Ante la creciente desconfianza europea hacia Palantir, la enigmática empresa de software de Silicon Valley, un nuevo actor francés, ChapsVision, está ganando terreno. Varios países europeos, incluyendo Francia y Alemania, están optando por sus soluciones de inteligencia artificial y análisis de datos. Este cambio refleja una búsqueda de soberanía tecnológica y transparencia, aunque ChapsVision enfrenta el desafío de competir con el gigante estadounidense.
Palantir, una de las empresas de software más reservadas de Silicon Valley, fundada en 2004 por Peter Thiel y Alex Karp, reporta un buen momento financiero. Sin embargo, no genera la misma simpatía y confianza en una Europa que busca reforzar su soberanía en múltiples frentes. En este contexto, un grupo de software menos conocido, ChapsVision, está captando clientes en el continente.
ChapsVision es una empresa francesa con sede en París, especializada en software de inteligencia artificial y análisis de datos. Su enfoque principal es desarrollar plataformas para procesar y explotar grandes volúmenes de información. Esto se materializa en agentes de IA y dos productos clave: Sinequa, que centraliza contenido empresarial y ofrece información impulsada por IA generativa (utilizado por compañías como Airbus, AstraZeneca, L'Oréal y Pfizer), y ArgonOS, un software diseñado para transformar datos complejos y acelerar la toma de decisiones en servicios de inteligencia, siendo este último el de mayor interés para los gobiernos europeos.
La desconfianza hacia Palantir ha crecido en varios países europeos en los últimos meses. Las recurrentes amenazas de Donald Trump a la OTAN y a los países europeos han contribuido a que un empresario tan cercano a la órbita trumpista como Thiel no genere la confianza necesaria para que el software de su empresa sea instalado en organismos de defensa europeos. Este año, Alemania rechazó a Palantir para su nube militar y, en mayo, seleccionó ArgonOS de ChapsVision para su servicio de inteligencia interior. Apenas un mes después, Francia también actuó. Seis meses después de que la Dirección General de Seguridad Interior (DGSI) renovara su acuerdo con Palantir por tres años más, anunció que dejaría de usar sus herramientas para adoptar las de ChapsVision.
Otros países también están buscando desvincularse de la empresa estadounidense, como Dinamarca y Países Bajos. Suiza ha rechazado el software de Palantir, y en el Reino Unido existe una división entre los acuerdos nacionales y el rechazo del alcalde de Londres a que la policía metropolitana lo utilice.
Frente al hermetismo de Palantir, ChapsVision se posiciona como una empresa más transparente y abierta. Silvano Sansoni, director general del grupo, ha declarado a Financial Times que ChapsVision no busca ser una "caja negra", afirmando que su código, arquitectura y algoritmos son transparentes. Además, su modelo de negocio se diferencia en que no exige la dependencia a largo plazo de ingenieros integrados en las instalaciones del cliente, una práctica que caracteriza a Palantir. Sansoni asegura que su objetivo es transferir capacidades y avanzar al siguiente proyecto, en lugar de permanecer décadas dentro de las organizaciones. Esta práctica de Palantir ha generado recelo en clientes de la OTAN, donde el personal de Palantir es quien opera sobre los datos, lo que llevó a Alemania a considerar "inimaginable" que Palantir fuera el cerebro de algunos de sus sistemas militares.
No obstante, existe una gran diferencia económica entre ambas empresas. Palantir factura aproximadamente 4.500 millones de dólares anuales y tiene una capitalización cercana a los 420.000 millones, mientras que ChapsVision apenas factura 200 millones al año. Aunque el dinero no garantiza la superioridad, sí confiere una mayor capacidad para realizar inversiones significativas. Sansoni reconoce la importancia de la "humildad" frente a un rival tan grande, pero sostiene que su empresa puede posicionarse donde Palantir es menos eficaz. En Francia, existen dudas sobre si ChapsVision puede ser una alternativa real, y el calendario oficial indica las dificultades de una transición de este tipo en un momento geopolíticamente tenso. Se estima que la migración podría durar hasta dos años, mientras se amplía la capacidad de computación y se forma a los funcionarios. Esto se suma a un historial de proyectos estatales con adopción limitada.
Finalmente, el caso ChapsVision-Palantir es un reflejo de una tendencia más amplia: la búsqueda de Europa de alternativas a la tecnología clave estadounidense. Esto se observa en aspectos menores (como Linux en lugar de Windows o Euro-Office en lugar de Office 365), pero también en cuestiones decisivas como inteligencia, defensa, tecnología y espacio. Este año, la Comisión Europea presentó su Paquete de Soberanía Tecnológica, que insta a los países a desarrollar centros de datos para modelos propios y fundiciones para producir sus propios chips. También busca reducir la dependencia de Starlink en la constelación de comunicaciones y fortalecer la presencia espacial europea mediante desarrollos propios. Esto debería ser factible, dada la existencia de la ESA y múltiples startups aeroespaciales, así como empresas como ASML e IMEC para fabricar las máquinas esenciales para chips. Sin embargo, el desafío radica en la capacidad de unirse con un objetivo común en un marco donde cada país enfrenta sus propias dificultades. Es evidente que Europa ha dependido tecnológicamente de Estados Unidos durante años, una dependencia que ha pasado de ser conveniente a convertirse en un riesgo geopolítico. En este escenario, ChapsVision emerge como una opción, pero solo el tiempo dirá si su impacto se materializa. Sansoni afirma que el producto está listo, pero la decisión final de su implementación recae en el cliente.