Barcelona, una ciudad que atrae a miles de extranjeros, enfrenta un preocupante descenso en su tasa de natalidad. Los datos recientes del Ayuntamiento revelan que en 2025 se registró el segundo nivel más bajo de nacimientos desde 1900, solo superado por el año 1939, al final de la Guerra Civil. Este fenómeno subraya una dinámica demográfica sostenida principalmente por la inmigración, a pesar del crecimiento general de su censo.
Barcelona es una ciudad dinámica, destino de miles de extranjeros que buscan una nueva vida en Europa y un territorio que lleva años viendo cómo su censo crece casi de forma ininterrumpida. Con todo, eso no significa que su motor demográfico esté bien engrasado. Al contrario. Los últimos datos publicados por el Ayuntamiento muestran que, tras casi una década de retroceso, en 2025 su natalidad marcó el segundo nivel más bajo desde 1900. Desde comienzos del siglo XX solo hubo un año en el que nacieron menos bebés en la Ciudad Condal: 1939, cuando finalizó la Guerra Civil.
De hecho, si el censo barcelonés se mantiene más o menos a flote es gracias básicamente al flujo de inmigrantes.
¿Qué ha pasado? Que el Ayuntamiento de Barcelona ha publicado sus datos demográficos oficiales a 1 de enero de 2026 y la 'foto' general que dejan está llena de claroscuros. La población de la ciudad se mantiene más o menos estable, con 1.729.963 censados, un 0,1% menos que el año anterior.
No es un mal dato si se tiene en cuenta que Barcelona lleva ganando residentes desde 2022 y que a comienzos de siglo el censo apenas pasaba de 1,5 millones. Es más, el Gobierno local relaciona ese ligero retroceso del 0,1% con una simple cuestión administrativa. En su opinión se explican (al menos en parte) porque hay gente que seguía censada en Barcelona sin vivir allí y ahora ha "regularizado" su situación. "Barcelona es puerta de entrada administrativa y física al territorio", aclara el teniente de alcalde, Jordi Valls.
Perfecto, ¿no? No exactamente. Es cierto que la pérdida de población ha sido mínima, casi testimonial, y que Barcelona lleva prácticamente desde inicios de siglo ganando población; pero eso no significa que el motor demográfico de la ciudad funcione bien. Al contrario. Su saldo vegetativo (la diferencia entre nacimientos y defunciones) está en números rojos. Para ser más precisos, el año pasado Barcelona vio cómo morían 3.549 vecinos más de los que nacían. Ese dato se explica porque, aunque en general se redujo el número de fallecidos, el de alumbramientos lo hizo aún más.
Las estadísticas del Ayuntamiento revelan además que ese desequilibrio se da en prácticamente toda la ciudad. "El saldo natural negativo se esparce en todos los distritos con la excepción de Ciutat Vella, donde por tercer año consecutivo hay más nacimientos que defunciones", aclaran desde el Consistorio. Se trata de un apunte interesante por lo que nos revela sobre la natalidad en la Ciudad Condal.
¿Tan pocos niños nacen? Sí. La oficina estadística de Barcelona contabilizó el año pasado 11.012 nacimientos, un mal dato se mire por donde se mire. No solo supone un retroceso del 1,3% con respecto a 2024. Si ampliamos el foco vemos que ese descenso agrava la tendencia negativa que sufre el municipio desde 2017 y sobre todo lo aleja (aún más) de los picos de natalidad que registró durante el 'baby boom'. A modo de referencia, los 11.012 nacimientos de 2025 son casi tres veces inferiores a los anotados en 1973, cuando la ciudad vio cómo nacían 31.689 barceloneses de cuna.
El dato de 2025 es de hecho el segundo más bajo de toda la serie histórica del Departamento de Estadística y Difusión de Datos de Barcelona, que se remonta a 1900. Desde entonces solo hubo un año en el que nacieron menos bebés: 1939. Aquel año llegaron al mundo en la Ciudad Condal 8.992 personas. No es nada sorprendente si tenemos en cuenta que fue el último de la guerra y en 1938 el municipio había registrado un récord de fallecidos (casi 28.200). Por entonces el padrón total también era muy inferior, apenas pasaba del millón.
¿Cómo se mantiene el censo? Gracias a la inmigración, básicamente. "Durante 2025 el saldo natural entre nacimientos y defunciones fue de -3.549 personas, pero se compensó con un saldo migratorio positivo de +11.383 personas", reconoce el Ayuntamiento, que confirma que el flujo de extranjeros "sigue siendo el componente esencial de la dinámica demográfica".
No se trata de un dato aislado o algo coyuntural. Desde el Consistorio confirman que la población llegada de otros países ha sido "la protagonista del crecimiento demográfico" de Barcelona en lo que va de siglo XXI. El año pasado, de hecho, el número de empadronados con nacionalidad extranjera repuntó otro ligero 0,7%.
¿Podemos ir más allá? Que la inmigración se haya convertido en el gran motor demográfico de Barcelona es algo que se deja sentir ya en su estructura social. La "población autóctona" dejó de ser mayoría en 2019 y hoy por hoy en la ciudad resulta más fácil encontrarse con gente nacida en otros lugares que en algún hospital barcelonés. Para ser más precisos, el Ayuntamiento calcula que a 1 de enero la población nativa representaba apenas el 44,6% del total.
En Barcelona hay empadronadas 626.924 personas que nacieron fuera de España, la gran mayoría (53,2%) oriundas de América, aunque también abundan los residentes nacidos en Pakistán, Marruecos, Italia y China. Y eso entre un largo etcétera de 181 nacionalidades diferentes. Casi un tercio (30%) de los nacidos en el extranjero ya han adquirido la nacionalidad española y a día de hoy representan el 11% del padrón.
¿Qué pasa con la edad? Las estadísticas municipales nos permiten también comprender cómo evoluciona la pirámide poblacional barcelonesa. Otro indicador interesante, ya que, aunque los inmigrantes que llegan a la ciudad suelen ser jóvenes, la edad media de la población en general ha subido hasta 44,6 años. Nada sorprendente si tenemos en cuenta que la pirámide está ensanchándose claramente en la cumbre.
A 1 de enero residían en la Ciudad Condal 1.196 personas que ya habían soplado las 100 velas, un máximo histórico. Mientras, se reducen los hogares en los que viven niños y adolescentes, que no representan ni siquiera la cuarta parte. Lo que sí aumenta es la educación de la población: un 37,4% de los empadronados mayores de 16 años tienen algún título universitario o FP superior, porcentaje que aumenta a casi el 43% cuando hablamos de la población extranjera.