 GWe en los escenarios más conservadores y hasta 916 GWe en los más optimistas. De concretarse, la demanda anual de uranio pasaría de las 64.500 toneladas actuales a entre 84.800 y 143.900 toneladas en 2050.
La mala noticia: no es un fallo geológico, sino de infraestructura. Tener uranio bajo tierra no implica que podamos utilizarlo. Estos recursos deben transformarse primero en producción minera, y ahí radica el problema que señala el informe: no hay suficientes minas en operación o en desarrollo para acompañar el crecimiento anticipado de la demanda. Para cubrir ese escenario de fuerte expansión nuclear, sería necesaria una «inversión oportuna, sustancial y sostenida», según lo indicado por el OIEA. Sin embargo, los plazos para el desarrollo de proyectos de extracción de uranio son extremadamente largos, variando entre 15 y 20 años, debido principalmente a la dificultad para identificar este recurso y a las limitaciones para obtener permisos e impulsar nuevas iniciativas.
La industria ya ha comenzado a actuar. Después de años de cierres temporales, proyectos paralizados y precios bajos, el sector minero de este recurso empieza a reactivarse. Entre 2023 y 2024, la inversión global en exploración y desarrollo de uranio alcanzó los 1.900 millones de dólares, un 46% más que en el bienio anterior. Este aumento coincide con el buen momento del precio del uranio en los mercados internacionales, con un valor que en el verano de 2026 rondaba los 90 dólares por libra. También se observa un incremento en la producción global, que en 2024 alcanzó las 61.925 toneladas de uranio, en comparación con las 47.371 toneladas de 2021. Esto se debe, principalmente, a la recuperación de la producción de minas existentes como las de McArthur River y Key Lake en Canadá, y a la reapertura de instalaciones en Namibia y Australia.
¿Y España? España es uno de los ejemplos más claros de lo que indica el informe. Nuestro país posee recursos de uranio, pero no los produce. El estudio estima 34.350 toneladas identificadas en España, concentradas principalmente en Salamanca. Los proyectos de Retortillo, Zona 7 y Alameda podrían generar una producción significativa, pero no han logrado convertirse en minas operativas, en gran parte debido a los obstáculos administrativos y regulatorios que han enfrentado. En cuanto a energía nuclear, España cuenta con siete reactores operativos que requieren entre 900 y 1.550 toneladas de uranio anuales para su abastecimiento. Por el momento, ya que, de acuerdo con el Ministerio para la Transición Ecológica, los planes contemplan un cese progresivo de nuestro parque nuclear hasta el año 2035.