La Generación Z enfrenta un futuro económico incierto y un "contrato moral" roto, según experta

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Suzy Welch, profesora y miembro de la generación boomer, observa un cambio radical en las expectativas de los jóvenes. A diferencia de su juventud, donde el progreso económico y la estabilidad eran casi garantizados, la Generación Z se enfrenta a un panorama de incertidumbre laboral y altos costos de vida. Este nuevo escenario genera un realismo cínico en los estudiantes, quienes cuestionan el propósito del trabajo y la idea tradicional de progreso.

Según Suzy Welch, el acuerdo tácito que vinculaba la educación, el empleo y la estabilidad financiera ha dejado de ser una realidad. La profesora, perteneciente a la generación boomer, rememora que en su juventud se daba por hecho que se alcanzaría una mejor posición económica que la de sus padres y que el esfuerzo permitiría adquirir una vivienda. Hoy en día, subraya, esas promesas "ya no están garantizadas". Esta transformación impulsa una postura más cautelosa, casi defensiva, en los estudiantes, quienes comparan su presente con las narrativas optimistas del pasado.

En sus clases, la profesora señala que el escepticismo de los jóvenes no denota despreocupación, sino un realismo forjado por una sucesión de crisis. La Generación Z, atenta a nuevos desafíos, se interroga sobre el significado de la noción de "progreso". ¿Qué sentido tiene el trabajo? ¿Para qué esforzarse si el resultado es la degradación del planeta y la ausencia de garantías de estabilidad? Esta lucidez, que podría interpretarse como apatía, es para Welch una manifestación de vulnerabilidad y tristeza.

El análisis de Welch es claro: el ámbito laboral ha evolucionado. El modelo tradicional de una buena formación, un buen puesto y el ascenso dentro de la misma compañía "ya no es una realidad" actualmente, según su perspectiva. En muchas empresas, las rondas de despidos afectan desproporcionadamente a los mandos intermedios, lo que reduce drásticamente las oportunidades de ascenso para los empleados de primera línea, a quienes, paradójicamente, se les asignan cada vez más responsabilidades. A esto se suma el impacto creciente que la inteligencia artificial ya comienza a tener en una parte significativa de los empleos relativamente bien remunerados.

Además, el costo de la vida se ha disparado. Tanto en España como en Estados Unidos y otros países como Francia, el precio de la vivienda y de los bienes básicos aumenta a un ritmo mucho mayor que los salarios. Para los jóvenes trabajadores, las cifras son contundentes: incluso con un puesto cualificado, la posibilidad de comprar una casa es muy complicada. De hecho, el 58% de los jóvenes españoles considera que no puede cubrir sus gastos esenciales.

A la incertidumbre económica se añade la preocupación ecológica, conocida como ecoansiedad, que ocupa un lugar central en el imaginario de los más jóvenes. Según Welch, muchos estudiantes están convencidos de que "algo ocurrirá en las próximas décadas" debido al calentamiento global. Algunos incluso llegan a plantear que "el mundo probablemente se acabará por la estupidez de las decisiones que tomaron las generaciones anteriores".

En lugar de criticar una supuesta pereza o indiferencia hacia el trabajo, Suzy Welch insta a los directivos a cambiar de perspectiva y a dejar de lado los prejuicios. Su propuesta es indagar en el origen, en la raíz de la actitud que se les reprocha a adolescentes y jóvenes adultos.

La Generación Z (nacidos entre 1997 y 2012) se está incorporando masivamente al mercado laboral y, junto con los millennials, conformará el 74% de la fuerza de trabajo para 2030, según estimaciones de Forrester. Comprender sus inquietudes, crear entornos que doten de sentido al esfuerzo y ofrecer trayectorias de progreso creíbles es, para Welch, el camino para una mejor colaboración, atraer talento y, sobre todo, retenerlo.