Ucrania ha implementado una estrategia de ataques de precisión contra las refinerías rusas, focalizándose en componentes críticos para interrumpir su operación. Esta campaña, facilitada por avances en drones e inteligencia militar, busca dañar la infraestructura energética rusa de manera quirúrgica, complicando las reparaciones debido a la frecuencia de los ataques y las sanciones internacionales. La táctica está impactando significativamente la economía rusa, obligando al Kremlin a reforzar las defensas.
Cuando Rusia invadió Ucrania el 24 de febrero de 2022, es probable que anticipara una operación rápida y sin complicaciones. Sin embargo, esta estimación resultó errónea. Ucrania ha continuado la resistencia contra la que se considera la segunda potencia militar del mundo. En los últimos meses, Kiev ha descubierto una forma efectiva de atacar de manera precisa uno de los pilares estratégicos del PIB ruso: sus refinerías. Esta estrategia demuestra una lección en ataques de precisión.
Una refinería puede abarcar cientos de hectáreas y contener miles de equipos industriales. No obstante, para detener su actividad no es necesario destruirla por completo. Ucrania está explotando esta vulnerabilidad, haciendo que para Moscú la reparación de los daños sea tan compleja como la prevención del siguiente ataque.
Una campaña coordinada. Según The Washington Post, los ataques a las refinerías rusas forman parte de una campaña coordinada ucraniana destinada a inhabilitar la infraestructura energética rusa, replicando las acciones de Putin contra las instalaciones ucranianas. Kiev está apuntando a componentes esenciales en el corazón de las refinerías, en lugar de intentar destruir plantas enteras. Esto se logra gracias a los significativos avances en la producción de drones y la inteligencia militar proporcionada por sus aliados.
Además de las refinerías, Ucrania también ha logrado dañar otras instalaciones industriales vinculadas al petróleo, como tanques de almacenamiento de combustible, infraestructuras de bombeo y oleoductos en todo el país, lo que también compromete el transporte. A finales de agosto de 2026, la mitad de la capacidad total de refinación de Rusia había quedado inoperativa.
Ataque al corazón de la refinería. El resultado de esta campaña es devastador, según el mismo medio. Los ataques se han dirigido directamente a las unidades denominadas ELOU-AVT, siglas en ruso, que son cruciales en las primeras etapas del procesamiento del petróleo. Estas unidades son desalinizadores eléctricos que eliminan el agua y la sal del petróleo crudo antes de que pase a las unidades de destilación que continúan el proceso de refinado. Si una de estas unidades queda inutilizada, una parte considerable de la refinería puede perder su capacidad de procesamiento, incluso si otras instalaciones no han sufrido daños directos. «Nuestro objetivo son las partes más importantes de la refinería. No necesitamos atacar toda la planta. Sabemos dónde impactar para que se detenga y no se recupere», afirmó un comandante de un batallón de drones ucraniano en una entrevista con The Washington Post, quien solicitó ser identificado con su indicativo militar Tango.
Piezas difíciles de reparar. Según un análisis del periódico estadounidense, de los 54 impactos estudiados, más de la mitad parecen haber dañado estas partes críticas de las instalaciones. Expertos consultados por el medio señalan que no se trata tanto de que los objetivos alcanzados sean irreparables, sino de que la frecuencia de los ataques impide disponer del tiempo necesario para proceder a su reparación. Además, añaden que la reparación de estas piezas es cada vez más difícil debido a las sanciones impuestas a Rusia, que complican considerablemente el acceso a componentes nuevos. De hecho, desde el día siguiente a la invasión de 2022, la Unión Europea prohibió la exportación de equipos de destilación atmosférica al vacío y de procesamiento secundario a Rusia, entre otras medidas dentro de un amplio paquete de sanciones.
Gestión de infraestructuras críticas privadas. Vladimir Putin ha reconocido recientemente que estos ataques ucranianos sobre las refinerías de petróleo rusas han logrado perjudicar su economía. Según los cálculos del ejecutivo, estos ataques les habrían provocado una pérdida de alrededor del 1% de su PIB. Para hacer frente a futuras ofensivas, el mandatario ruso ha aconsejado a las empresas adquirir sus propios sistemas de defensa aérea y ha anunciado un decreto que permite al Estado asumir el control de infraestructuras críticas privadas, incluidas, por supuesto, las refinerías, si sus propietarios no pueden protegerlas.
La geografía, un obstáculo. Putin también se ha comprometido a mejorar las defensas aéreas del país. Sin embargo, la histórica ventaja de Rusia, la vasta extensión de su territorio, se está convirtiendo ahora en un obstáculo para su defensa. Sus refinerías están distribuidas en regiones muy distantes entre sí, y protegerlas exige desplegar sistemas de detección, interceptación y defensa en numerosos puntos. Como consecuencia, The Washington Post informa que las fuerzas aéreas están dispersas por el país, buscando cómo resolver un problema logístico cuando las amenazas pueden alcanzar objetivos alejados del frente.