Ucrania está llevando su experiencia en el uso de drones, adquirida durante cuatro años de conflicto, más allá de sus fronteras. Especialistas ucranianos han sido desplegados en países como Mali, Libia y Sudán, así como en Oriente Medio, con el objetivo de debilitar a Rusia en nuevos escenarios. Esta estrategia busca transformar el conocimiento en vehículos no tripulados en una herramienta de política exterior, enfrentando los intereses de Moscú en diversas regiones.
Durante cuatro años de conflicto, Ucrania ha consolidado los drones como una herramienta fundamental para la localización, vigilancia y ataque de las fuerzas rusas. Esta pericia ahora se está proyectando mucho más allá de sus líneas de batalla. Una investigación revela la presencia de especialistas ucranianos en Mali, Libia y Sudán, además de equipos enviados a Oriente Medio. Esto indica que la confrontación contra Rusia ya no se limita a Ucrania, y el desierto africano emerge como un nuevo escenario donde Kiev busca agotar a Moscú.
El cambio de entorno es significativo. Aproximadamente 15 especialistas ucranianos están desplegados en el norte de Mali, apoyando al Frente de Liberación de Azawad, un grupo de rebeldes tuareg que se oponen a las fuerzas malienses y rusas, según la investigación de CNN. Los ucranianos afirman no participar directamente en el combate en primera línea: su rol es entrenar a los rebeldes, ofrecer asistencia operativa y recibir las señales de sus drones a través de internet para guiar por radio su vuelo y acciones. En esencia, es el conocimiento acumulado durante años de lucha contra Rusia, trasladado a miles de kilómetros de Ucrania.
Para comprender la presencia ucraniana en África, es necesario considerar primero a Moscú. Rusia ha aprovechado la retirada de Francia y otras naciones occidentales del Sahel para expandir su influencia sobre los gobiernos militares de la región, ofreciendo seguridad y apoyo a cambio de recursos, dinero e influencia. Durante años, gran parte de esta labor estuvo a cargo del Grupo Wagner. Tras el fallecimiento de Yevgeny Prigozhin en 2023, Moscú reestructuró parte de esta operación en torno al Africa Corps, directamente vinculado al Estado ruso. En Mali, sus fuerzas se han convertido en un pilar fundamental para la junta militar, lo que permite a Kiev atacar la presencia rusa en la zona y presionar a su adversario sin hacerlo dentro de Rusia o Ucrania.
La principal exportación de Ucrania es su conocimiento. La clave de esta expansión radica en una ventaja que Ucrania ha desarrollado a una escala difícil de emular: experiencia real en una guerra dominada por vehículos no tripulados. Una fuente de la inteligencia militar ucraniana explicó que Kiev está transformando este conocimiento en una herramienta de política exterior. Especialistas ucranianos también estarían presentes en Sudán, mientras que militares de Chad, Níger y Burkina Faso han viajado previamente a Mali para recibir instrucción sobre drones. Cuando Irán atacó a aliados estadounidenses en Oriente Medio este año, Ucrania también envió equipos a al menos cinco países para capacitar a sus fuerzas en el combate contra los drones Shahed iraníes, que los propios ucranianos han enfrentado durante años. A cambio, Kiev ha logrado acuerdos de cooperación en seguridad y promesas de munición.
Trasladar las metodologías ucranianas al Sahel no implica simplemente sacar los mismos drones de sus cajas. Temperaturas que superan los 43 °C, el polvo, la arena y la escasez de agua afectan los filtros, sistemas de refrigeración, la electrónica y las baterías de una manera muy diferente a lo experimentado en Europa oriental. También cambia la naturaleza de la guerra: a diferencia de la intensidad, las posiciones fortificadas y los ataques constantes en Ucrania, en Mali predominan las grandes distancias, las emboscadas, el control de rutas y pequeños grupos que dependen en gran medida del conocimiento del terreno. Para Kiev, África funciona así como un nuevo laboratorio donde adaptar tanto sus equipos como las tácticas que ha estado perfeccionando desde 2022.
El acercamiento ucraniano al Frente de Liberación de Azawad presenta un aspecto delicado. Los propios militares entrevistados por CNN reconocen importantes diferencias culturales e ideológicas con algunos de los rebeldes, pero consideran que, por el momento, comparten un enemigo. Esta relación comenzó a generar atención en 2024, después de que los rebeldes atacaran cerca de Tinzaouaten a fuerzas malienses y de Wagner, y un portavoz de la inteligencia ucraniana afirmara haber recibido “información necesaria” para combatir a los rusos. Mali, Níger y Burkina Faso acusaron posteriormente a Ucrania ante Naciones Unidas de apoyar el terrorismo, mientras Kiev negó una cooperación sustancial. Rusia también ha formulado acusaciones contra Ucrania relacionadas con la violencia en Mali, las cuales Kiev rechaza.
La estrategia no se limita al Sahel. Le Monde reportó la presencia de operadores ucranianos de drones navales en el noroeste de Libia desde finales de 2025, utilizando una base internacional en Misrata como punto de partida para operaciones contra la llamada flota en la sombra, vinculada a las exportaciones petroleras rusas. Una de estas armas proporcionó una pista inesperada sobre la operación cuando pescadores hallaron cerca de la isla griega de Lefkada un dron naval ucraniano cargado con explosivos que se había descontrolado. Según un militar ucraniano, sus unidades también entrenan a fuerzas locales. Si este alcance se confirma plenamente, el patrón se repite: Kiev intercambia experiencia militar por cooperación, mientras intenta golpear los intereses que permiten a Moscú mantener su influencia y financiar la guerra.
Los contingentes descritos son reducidos y no convierten África en un segundo frente comparable al Donbás, pero sí evidencian una evolución significativa en la estrategia ucraniana. Kiev está buscando transformar cuatro años de aprendizaje acelerado con drones en una capacidad exportable y utilizable allí donde sus intereses coincidan con la oposición a Rusia: desde la instrucción de rebeldes tuareg en el Sahara hasta el entrenamiento de defensas contra drones Shahed en Oriente Medio o el despliegue de drones navales desde Libia. La paradoja es que una tecnología desarrollada para la supervivencia ante una invasión dentro de las fronteras ucranianas se ha convertido ahora en una herramienta para perseguir los intereses de Moscú mucho más allá de ellas. Para algunos operadores que antes cazaban objetivos rusos desde refugios y trincheras, el paisaje ha cambiado por completo: ahora, delante de la cámara del dron, hay arena africana.