Un reciente estudio demográfico revela que Galicia y Castilla y León albergan una concentración inusualmente alta de personas centenarias, destacando particularmente las provincias de Soria y Ourense. Este fenómeno acerca a estas regiones a las conocidas 'zonas azules' globales, atribuyéndose su longevidad a una combinación de factores dietéticos, estilos de vida activos, fuertes lazos sociales y una posible influencia geográfica y genética.
En el panorama demográfico mundial, existen regiones que sobresalen por tener una población significativamente más longeva que el promedio global, lo que naturalmente suscita la pregunta sobre las causas. Estas áreas se conocen como "zonas azules", siendo Okinawa una de las más célebres por su alta densidad de centenarios. Sin embargo, España no se queda atrás, ya que en Galicia también se ha identificado una de estas zonas con una notable proporción de personas longevas.
Los datos de un estudio demográfico reciente, basado en microdatos del INE, han revelado que tanto en Galicia como en Castilla y León se registra una tasa inusualmente elevada de individuos mayores de 100 años. Al analizar con mayor detalle, se observa que las provincias de Soria y Ourense presentan las tasas más altas.
Para comprender la magnitud de este fenómeno, Galicia concentra aproximadamente el 10,4% de la población centenaria de España, a pesar de que solo representa alrededor del 5,5% de la población total del país. Estas cifras se asemejan a las de las "zonas azules" clásicas y muestran una fuerte concentración en las áreas rurales del interior de Pontevedra, el sur de Lugo y Ourense. De hecho, se han identificado comarcas que alcanzan una concentración de aproximadamente 76 centenarios por cada 100.000 habitantes.
Una de las grandes incógnitas es por qué un grupo de gallegos vive tanto y con tanta calidad de vida. La ciencia sugiere que la dieta de proximidad es fundamental, ya que mantienen una dieta atlántica o mediterránea basada principalmente en alimentos de autoproducción provenientes de huertos.
Además, se han observado costumbres como comer despacio y la práctica de "quedarse con un poco de hambre", así como una alta actividad física mantenida hasta edades muy avanzadas. Todos estos factores contribuyen a una sociedad con una notable ausencia de enfermedades graves y una baja medicalización.
La existencia de una sólida red social entre estos centenarios no es un detalle menor, ya que la soledad y las relaciones superficiales son importantes factores de riesgo vitales. Un metaanálisis de 2015, que abarcó 70 estudios prospectivos con más de 3,4 millones de participantes, concluyó que la soledad, el aislamiento social y vivir solo se asocian con un aumento del 26-32% en el riesgo de mortalidad, incluso después de ajustar múltiples variables.
Otro factor crucial es el geográfico. Se sugiere que vivir en altitudes de entre 400 y 900 metros podría inducir una hipoxia leve, que activaría mecanismos de defensa celular y se asociaría a una menor prevalencia de síndrome metabólico, como diabetes o dislipemia.
La evidencia científica indirecta respalda parcialmente esta premisa. Un análisis prospectivo de la cohorte española SUN demostró que residir a más de 456 metros de altitud se asocia con un menor riesgo de desarrollar síndrome metabólico en comparación con vivir a menos de 122 metros, incluso tras ajustar por múltiples factores. Asimismo, un metaanálisis de 2024 en poblaciones situadas a más de 1.500 metros halló una relación inversa entre la altitud y la prevalencia del síndrome metabólico.
Más allá del entorno y los hábitos, la investigación también explora el ADN. La hipótesis científica actual sugiere que la genética tiene un peso mayor en las personas centenarias que en la longevidad general de la población. Para investigar esto, se ha iniciado un proyecto epigenético centrado en los centenarios ourensanos, impulsado por la Sociedad Galega de Xerontoloxia e Xeriatría.
En este proyecto, se ha tomado como referencia a 298 centenarios de Ourense, analizando 105 parámetros diferentes, incluyendo la toma de saliva para buscar patrones genéticos y epigenéticos. El objetivo es analizar los estilos de vida que influyen en las modificaciones de la expresión génica para activar o inactivar genes relacionados con la salud y la longevidad.