La misión Hayabusa 2 de Japón contribuye a la defensa planetaria explorando asteroides tras su misión principal

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Mientras la misión DART de la NASA y Hera de la ESA acaparan la atención en defensa planetaria, la misión japonesa Hayabusa 2 ha redefinido su propósito tras recolectar muestras del asteroide Ryugu. Ahora, la sonda se dedica a estudiar otros asteroides cercanos, recopilando datos cruciales que podrían ser vitales para la protección de la Tierra ante futuras amenazas espaciales. Esta fase extendida de la misión ofrece información valiosa sobre la caracterización y detección de objetos celestes.

Se ha discutido extensamente el rol de la misión DART de la NASA en la experimentación de técnicas de defensa planetaria. No obstante, otras organizaciones, con menor visibilidad, han emprendido iniciativas similares. Un ejemplo es la Agencia Espacial Europea (ESA) con su misión Hera. Ahora, Japón se suma a esta lista con una misión que, originalmente, fue concebida con un propósito diferente. Tras concluir la recolección de muestras del asteroide Ryugu, la misión japonesa Hayabusa 2 ha iniciado un viaje hacia otros asteroides próximos, realizando tareas que resultarán de gran utilidad si en algún momento necesitamos defendernos de un asteroide cercano a la Tierra.

Hayabusa 2 finalizó la recolección de muestras del asteroide Ryugu en diciembre de 2020. En teoría, su misión concluía en ese punto. Sin embargo, una vez que las muestras llegaron a salvo a la Tierra, la Agencia de Exploración Aeroespacial de Japón (JAXA) anunció la selección de un nuevo asteroide para que Hayabusa 2 continuara sus operaciones. Así, la sonda se dirigió hacia Torifune, logrando su mayor aproximación el 5 de julio de 2026. Durante este encuentro, aprovechó para medir la distancia al asteroide utilizando LiDAR, una técnica que implica emitir un haz de rayos láser sobre la superficie de un objeto y, a través del análisis de su reflexión, calcular tanto su tamaño como la distancia precisa a la que se encuentra. Nunca antes se había realizado una acción de este tipo con un asteroide en el espacio. Este logro ha sido de gran utilidad, ya que calcular distancias en el espacio es extremadamente complejo. En ocasiones, debido a la ausencia de atmósfera, resulta difícil distinguir un objeto pequeño cercano de uno más grande y lejano. Para determinar si un asteroide representa un riesgo real para la Tierra, la capacidad de calcular distancias y tamaños con tal precisión constituye un hito significativo.

Hayabusa 2 impactó con el láser sobre Torifune en dos ocasiones a distintas distancias. Aunque los científicos de JAXA aún tienen trabajo por delante para localizar el lugar del impacto, la nave ha proseguido su trayecto hacia otro destino: el asteroide 1998 KY26. Este asteroide es particularmente peculiar, lo que lo convierte en un objetivo de gran interés. En 2024 se descubrió que es más pequeño de lo que se estimaba, con solo 11 metros de diámetro. Además, rota el doble de rápido de lo previsto y es considerablemente más brillante de lo que se creía.

Los científicos que investigaron este asteroide en 2024 lo hicieron con varios telescopios ópticos terrestres de gran tamaño, distribuidos en diferentes continentes. Entre ellos se encontraban, por ejemplo, el VLT, el Gran Telescopio de Canarias y el Gemini South Telescope. Lógicamente, por muy potentes que sean estos telescopios, no es igual de eficaz estudiar el asteroide mediante un gran acercamiento, como el que realizará Hayabusa 2. Por ello, la nave japonesa ayudará a estudiar este enigmático asteroide como nadie lo ha hecho. Sin embargo, eso no es lo más interesante. Lo mejor es que se trata de un objeto de rotación rápida. Un asteroide muy pequeño que gira muy deprisa. En caso de impacto con la Tierra, son los asteroides más difíciles de detectar y caracterizar. Por eso, un acercamiento con Hayabusa 2 puede proporcionar información que, de nuevo, será muy útil para avanzar en la investigación en defensa planetaria.

Se estima que Hayabusa 2 llegará a su tercer destino en julio de 2031. Allí comenzará un encuentro de aproximadamente un año en el que se estudiarán la superficie y el regolito del asteroide. Además, es posible que se intente realizar un aterrizaje, similar al que efectuó en su momento con Ryugu, para liberar polvo y recoger muestras. Sin duda, la nave japonesa no está lista para retirarse. Le queda mucho trabajo por delante.