Arabia Saudí, el mayor exportador de petróleo del mundo, ha comenzado a cancelar envíos de crudo a Europa debido a las reparaciones de su oleoducto estratégico, atacado recientemente por fuerzas hutíes. Esta interrupción, sumada a otros problemas de producción global, ha generado un aumento significativo en los precios del barril y en las tarifas de transporte, planteando un escenario de inestabilidad para el mercado energético mundial.
Hace solo unos días se reportó que fuerzas hutíes habían atacado con drones el oleoducto estratégico que atraviesa Arabia Saudí, y sus consecuencias han sido inmediatas. Con esta infraestructura en reparación, el mayor exportador de petróleo del mundo enfrenta dificultades para llevar al mercado parte de su producción a través de las rutas habituales. Los efectos están siendo considerables, con subidas del barril de crudo que podrían superar la barrera de los 150 dólares en algunos escenarios.
Tras el ataque hutí al oleoducto Este-Oeste, que transportaba aproximadamente 7 millones de barriles diarios, Arabia Saudí ha informado a sus clientes europeos de que se cancelarán algunos cargamentos de crudo previstos para este mes, según reporta Reuters. La interrupción podría prolongarse durante las reparaciones, que algunas fuentes estiman que podrían durar varias semanas. Sin embargo, el secretario de Energía de EE.UU., Chris Wright, ha ofrecido una previsión más optimista, asegurando que el oleoducto podría volver a estar operativo en cuestión de días, según recoge El Economista.
El anuncio de esta decisión ya ha tenido impacto en los mercados. Si Arabia Saudí restringe sus exportaciones a Europa, los precios pueden verse afectados. Así lo demostró la jornada del 15 de septiembre, cuando el precio del barril de Omán alcanzó los 150 dólares. Esta es una referencia especialmente relevante en este contexto porque su ruta no depende de atravesar el estrecho de Ormuz ni Bab el-Mandeb (controlados por Irán y por los hutíes, respectivamente), dos de los principales puntos críticos de la región.
Algunos especialistas advierten que, si la tensión se mantiene, la subida podría extenderse al resto de las referencias de crudo y llevarlas también a máximos históricos. Como explica Cinco Días, la barrera de los 150 dólares es la última frontera y el escenario más extremo para un mercado energético que, aunque ya resentido, todavía podría empeorar aún más. Según declara al diario económico Jorge León, jefe de análisis de la consultora energética Rystad, el precio no puede subir más porque, sencillamente, se destruiría la demanda. Si esto ocurre, el resto del mundo no podría comprar más petróleo, y tendría que racionar sus reservas y obligar a realizar cortes en el suministro, con las consecuencias fatales que eso podría conllevar.
El problema no radica solo en el precio del barril. Otra de las consecuencias derivadas de esta compleja situación es el fuerte aumento en las tarifas de transporte. La disponibilidad de petroleros se ha reducido mientras aumenta el riesgo asociado a las rutas marítimas de Oriente Medio, donde los ataques a buques mercantes son muy habituales. La diferencia es enorme: la semana pasada, las tarifas de fletamento de petroleros alcanzaron el millón de dólares al día, según apunta el portal XTB. Hace tan solo un año, el coste de alquilar uno de estos buques era de menos de 100.000 dólares.
Todo esto ocurre a pesar de los esfuerzos y las medidas que países como EE.UU. están implementando para retomar el paso por Ormuz, ahora que el oleoducto que evitaba esta ruta se encuentra fuera de juego, como explica XTB. Por ejemplo, la Marina estadounidense ha escoltado numerosos buques mercantes en el territorio marítimo de la zona de Omán, a menudo con sus señales de seguimiento apagadas para evitar ser detectados, según Reuters. Aun así, los volúmenes diarios de cargamento siguen siendo muy volátiles.
A las reparaciones del oleoducto saudí se le suma la interrupción de otros yacimientos que están provocando una situación de estrangulamiento en el resto del mundo. Por un lado, la escalada de la crisis en Libia ha llevado a la compañía estatal National Oil Corporation a suspender temporalmente los trabajos en varios yacimientos petroleros, entre los que se encuentran Hamada y Al-Tahara, después de que la Guardia de Instalaciones Petroleras cerrara una válvula en el principal oleoducto como medida de protesta. Por otro lado, Kazajistán también atraviesa problemas de producción. Esta potencia energética clave tiene a su industria petrolera actualmente en tareas de mantenimiento. Los trabajos operativos en los yacimientos de Karachaganak han reducido las previsiones en la producción nacional en un 8,4%, en un momento que resulta clave para el mercado petrolero.