España Implementa Detectores de Radiofrecuencia para Prevenir Fraudes en la Selectividad, Incluyendo el Uso de IA

Tecnologia
España ha comenzado a utilizar detectores de radiofrecuencia en las pruebas de acceso a la universidad (PAU) para combatir el fraude, especialmente con la creciente preocupación por el uso de inteligencia artificial y dispositivos ocultos. Estos pequeños aparatos, que rastrean señales inalámbricas, buscan identificar a estudiantes que intenten copiar, marcando un cambio en las estrategias de vigilancia durante los exámenes.

Junio y julio son meses clave para casi 300.000 estudiantes en España que se enfrentan a la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU). En algunas aulas, esta prueba se lleva a cabo con medidas de vigilancia adicionales para combatir el fraude. Se trata de los detectores de radiofrecuencia, dispositivos compactos diseñados para localizar aparatos ocultos que los alumnos podrían utilizar para copiar, sobre todo ante la implicación de la inteligencia artificial.

Qué son exactamente. Estos dispositivos no son inhibidores de señal, sino detectores. Mientras un inhibidor bloquea las comunicaciones, estos aparatos únicamente las localizan. Héctor Esteban, catedrático del área de Teoría de la Señal y Comunicaciones de la Universidad Politécnica de Valencia, explicó a El Español que son detectores de radiación electromagnética, con un coste aproximado de 10 o 12 euros, que rastrean señales WiFi, Bluetooth y redes 3G, 4G y 5G en un amplio espectro.

Cuando detectan una señal cercana, emiten un aviso mediante un pitido o una vibración. Esteban los describe como aparatos tan pequeños como un bolígrafo, que los docentes pueden llevar en el bolsillo en modo vibración para que la alerta pase desapercibida en el aula.

A qué apuntan. El objetivo principal no son los teléfonos móviles convencionales, sino la tecnología difícil de detectar a simple vista. Rosa de la Fuente, vicerrectora de Estudiantes de la Universidad Complutense, comentó que la preocupación se centra en todo lo que pueda facilitar el fraude, como los micropinganillos y las gafas con IA generativa. Estos dispositivos permiten obtener respuestas fácilmente de una persona externa o de cualquier chatbot.

Dónde se usan. Por el momento, esta medida no se aplica en todo el territorio español. Las seis universidades públicas de Madrid comenzaron a utilizar estos detectores a principios de mes para sus más de 42.000 alumnos. A ellas se han sumado comunidades como Galicia, Murcia, Aragón, Cataluña, la Comunidad Valenciana, Andalucía, Baleares o el País Vasco, entre otras.

Los aparatos no están presentes en todas las aulas simultáneamente. Cristina Moreno, vicerrectora de la Universidad de las Islas Baleares, aseguró que los dispositivos rotan por las diferentes sedes, pero no necesariamente durante todas las pruebas.

Qué pasa si salta la alerta. Si el detector vibra, el examen se “marca” y el alumno continúa realizándolo con normalidad. Posteriormente, es el tribunal de sede quien analiza el caso y toma una decisión. Sin embargo, las sanciones no son uniformes en toda España, ya que cada comunidad establece su propio marco. En Madrid, según De la Fuente, se distinguen tres niveles: una falta leve resulta en el examen marcado pero la nota se conserva; una falta grave, como llevar el móvil encendido, puede anular ese examen; y una falta muy grave, como el uso activo de un pinganillo, puede invalidar toda la Selectividad.

En otras sedes, el criterio es más estricto, como en la Politécnica de Valencia, donde en algunos casos, el simple hecho de encontrar un móvil, aunque esté apagado, puede llevar a suspender la asignatura.

No es un método perfecto. Jesús Alcalde, especialista en ciberseguridad, señaló a The Objective que el alcance de estos aparatos es limitado, ya que solo alertan de señales activas, pueden generar falsos positivos en aulas concurridas y no siempre son suficientes para demostrar por sí mismos que ha habido copia. Su mayor valor, en realidad, reside en su efecto disuasorio. Héctor Esteban ilustró esto al contar que, en una de las primeras pruebas, bastó con anunciar el uso del detector para que quince alumnos se levantaran a entregar los móviles que no debían portar.

Por qué llega justo ahora. El principal catalizador es la irrupción de la IA generativa, que ha transformado el problema tradicional de copiar en algo mucho más complejo de gestionar. Sin embargo, las propias universidades reconocen que se trata de un proyecto piloto que deberá ser revisado cada curso, dado que la tecnología para hacer trampas avanza tan rápidamente como las herramientas destinadas a detectarlas.

Y ahora qué. La radiofrecuencia aborda solo una parte del problema, y muchos en el ámbito académico consideran que la solución de fondo no reside en los aparatos, sino en modificar la metodología de evaluación. El propio Esteban sugiere exámenes orales, comunes en países como Italia, o la defensa presencial de trabajos.