Cambiar de proveedor de internet puede ser un dolor de cabeza cuando se tiene una casa llena de dispositivos domóticos. La necesidad de reconfigurar cada aparato por un cambio de Wi-Fi suele ser un impedimento importante. Sin embargo, existe un truco sencillo para evitar este engorroso proceso y mantener todos los dispositivos conectados sin interrupciones.
A pesar de mi preferencia por controlar los dispositivos del hogar con botones, en los últimos años he acumulado una considerable cantidad de bombillas, enchufes, termostatos, aires acondicionados, robots e incluso una lavadora que se manejan por voz o móvil. Aunque son de diferentes marcas, la mayoría comparte una característica: una vez configurados, si se desea cambiar la red Wi-Fi, es necesario volver a configurarlos como si fueran nuevos. Esto representa un gran inconveniente, ya que los dispositivos ya están personalizados, con los nombres y automatizaciones deseados, y profundamente integrados en la rutina diaria. El cambio implica dedicar una tarde entera a reconectar todo, pues muchas de sus aplicaciones ofrecen amplias opciones de configuración personalizable, excepto la de la conexión Wi-Fi. Esta situación me mantuvo anclado a una compañía y una tarifa que no deseaba por un año entero.
Era pura pereza, una pereza que me impedía cambiar de compañía y mejorar mi conexión a internet. Un día, decidí acabar con la pereza y me propuse cambiar de proveedor, aceptando las posibles complicaciones con la domótica. Fue entonces cuando descubrí que había estado equivocado durante un año al no haber pensado en la solución más obvia: 'hackear' el nuevo router para que emulara al anterior.
En mi hogar, dispongo de dos redes. Por un lado, la del router principal, con su red de 5 GHz para dispositivos específicos y una de 2,4 GHz dedicada a la domótica esencial (cámaras, termostato, etc.). Las bombillas, enchufes y otros elementos están conectados a una red de malla, ya que si falla algún punto de esta, la interrupción de la luz es menos crítica. Sin embargo, las cámaras son prioritarias y por eso están en el router principal, protegido con un SAI. Recientemente, también actualicé la red de malla para aprovechar el Wi-Fi 7 y la nueva velocidad. En un momento de lucidez, que a muchos les parecerá obvio pero a mí no se me había ocurrido, me pregunté: "¿y si cambio el nombre de los nuevos routers para que sean idénticos a los antiguos?".
No perdía nada con intentarlo. Así, al recibir el nuevo router, la red de 5 GHz y la MLO conservaron su nombre predeterminado, pero la red de 2,4 GHz, donde se conectan las cámaras y el termostato, pasó a llamarse igual que la del router anterior. Lo mismo hice con la red de malla. Además del nombre de la red, fue crucial cambiar la contraseña para que coincidiera con la de los routers/malla previos. Utilizo una contraseña segura y monitoreo la red constantemente por precaución, así que no hubo problemas en este aspecto. Pensé que, siendo una idea tan simple, no funcionaría y que existiría algún protocolo o característica del router que impediría la conexión directa de los dispositivos, a pesar de haber modificado el nombre y la contraseña. Me equivoqué.
Una vez realizado el cambio, todos los enchufes, luces y demás dispositivos que antes operaban en la red antigua, comenzaron a funcionar en la nueva sin ningún tipo de inconveniente. Al final, estos dispositivos son bastante simples y se autentican únicamente mediante el SSID y la contraseña, sin verificar la identidad del router o la dirección MAC.
Aunque esta solución pueda parecer trivial, estoy convencido de que muchas personas se encuentran en la misma situación, pensando que no vale la pena cambiar de proveedor de internet debido al engorro de reconfigurar toda la domótica, o que ya han cambiado y se han encontrado con la dificultad de modificar la red de sus bombillas adquiridas a lo largo de los años. Si te identificas con alguno de estos casos, y aunque solo sea a ti a quien esta experiencia pueda ser de utilidad, mi experimento habrá valido la pena.