La transición energética global impulsa la necesidad crítica de sistemas de almacenamiento para energías renovables intermitentes. Aunque actualmente solo una fracción de las instalaciones solares cuenta con baterías, las proyecciones indican un crecimiento exponencial, especialmente en España, donde la capacidad instalada podría multiplicarse por diez en los próximos 18 meses, transformando la gestión de la electricidad renovable.
En un contexto donde la transición energética acelera, no solo es crucial generar energía renovable, sino también almacenar su excedente para su uso futuro. Sin embargo, la implementación de sistemas de almacenamiento con baterías sigue siendo minoritaria a nivel mundial. Un informe de DNV, el Global Energy Transition Outlook 2025, revela que solo el 6,6% de las instalaciones solares actuales integran algún sistema de almacenamiento.
El desafío radica en que, si bien las energías renovables son limpias y cada vez más económicas, su generación es intermitente y depende de factores meteorológicos como las horas de luz o la fuerza del viento. La producción de estas fuentes fluctúa y se ve limitada en momentos donde la demanda eléctrica puede ser alta. Aquí es donde el almacenamiento juega un papel fundamental. Una batería puede cargarse cuando la electricidad es abundante y económica, y descargarse a demanda horas después, cuando el sistema requiere más energía.
Las baterías permiten disociar el momento de generación del de consumo de electricidad, una ventaja reconocida en Europa. La Comisión Europea busca desarrollar herramientas que faciliten un uso más flexible y adaptable de las renovables a las necesidades cambiantes de la red y del mercado energético. Según su sitio web, el almacenamiento de energía no solo es una solución versátil, sino que también puede mitigar fluctuaciones drásticas de precios e incluso reducirlos en periodos de alta demanda. La instalación de tecnologías de almacenamiento puede convertir fuentes intermitentes en un recurso fiable y gestionable, esencial para la estabilidad de la red y un suministro constante, incluso cuando la generación es baja.
La Agencia Internacional de la Energía estima que la capacidad global actual de almacenamiento de baterías debe incrementarse aproximadamente 35 veces para alcanzar los objetivos de cero emisiones netas para 2030. En Europa, esta capacidad debería multiplicarse por cinco en un lustro.
Afortunadamente, las perspectivas son optimistas. El escenario proyecta un cambio significativo para la próxima década: DNV anticipa que, a mediados de los años 2030, cerca de la mitad de las nuevas plantas solares incorporarán algún tipo de almacenamiento.
España también se alista para este cambio. Según El Español, en agosto de 2026 ya había 10,3 GW de proyectos de baterías anunciados con horizonte hasta 2029, de los cuales 6,4 GW ya contaban con expediente en el Boletín Oficial del Estado (BOE). La plataforma de análisis energético Modo Energy, por su parte, estima que la capacidad de baterías instalada podría multiplicarse por diez en los próximos 18 meses.
Este es un salto de escala considerable. Pablo Martínez, Country Manager de Modo Energy, comentó a El Español que los promotores fotovoltaicos están optando cada vez más por hibridar sus parques con almacenamiento. La comparación que se realiza en el artículo para dimensionar esta tendencia es notable: los 6,4 GW con expediente en el BOE equivalen a una potencia del mismo orden que los 7,1 GW de potencia nuclear actualmente instalada en España. Esto no implica que una batería produzca tanta electricidad como una central nuclear, sino que ilustra la magnitud de la potencia de carga o descarga que representan estos proyectos, en contraste con la generación continua de las centrales nucleares.
Según datos de Red Eléctrica (REE) recogidos por El Español, la potencia de baterías instalada en la actualidad asciende a 260 MW. Modo Energy se aventura a predecir una multiplicación por diez de esta capacidad en el próximo año y medio. Si esta previsión se materializa, el cambio no sería meramente cuantitativo; el almacenamiento pasaría de ser una tecnología marginal a un componente relevante en la gestión de la electricidad renovable. Este escenario es deseable, dado que la creciente electrificación de la economía augura un aumento notable de la demanda energética en las próximas décadas.
Sin embargo, la viabilidad de estos proyectos depende de la rentabilidad. La existencia de iniciativas no garantiza su construcción. Una batería requiere una fuente de ingresos que justifique una inversión inicial considerable, lo que genera una de las principales incertidumbres del sector. El Periódico de la Energía explica que, a diferencia de otras infraestructuras energéticas con ingresos relativamente predecibles, los sistemas de almacenamiento suelen depender de mercados donde los precios fluctúan significativamente. Cuanto mayor sea la competencia entre baterías, más difícil puede ser mantener los márgenes. Esta incertidumbre puede dificultar el acceso a financiación y, según este medio, obliga al sector a desarrollar nuevas estrategias y modelos que aporten mayor estabilidad a los ingresos.