La velocidad a la que caminamos no es solo un hábito, sino un potente indicador de nuestra salud general y longevidad. Diversos estudios han revelado que un ritmo de marcha más ágil puede reducir significativamente el riesgo de mortalidad prematura y ser un predictor tan fiable como otros marcadores de salud. Comprender la importancia de este factor puede ser clave para anticipar y mejorar nuestro bienestar físico y cognitivo.
Se ha debatido ampliamente sobre la importancia de caminar para mantener nuestra salud física y mental. Sin embargo, a menudo se pasa por alto el papel fundamental que desempeña el ritmo de nuestra caminata. No es lo mismo caminar a un paso muy lento que a un ritmo mucho más ágil, incluso si no llega a considerarse correr. Un artículo en Infobae revisó varios estudios que han explorado este factor.
La mayoría de las investigaciones se enfocan en personas mayores, pero incluso aquellos estudios centrados en sujetos de mediana edad llegan a la misma conclusión: la velocidad de la caminata es relevante y, además, sirve como un excelente indicador del estado de salud de una persona. Una diferencia de solo 0,1 m/s puede ser significativa. En un estudio publicado en JAMA en 2011, que incluyó a 34.485 adultos mayores de 65 años, se observó que por cada aumento de 0,1 metros por segundo en la velocidad de marcha, el riesgo de mortalidad prematura se reducía en un 12%. Esto aplicaba a personas de alrededor de 65 años. Si este incremento se daba a partir de los 75 años, los efectos eran aún más notables: la probabilidad de sobrevivir 10 años oscilaba entre un 19% y un 87% para los hombres, y entre un 35% y un 91% para las mujeres.
Al igual que otros factores, este estudio demostró que la velocidad de la caminata podría predecir el riesgo de muerte de manera similar a otros marcadores como el tabaquismo, el índice de masa corporal, las enfermedades crónicas o las hospitalizaciones previas.
La importancia se extiende también a la mediana edad. El artículo menciona otro estudio, conocido como Estudio Dunedin, que siguió durante cinco décadas a un grupo de 904 personas de 45 años. Se encontró que aquellos con una velocidad de caminata lenta en la mediana edad mostraban un ritmo de envejecimiento hasta cinco años más acelerado. Además, al mostrar fotografías de estos individuos a un equipo independiente de evaluadores, estos calificaron los rostros de los caminantes más lentos como más envejecidos, incluso en comparación con aquellos que tenían la misma edad real.
Los motivos detrás de esto radican en que andar es una tarea más compleja de lo que parece, ya que exige la coordinación del corazón, los pulmones, los músculos y el sistema de equilibrio. Si alguno de estos sistemas falla, la velocidad de la caminata puede ser un primer indicio de que algo no funciona correctamente, incluso antes de que aparezcan otros síntomas.
Más allá de lo señalado en Infobae, existen otras investigaciones que no solo analizan la esperanza de vida o la probabilidad de desarrollar deterioro cognitivo, sino que también exploran cómo la velocidad de la caminata puede vincularse con enfermedades específicas. Por ejemplo, se ha observado que la velocidad al caminar, la fuerza de agarre y la masa muscular podrían mejorar la predicción del riesgo de ictus, más allá de factores establecidos como la presión arterial alta y el colesterol. Adicionalmente, la velocidad de la caminata se ha asociado con una disminución del riesgo de morir por enfermedad renal crónica o de desarrollar hasta cinco tipos de cáncer.
Se presenta una situación que se retroalimenta: caminar despacio es un indicador de envejecimiento y de una futura mala salud, tanto física como cognitiva. Sin embargo, no es solo un indicador, sino también un factor de riesgo. Andar lentamente a menudo implica caminar menos, lo que puede afectar aún más la salud.
Un caso particular es el de los "supermovedores". En un estudio publicado en 2026, se descubrió que hay personas mayores capaces de caminar más rápido que el 93% de individuos en su misma situación en pruebas cronometradas de marcha. Al seguir a estos "supermovedores" durante un tiempo, se observó que tenían un 50% menos de riesgo de desarrollar deterioro cognitivo y un 60% menos de riesgo de alzhéimer y otros tipos de demencia.
Por todo esto, no se trata únicamente de la cantidad de pasos que damos, sino de evaluar la velocidad a la que somos capaces de hacerlo. Que sea una señal de mala salud no significa que no se pueda mejorar. Es beneficioso contar con una alarma que nos alerte antes de que comiencen a manifestarse síntomas más preocupantes.