El huevo y el colesterol: Desmontando un mito dietético con la ciencia actual

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Durante años, el huevo fue percibido como un enemigo de la salud cardiovascular debido a su contenido de colesterol. Sin embargo, la evidencia científica más reciente sugiere que su impacto en los niveles de colesterol sanguíneo es moderado. Este cambio de perspectiva ha llevado a una reevaluación de las recomendaciones dietéticas, enfocándose ahora en el patrón alimentario global en lugar de demonizar alimentos específicos.

Durante mucho tiempo, el huevo fue considerado un gran enemigo en nuestra dieta, puesto que se convirtió en un mantra la idea de que consumirlos con frecuencia era una vía rápida para aumentar los niveles de colesterol y sufrir problemas de corazón. Sin embargo, la evidencia más reciente disponible indica que este aumento es bastante moderado, por lo que no hay que temerle si el consumo se mantiene dentro de cierta lógica.

Históricamente, la regla en mente era que si se comían alimentos con mucho colesterol, el colesterol en sangre subiría en la misma proporción. Pero la mayoría de los estudios epidemiológicos y clínicos no muestran una correlación directa y consistente entre la cantidad de colesterol que 'comemos' y el colesterol en nuestra sangre.

Es cierto que los huevos tienen un impacto en nuestros análisis de sangre, pero no como se creía. Las revisiones realizadas demostraron que el consumo de huevos aumenta el colesterol total y el colesterol LDL, considerado como "malo", así como el HDL, que es el considerado como "bueno".

Si concretamos más, un estudio de 2018 cuantificó este aumento en unos 5,5 mg/dL para el LDL y 2,1 mg/dL para el HDL. Dado que ambos tipos de lipoproteínas suben simultáneamente, las ratios de riesgo cardiovascular apenas cambian. De hecho, una revisión de este mismo año destaca que el aumento estimado de colesterol sérico es de apenas un 2-3% por cada huevo.

Si el colesterol del huevo no es el factor determinante, entonces... ¿Qué está provocando las dislipemias? Aquí el factor más importante es el patrón dietético global, es decir, todo lo que comemos en nuestra dieta sin hacer hincapié específicamente en el huevo.

Un ensayo publicado en 2025 dejó esto bastante claro, puesto que concluyó que el colesterol LDL se relacionaba claramente con la ingesta de grasa saturada, pero no con el colesterol dietético. Lo mejor es que se observó que consumir dos huevos diarios dentro de una dieta baja en grasas saturadas no elevó el colesterol LDL frente a una dieta de control sin huevos.

Con estas nuevas pruebas sobre la mesa, las guías dietéticas estadounidenses eliminaron el clásico límite estricto de 300 mg al día de colesterol dietético. El mensaje oficial ha pasado a centrarse en el patrón dietético global, haciendo hincapié en todos los alimentos que contienen grasas saturadas y grasas trans, en lugar de demonizar alimentos concretos.

Grandes investigaciones internacionales que han agrupado a más de 177.000 personas en 50 países no han encontrado una asociación significativa entre un mayor consumo de huevos (hasta 7 a la semana) y la mortalidad total o los eventos cardiovasculares mayores. Sin embargo, no hay que caer en la idea de que se pueden comer muchísimos huevos al día, puesto que todo en exceso puede ser finalmente muy perjudicial. Es aquí donde entra la regla del sentido común, puesto que tomar una gran cantidad de huevo al día sí que puede acabar siendo muy perjudicial; aunque si entra dentro de un consumo normal, no hay que tener mucha preocupación.