Un nuevo estudio publicado en The Lancet revela un prometedor análisis de sangre capaz de predecir el riesgo de desarrollar Alzheimer hasta diez años antes de la aparición de los síntomas. La investigación, realizada por la Universidad de California, identifica biomarcadores clave en la sangre que indican la acumulación de placas beta-amiloides y la presencia de la proteína p-tau217. Este avance podría permitir un diagnóstico precoz y la implementación de tratamientos más efectivos, aunque su aplicación a gran escala aún presenta desafíos.
El alzhéimer es una enfermedad devastadora que se manifiesta cuando el daño cerebral ya es considerable, dificultando su control. Tradicionalmente, el diagnóstico se realiza cuando la memoria comienza a fallar, pero para entonces, el cerebro ha estado sufriendo durante años. La ciencia ahora se enfoca en la importancia de un diagnóstico temprano para optimizar la eficacia de los tratamientos.
Un nuevo análisis. Una forma de detectar la enfermedad antes de que aparezcan los síntomas clásicos, como la pérdida de memoria, es a través de un análisis de sangre. Este avance, publicado en la revista The Lancet gracias a una investigación de la Universidad de California, podría conducir a un cribado poblacional a gran escala, aunque no está exento de controversia.
Lo que hicieron. Los investigadores siguieron a 1.350 personas de entre 56 y 69 años, sin demencia, durante más de 35 años. El objetivo era identificar proteínas específicas en la sangre que aumentaran en las fases más tempranas del Alzheimer, similar a cómo se utilizan marcadores como el PSA en el cáncer de próstata.
Y encontraron dos biomarcadores. El primero de ellos es Aβ42/40, que es un indicador temprano que alerta de la acumulación de las odiosas placas de beta-amiloide en el cerebro. Pero también hallaron la proteína p-tau217, que es considerada a día de hoy el marcador más preciso para la patología.
Los resultados. El 6% de los participantes que dieron positivo en estos biomarcadores mostraron un riesgo cuatro veces mayor de desarrollar problemas de memoria verbal y un deterioro en su velocidad cognitiva una década después. Pero la ciencia lleva años tratando de afinar esta herramienta, buscando marcadores como GFAP, que se eleva unos diez años antes de generarse los síntomas.
Ver lo invisible. El análisis de sangre no camina solo en esta revolución diagnóstica, ya que el mismo día, The Lancet publicaba un segundo estudio basado en cerca de 800 participantes de EEUU y Canadá que pone a prueba una nueva y sofisticada tecnología de neuroimagen: el trazador PET MK6240.
Hasta ahora, visualizar la proteína tau, que es una de las responsables del alzheimer al acumularse en las neuronas, era un gran reto. Pero este nuevo trazador promete ser mucho más sensible, detectando el doble de casos positivos en personas sanas con acumulación de amiloide frente al estándar que se usa a día de hoy.
Hay que esperar. Antes de tirar las campanas al vuelo, hay que remarcar que los expertos apuntan que este test no está listo para usarse como un cribado general en la población. El motivo está en las matemáticas, puesto que la prevalencia del alzhéimer asintomático en personas sanas de mediana edad sigue siendo baja en términos absolutos, por lo que aplicar este test a todo el mundo generaría un volumen altísimo de falsos positivos. Es decir, un aumento de esta proteína que en realidad no se relaciona con un alzhéimer precoz.
Pero lógicamente, el miedo, la ansiedad y la cascada de pruebas confirmatorias consiguientes colapsarían los servicios sanitarios que ya están tensionados, y además, todavía los fármacos que tenemos, pese a que frenan los efectos de la enfermedad en sus fases más precoces, todavía no son definitivos. Es por ello que debemos quedarnos con que seguimos en el camino correcto, pero todavía queda bastante para poder tener bajo control esta enfermedad.