Cuando se busca iniciar una rutina de ejercicio sin la presión de un gimnasio o el agotamiento del running intenso, el 'slow jogging' emerge como una alternativa cada vez más recomendada. Esta práctica, que implica correr a un ritmo relajado que permite conversar, ofrece significativos beneficios tanto físicos como mentales, siendo ideal para quienes buscan una introducción suave al ejercicio o para atletas que desean mejorar su base aeróbica.
A menudo, al decidir integrar el ejercicio físico en nuestras vidas, la incertidumbre sobre cómo empezar puede ser un obstáculo. Es posible que la idea de un gimnasio no sea atractiva, que correr a un ritmo elevado resulte intimidante, o que los paseos habituales se perciban como insuficientes. Sin embargo, es crucial recordar que cualquier actividad física es preferible a la inactividad. Si el objetivo es incrementar ligeramente la intensidad, especialmente para principiantes, la creciente recomendación de expertos es probar el 'slow jogging', que se traduce como correr lento.
El concepto de correr lento, o slow jogging, ha ganado popularidad en redes sociales, pero su origen es científico. Fue propuesto inicialmente por el investigador Hiroaki Tanaka, un especialista en ejercicio físico, quien lo denominó correr a ritmo de “niko-niko” o “sonrisa”. Esta denominación se debe a que la métrica clave para mantener el ritmo adecuado al correr lento es la capacidad de sostener una conversación y, por supuesto, sonreír. Aunque pueda parecer poco exigente, esta modalidad ofrece una multitud de beneficios.
En cuanto a la perspectiva científica, Stephen Garland, profesor de fisiología del deporte en la Universidad de Malmo, ha señalado en The Conversation que, si bien la investigación específica sobre el slow jogging es limitada, existe una base sólida de estudios que respaldan los beneficios de las actividades aeróbicas de baja y moderada intensidad. Estas actividades contribuyen a la mejora de la salud física y mental, además de la forma física general. Esto se debe a que el acto de correr lentamente proporciona un estímulo relevante para el sistema cardiovascular, con todas las ventajas asociadas.
Es fundamental comprender que los mayores beneficios para la salud se obtienen al pasar de un estado de sedentarismo total a la realización de alguna actividad física. En este punto, el slow jogging se presenta como un excelente aliado.
Esta práctica es muy beneficiosa tanto para principiantes como para personas más experimentadas. Correr lento es ideal para quienes desean iniciarse en el ejercicio sin la necesidad de inscribirse en un gimnasio. Al ser una actividad sencilla, es más probable que se mantenga a lo largo del tiempo, ya que reduce el riesgo de abandono debido al cansancio extremo inicial. Garland enfatiza que la facilidad de esta rutina no implica ineficacia; de hecho, es una manera efectiva para que los principiantes cumplan con los 150-300 minutos semanales de ejercicio físico recomendados por la OMS.
Además, el slow jogging puede ser útil para atletas con mayor experiencia. Los deportistas de resistencia pueden utilizarlo para practicar lo que se conoce como ritmo de zona 2, un nivel de carrera que eleva la frecuencia cardíaca lo suficiente para desarrollar una mejor base aeróbica sin requerir un esfuerzo extenuante.
El slow jogging también aporta considerables beneficios a la salud mental. No solo el ejercicio en sí contribuye a la liberación de endorfinas, sino que esta modalidad facilita la socialización. Se puede correr lentamente mientras se conversa con otras personas. En un estilo de vida moderno donde el tiempo para interactuar fuera del ámbito laboral o familiar es limitado, estas actividades ofrecen una oportunidad valiosa para socializar mientras se invierte en el bienestar personal. No es de extrañar que cada vez más personas se sumen a esta tendencia. Si la pereza es un obstáculo para comenzar a hacer ejercicio, el slow jogging es una opción que vale la pena considerar.