Líder de secta en Kenia recibe 200 años de cárcel por ordenar la muerte por inanición de 190 niños y adultos

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Un tribunal keniano ha sentenciado a 200 años de prisión a Paul Mackenzie, un autoproclamado predicador, por su responsabilidad en la muerte por inanición de 191 personas, incluyendo 190 menores, miembros de su congregación. La decisión fue emitida en Mombasa, después de que Mackenzie y otros 28 individuos fueran declarados culpables de los hechos ocurridos entre 2021 y 2023. La defensa ha indicado que apelará el veredicto.

Un tribunal en Kenia dictaminó este viernes una pena de 200 años de reclusión para el autodenominado líder religioso Paul Mackenzie. Él fue hallado culpable de causar la muerte por falta de alimentos a 191 individuos, de los cuales 190 eran niños, todos parte de su agrupación espiritual. La condena fue emitida por un juzgado de Mombasa, que el mes anterior determinó la culpabilidad de Mackenzie y otros 28 acusados por los sucesos acontecidos entre enero de 2021 y septiembre de 2023. El sentenciado recibió 100 años de prisión por los cargos de asesinato y otros 100 por los crímenes vinculados a la inanición. Sus colaboradores también fueron condenados a penas de cárcel, mientras que su equipo legal anunció que impugnará la resolución.

La Fiscalía había solicitado la pena capital para Mackenzie, dada la gran cantidad de fallecidos, y cadena perpetua para sus asociados. No obstante, la jueza Diana Kavedza Mochache descartó la condena a muerte, considerando que el líder espiritual y sus seguidores poseían una concepción de la muerte que podría transformar ese castigo en una especie de victoria espiritual.

“Para personas que entienden el fallecimiento como una liberación, una sentencia de muerte podría no ser percibida como un castigo, sino como un triunfo y una forma de martirio”, argumentó la magistrada. Aunque la legislación keniana contempla la pena capital, el país no ha ejecutado a ningún condenado desde 1987.

El caso salió a la luz en abril de 2023, cuando las autoridades detuvieron a Mackenzie después de que una organización defensora de los derechos humanos alertara sobre la situación de varios seguidores que lograron ser rescatados. Las investigaciones llevaron a una propiedad de la secta situada cerca de Malindi, en la costa keniana, donde el predicador exhortaba a sus fieles a dejar de comer y perecer de hambre para “encontrarse con Jesús”. La subsiguiente operación policial permitió el descubrimiento de cientos de cuerpos sepultados en fosas comunes poco profundas. Las autopsias revelaron que la mayoría de las víctimas murieron por inanición, aunque también se encontraron pruebas de fallecimientos por estrangulamiento, golpes y asfixia, incluso entre menores.

La cantidad de cadáveres encontrados forzó la interrupción temporal de las excavaciones, debido a que las morgues de la zona se quedaron sin capacidad para recibirlos. Durante el proceso judicial testificaron alrededor de 120 personas. Entre los parientes de las víctimas, el veredicto ha provocado sentimientos de tristeza e indignación. Francis Wanje, un educador de 62 años que perdió a dos de sus nietos, expresó su apoyo a la petición de pena de muerte y criticó la actuación de las autoridades. “Nada puede mitigar el sufrimiento”, declaró a la AFP, mientras lamentaba que no se hubiera intervenido antes para prevenir la tragedia.