Ataques de drones ucranianos impulsan la adopción de vehículos eléctricos en Rusia

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Los ataques con drones ucranianos a refinerías rusas han provocado una escasez de gasolina, desencadenando un auge inesperado en la demanda de vehículos eléctricos en Rusia. Esta situación ha logrado, en poco tiempo, lo que años de políticas gubernamentales no consiguieron: acelerar significativamente la transición hacia la electrificación del parque automotor ruso, especialmente con modelos de fabricación china. La guerra ha transformado las prioridades de los consumidores y el panorama del mercado automotriz.

Rusia ha intentado durante años fomentar el uso del coche eléctrico mediante subvenciones, beneficios fiscales y la expansión de estaciones de carga. Sin embargo, el catalizador más potente para esta transición ha surgido de los cielos, en forma de drones ucranianos. Los ataques dirigidos a las refinerías rusas han generado una escasez de gasolina, manifestada en largas colas en las estaciones de servicio y un notable incremento en la demanda de vehículos eléctricos, principalmente de origen chino. Es irónico que Ucrania, a través de sus ataques, esté logrando un cambio que las políticas energéticas rusas apenas habían conseguido. La guerra ha impactado directamente en las gasolineras.

Desde finales de junio, Ucrania ha intensificado sus ataques con drones contra infraestructuras petroleras rusas, afectando el suministro de combustible en diversas regiones del país. Estas consecuencias se han trasladado a la vida diaria de los conductores, quienes han llegado a esperar varias horas para repostar sus vehículos. Según Gdebenz, una plataforma que monitorea la disponibilidad de carburante, actualmente solo el 46% de las gasolineras rusas venden combustible. Esta proporción era del 27% en Nizhni Nóvgorod y del 53% en Moscú, donde en algunos momentos de julio y agosto, apenas una de cada cuatro estaciones disponía de existencias.

El New York Times recordaba esta semana que Rusia es uno de los principales productores mundiales de petróleo, una posición que durante décadas mantuvo el precio de la gasolina relativamente bajo y redujo los incentivos para electrificar su flota de vehículos. Las vastas distancias entre ciudades, las temperaturas extremas y la limitada infraestructura de carga también dificultaron la expansión de estos vehículos.

Ahora, la crisis de suministro está redefiniendo las prioridades de los compradores. Según el Ministerio de Industria y Comercio ruso, las ventas de vehículos eléctricos e híbridos aumentaron de 43.000 unidades entre enero y agosto de 2025 a más de 83.000 en el mismo periodo de 2026, lo que representa un incremento cercano al 93%. Los drones han logrado acelerar esta transición.

El cambio es aún más sorprendente al analizar la cuota de mercado de los vehículos que pueden operar sin consumir gasolina. Según la consultora rusa Avtostat, los vehículos eléctricos puros y los híbridos enchufables representaban aproximadamente el 5% de las ventas de automóviles a principios de 2026. A finales de septiembre, esta proporción había alcanzado el 11,5%, más del doble en solo nueve meses. Esta cifra supera ligeramente la cuota estadounidense mencionada en el reportaje, aunque sigue estando muy por debajo del 45% registrado en China. Este dato subraya la influencia que la disponibilidad de combustible puede tener en las decisiones de compra en un país históricamente dependiente del petróleo.

El principal beneficiario de esta transformación ha sido el automóvil chino, que ya había ganado terreno en Rusia tras la retirada de numerosos fabricantes occidentales, japoneses y surcoreanos a raíz de la invasión de Ucrania. En un gran centro comercial al noroeste de Moscú, más de 25 de sus 40 concesionarios son ahora de marcas chinas. La demanda ha llegado a agotar los inventarios de algunos establecimientos, mientras que la oferta de eléctricos de segunda mano disminuye. Sergei Tselikov, un destacado analista del sector automovilístico ruso, adquirió en julio un GWM Ora 03 GT después de visitar cinco gasolineras sin éxito en su búsqueda de gasolina. Pocos días después, el precio de este modelo había subido unos 2.000 dólares.

Ante las dificultades de abastecimiento, las autoridades rusas han aprobado la comercialización de carburantes de menor calidad para ampliar la oferta disponible. Esta medida ha generado nuevas inquietudes entre algunos propietarios de vehículos y talleres mecánicos, quienes asocian ciertas averías con el combustible utilizado. Un gerente de un taller especializado en Volvo en Moscú declaró al NYT haber recibido 15 automóviles con filtros de partículas diésel obstruidos en solo dos semanas de agosto. La escasez también está modificando los hábitos de movilidad: algunos ciudadanos optan por el transporte público, bicicletas eléctricas, patinetes o la conversión de sus vehículos para funcionar con gas natural.

Rusia comenzó a impulsar con mayor intensidad la infraestructura eléctrica en 2022, ofreciendo subvenciones para cargadores rápidos y conexiones a la red. En 2023, introdujo nuevas exigencias para incorporar instalaciones de recarga en edificios de nueva construcción. El número de puntos públicos ha crecido de menos de 1.500 en 2022 a más de 8.000 en 2026, una expansión considerable que aún resulta insuficiente en ciertas áreas. Punkt E, uno de los principales operadores del país, informa que la demanda en sus estaciones se ha duplicado en las últimas semanas y que ya se forman colas para cargar los vehículos. La compañía ha decidido acelerar la construcción de otros 100 puntos, aunque los permisos y los plazos de instalación impiden una respuesta inmediata al crecimiento del mercado.

Los vehículos eléctricos siguen siendo costosos para gran parte de los consumidores rusos y su autonomía, especialmente durante los inviernos más rigurosos, continúa planteando desafíos. Los híbridos podrían beneficiarse particularmente de esta situación, al ofrecer una alternativa más flexible en un país con una infraestructura de recarga aún desigual. El Gobierno ya había implementado incentivos como exenciones fiscales, aparcamiento gratuito en grandes ciudades y ventajas en autopistas de peaje, con resultados relativamente modestos durante años. La ofensiva ucraniana contra las refinerías ha añadido un incentivo mucho más inmediato: la incertidumbre de encontrar gasolina. Esto ha transformado una campaña militar contra la infraestructura energética rusa en un inesperado motor para la electrificación de sus carreteras.