El café, un componente esencial del ritual matutino para muchos, ha sido objeto de debate por sus supuestos efectos negativos en la salud. Sin embargo, la ciencia moderna desmiente estas afirmaciones, revelando que el café no solo es inocuo para la microbiota intestinal, sino que incluso aporta beneficios significativos, actuando de forma similar a los prebióticos y mejorando la salud digestiva.
Para muchas personas, la mañana no comienza hasta que disfrutan de su primer café. Esta bebida se ha integrado en el ritual matutino, pero no ha estado exenta de controversia, ya que es común escuchar que su consumo es perjudicial debido a la cafeína o a problemas gastrointestinales que supuestamente genera.
En los últimos años, la colonia de bacterias que reside en nuestro organismo, conocida como microbiota, ha ganado protagonismo en la medicina y la opinión pública. Se sabe que aporta numerosos beneficios en el día a día y que su cuidado debería ser una prioridad.
En este contexto, se han categorizado muchos alimentos como perjudiciales para nuestra microbiota, siendo el café uno de ellos. No obstante, la realidad es que, lejos de ser dañino, el café ofrece múltiples beneficios para la salud de nuestra microbiota.
Para comprender el impacto del café en el organismo al consumirlo a primera hora, es fundamental observar la fisiología del tracto digestivo. Normalmente, este entorno es extremadamente ácido, con un pH cercano a 2.5, diseñado para la digestión y la protección contra patógenos que puedan ingresar por el esófago.
El café, con un pH aproximado de 5 (similar al de un tomate o una sandía, que también son ligeramente ácidos), llega a este entorno. Por lo tanto, su llegada a un estómago vacío no provoca una alteración ácida extraordinaria ni modifica drásticamente el entorno gástrico, y tampoco aumenta la permeabilidad intestinal. De hecho, la investigación sugiere que los polifenoles presentes en la bebida contribuyen a reparar y mantener la integridad de la barrera intestinal.
Una vez desmentido el mito de que el café altera el pH estomacal, es importante hacer una salvedad: se debe tener precaución cuando existe un daño previo en la mucosa del estómago, como en casos de gastritis aguda o úlcera. En estas situaciones, los compuestos amargos del café podrían irritar temporalmente una barrera ya debilitada.
Sin embargo, esto se trata de un problema mecánico de motilidad y sensibilidad gástrica, no de un daño intrínseco al microbioma.
Contrario a la creencia popular, diversos estudios internacionales han demostrado que un consumo controlado de hasta tres tazas diarias de café no produce un "daño" o alteración negativa en el ecosistema bacteriano. Por el contrario, se observa un comportamiento similar al de los prebióticos, es decir, refuerzan nuestra microbiota.
Esto tiene sentido, ya que el café contiene ácidos fenólicos, como el ácido clorogénico, y melanoidinas. Estos compuestos tienen la función de estimular el crecimiento de bacterias consideradas 'positivas' para nosotros. Por ejemplo, un estudio de 2024 encontró específicamente que el consumo habitual de café aumentó hasta ocho veces la concentración de Lawsonibacter asaccharolyticus.
Además de esta bacteria, también se ha documentado un incremento sistémico de géneros como Bifidobacterium, Lactobacillus y Faecalibacterium. Estas son fundamentales en la fermentación de sustratos y en la producción de ácidos grasos de cadena corta, como el butirato, esenciales para reducir la inflamación sistémica y nutrir las células del colon.
Dejando de lado las bacterias que se benefician del consumo habitual de café, otro punto muy importante es su efecto sobre nuestras hormonas. Es cierto que la cafeína puede elevar ligeramente la secreción de cortisol, la hormona del estrés, pero esto solo se ha observado en personas no acostumbradas a tomar café. En consumidores crónicos, los niveles basales de esta hormona no se alteran de forma relevante.
A nivel celular y genético, la literatura científica moderna también descarta la idea de daño inmunitario. De hecho, recientemente se ha observado que los perfiles metabólicos de los bebedores de café experimentan cambios protectores, con un efecto hepatoprotector, como una mayor resistencia frente al desarrollo de la enfermedad del hígado graso, así como una menor lipoperoxidación general.