El cambio climático está provocando un patrón hídrico anómalo en la península ibérica: menos días de lluvia, pero con mayor intensidad. Esta situación genera sequías prolongadas seguidas de inundaciones torrenciales, causando estragos y llevando los caudales de los ríos a oscilaciones extremas. Un mapa interactivo revela la dramática variación entre mínimos históricos y crecidas masivas en pocos meses.
El cambio climático ha instaurado una nueva realidad: la disminución general de las precipitaciones, combinada con lluvias más torrenciales cuando ocurren. Según la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), las zonas mediterráneas de la península y Baleares experimentan un aumento del 19% en la precipitación durante episodios de lluvias intensas en comparación con los años 60. Este patrón se resume en que llueve menos días al año, pero con mayor fuerza, un fenómeno palpable en veranos más secos y diluvios inesperados, como el de finales de agosto. En esencia, los embalses alcanzan mínimos históricos y los ríos se secan, pero cuando el agua llega en abundancia, provoca graves daños.
Esta situación es notoria en el día a día, pero su impacto es aún mayor al observar la península ibérica en su conjunto: los ríos de España y Portugal se secan y desbordan, llegando a multiplicar su caudal hasta 38 veces en pocos meses. Mapped Earth es una herramienta interactiva que ilustra la transformación del caudal de los ríos ibéricos entre 2025 y 2026. La diferencia es asombrosa: al activar la simulación, se observa cómo el caudal pasa de un mínimo de 890 metros cúbicos por segundo a un máximo de 33.600 metros cúbicos por segundo. Aaron Becker, creador del proyecto, utiliza datos de GloFAS (Global Flood Awareness System), el sistema de previsión y reanálisis de caudal fluvial del Servicio de Gestión de Emergencias del satélite europeo Copernicus, que integra reanálisis meteorológicos y modelización hidrológica.
La fluctuación extrema de los ríos ibéricos en los últimos meses es notable. Desde principios de enero de 2025 hasta la actualidad, se destaca una serie de siete borrascas atlánticas concentradas en apenas unas semanas, entre finales de enero y mediados de febrero de este año (22 de enero – 14 de febrero de 2026). AEMET califica esta secuencia como excepcional debido a la persistencia de las precipitaciones y la ausencia de periodos de recuperación entre los episodios. El balance invernal de la agencia la considera el temporal más significativo desde la borrasca Gloria en 2020. La borrasca Leonardo fue el punto culminante, causando graves inundaciones en España y Portugal. El 6 de febrero de 2026, los ríos de la península alcanzaron sus caudales máximos.
Mientras que el 6 de febrero de este año se registraron máximos, el verano de 2025 se caracterizó por mínimos históricos. Según el Ministerio para la Transición Ecológica, el periodo estival de 2025 concluyó con los embalses españoles en descenso (59,3% de capacidad a principios de septiembre) y el sureste peninsular en niveles críticos; el río Segura es un claro ejemplo de esta situación. El 19 de agosto de 2025, la descarga de los ríos ibéricos al mar rozó el mínimo.
Existe una conexión directa entre las lluvias torrenciales y el posterior aumento del caudal de los ríos, pero con una particularidad: cada borrasca consecutiva encuentra un suelo cada vez más saturado. Esto significa que, en lugar de infiltrarse en el terreno, el agua se convierte en escorrentía, arrastrando todo a su paso. Si a esto se añade la orografía ibérica y el clima mediterráneo predominante, se configura el escenario perfecto para desastres, es decir, crecidas rápidas y pronunciadas. Lo preocupante es que este no parece ser un evento aislado; si el patrón descrito por AEMET se confirma, es previsible que estas fluctuaciones de caudal se repitan con mayor frecuencia, lo que exige una reconsideración tanto de la gestión de embalses como de los sistemas de alerta temprana ante crecidas súbitas.