Las baterías de vehículos eléctricos que ya no son óptimas para coches aún conservan una considerable capacidad de almacenamiento. Un informe de la Fundación Asturiana de la Energía (FAEN) propone darles una segunda vida como sistemas estacionarios de almacenamiento de energía, especialmente para fuentes renovables. Esta estrategia no solo optimiza el ciclo de vida de las baterías, sino que también ofrece una oportunidad económica y ambiental para regiones como Asturias, donde el despliegue de energías limpias es una prioridad.
Una batería puede haber dejado de ser suficientemente eficiente para un coche eléctrico, pero aún posee una considerable utilidad. El informe de la Fundación Asturiana de la Energía (FAEN), titulado "Recuperación de materiales estratégicos de las baterías dentro del sector Automovilístico: Modelos de economía circular y su implementación en Asturias", explora la interesante posibilidad de otorgar una segunda vida a estas baterías, transformándolas en sistemas estacionarios para el almacenamiento de energía, preferiblemente proveniente de fuentes renovables.
Este mercado está en auge. Según el último Global EV Outlook 2026 de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), se prevé la venta de 23 millones de vehículos eléctricos en 2026. Esta cifra, que hace pocos años parecía lejana, hoy se percibe como natural, impulsada por la fluctuación de los precios de los combustibles y una creciente conciencia medioambiental. El mismo documento indica que esto conllevará un crecimiento de la producción de baterías de hasta cuatro veces para 2030, generando una intensa competencia por el acceso a minerales críticos como el litio, el cobalto y el níquel. No obstante, el acceso a estos componentes se está volviendo cada vez más complejo, tanto a nivel operativo como geopolítico, lo que subraya la importancia de optimizar el ciclo de vida de las baterías y evitar su descarte prematuro.
El informe de FAEN explica que se asume que la batería de un vehículo eléctrico llega al final de su vida útil cuando su capacidad desciende al 70% de la original de fábrica. Aunque para la movilidad esta pérdida de autonomía implica que la batería ya no es funcional y debe ser reemplazada, lo cierto es que sigue siendo muy adecuada para otro tipo de aplicaciones. Este es el caso de los sistemas estacionarios de almacenamiento de energía, que podrían emplearse tanto en entornos residenciales como industriales. Según el informe, estas baterías, aunque ya no sean útiles para el coche eléctrico, pueden seguir almacenando cantidades considerables de energía que se pueden utilizar en diversas situaciones, como para afrontar picos de demanda industrial, complementar instalaciones renovables o, incluso, alimentar la carga de vehículos eléctricos con baterías aptas.
Las energías renovables representan una combinación perfecta. Asturias ya genera electricidad renovable. En mayo de 2026, el estudio contabiliza 24 parques eólicos operativos en Asturias, con una potencia instalada de 698,66 MW. Lo que el estudio plantea es que esta segunda vida de las baterías encajaría a la perfección con el desarrollo de las energías renovables en el Principado. El desafío radica en que producir electricidad cuando el viento sopla o el sol brilla no siempre coincide con el momento en que se necesita. Por ello, las baterías de segunda vida podrían actuar como un componente adicional en la apuesta asturiana por las renovables, almacenando la energía cuando hay excedente para usarla cuando es necesaria.
Asturias, y también España, tienen una ventana de oportunidad. La sostenibilidad no es el único argumento. El informe cita estudios que sugieren que el uso de baterías de segunda vida podría reducir el coste nivelado de la energía en ciertas aplicaciones, con disminuciones que en algunos casos alcanzan hasta el 57%. Según FAEN, esto abriría la puerta a nuevos modelos de actividad económica en una cadena industrial que aún está en desarrollo y que podría adquirir relevancia global. Esto aplica no solo a las baterías aptas para una segunda vida, sino también a aquellas que ya no lo son.
No todas las baterías tendrán una segunda vida. El estudio considera la posibilidad de que algunas baterías estén demasiado degradadas o dañadas, mientras que otras, simplemente, no resultarán rentables de reutilizar. En estos casos, entrarán en juego tecnologías como la hidrometalurgia, la pirometalurgia y la biometalurgia, tres de las vías analizadas por el estudio de FAEN para recuperar los valiosos materiales que componen las baterías.