Haití podría iniciar una lenta salida de su recesión prolongada, pero esta recuperación se vería ensombrecida por una persistente crisis de seguridad. Esta situación tiene repercusiones significativas para la República Dominicana en áreas como la migración, la salud, la educación, el comercio y la seguridad fronteriza. Las proyecciones económicas indican un crecimiento modesto para Haití en los próximos años, contrastando con el desarrollo más robusto de su vecino caribeño.
Haití podría empezar a recuperarse gradualmente de una recesión prolongada, aunque cualquier indicio de mejora ocurriría en medio de su prolongada crisis de seguridad. Esta situación también afecta a la República Dominicana en aspectos migratorios, sanitarios, educativos, comerciales y fronterizos. El Banco Mundial estima que la economía haitiana pasaría de una contracción del 2.7% en 2025 a un incremento de apenas el 0.6% en 2026, con una mejora progresiva del 1.9% en 2027 y del 2.2% en 2028. En contraste, la República Dominicana experimentaría un crecimiento del 3.6% en 2026, 4.4% en 2027 y 4.5% en 2028.
La disparidad entre ambas economías se manifiesta mientras la crisis haitiana sigue ejerciendo presión sobre la República Dominicana. Cientos de miles de migrantes haitianos ingresan de manera no regulada al territorio dominicano, y muchos de ellos requieren servicios de salud, educación, bienes y otras prestaciones básicas. Si bien algunos sectores productivos dominicanos dependen de la mano de obra haitiana, a menudo más económica, la irregularidad migratoria también genera gastos para el Estado.
Uno de los principales efectos de esta presión se observa en el sistema hospitalario. Tras la implementación de un protocolo de verificación migratoria en 33 hospitales clave de la Red Pública, el Servicio Nacional de Salud reportó una reducción considerable en los servicios médicos proporcionados a ciudadanos haitianos. Esto representa un alivio para la capacidad operativa y financiera del sistema.
Según datos oficiales, los partos de mujeres haitianas, que antes del protocolo representaban cerca del 30%, se han reducido a aproximadamente el 10%. En 2026, constituyeron el 9.8% en enero, 8.6% en febrero, 9% en marzo, 7.8% en abril y 8.7% en mayo. En 2025, la proporción fue del 28.9% en enero, 27.5% en febrero, 27.7% en marzo, 24.1% en abril, 10.8% en mayo, 11.3% en junio, 9.7% en julio, 10.7% en agosto, 12.2% en septiembre, 11.9% en octubre, 10.5% en noviembre y 9.8% en diciembre.
En 2024, los hospitales públicos registraron 92,771 nacimientos, de los cuales 1,435 fueron nacidos sin vida y 16,773 presentaron bajo peso, prematuridad o alguna malformación. De estos, 58,511 correspondieron a madres dominicanas, un 63.8%; y 32,967 a madres haitianas, un 36%. En 2023, el total de nacidos vivos fue de 107,762, con 68,985 de madres dominicanas, equivalente al 64%, y 38,555 de madres haitianas, un 35.8%.
Los indicadores que señalarían una posible recuperación haitiana incluirían la disminución de la inflación, la revitalización del comercio, el transporte, la agricultura, las remesas, la estabilidad del tipo de cambio y el aumento de las reservas internacionales. No obstante, el FMI advierte que Haití permanece en una situación económica “muy delicada”, con una contracción del PIB por séptimo año consecutivo, alta inflación, menor crédito bancario y una economía afectada por la inseguridad, el incremento del precio del petróleo y la debilidad institucional.
La crisis de seguridad sigue siendo el principal obstáculo. Amnistía Internacional afirma que Haití atraviesa una grave crisis humanitaria y de derechos humanos, con grupos armados que dominan amplias áreas de Puerto Príncipe, perpetran asesinatos, violaciones, reclutan menores y desplazan comunidades enteras. Esta violencia tiene consecuencias directas sobre la República Dominicana.
La inestabilidad provoca que miles de haitianos crucen la frontera de forma irregular, incrementa los costos de control migratorio y seguridad, y mantiene bajo estrés los servicios públicos dominicanos. Para la República Dominicana, un Haití más estable podría significar una menor migración irregular, menos presión sobre los sistemas hospitalario y educativo, mayor seguridad fronteriza y nuevas oportunidades comerciales. Un crecimiento haitiano sostenido también permitiría recuperar la demanda de productos dominicanos y dinamizar el intercambio comercial binacional.
Sin embargo, mientras las bandas mantengan su capacidad de control territorial y persista la inestabilidad política, la recuperación económica de Haití seguirá siendo vulnerable. Y para la República Dominicana, la crisis del país vecino continuará acarreando un costo económico, social, sanitario y migratorio.