Las recientes elecciones en Estados Unidos no solo marcaron un cambio político significativo, sino que también revelaron una fuerte oposición pública a la expansión de los centros de datos. A pesar de las importantes inversiones de la industria en campañas, numerosos referéndums locales resultaron en moratorias y prohibiciones, reflejando un rechazo generalizado a estas instalaciones, incluso entre votantes de distintas afiliaciones políticas.
Estados Unidos fue escenario de unas elecciones históricas, donde el Partido Demócrata recuperó el control del Congreso y del Senado, limitando así la agenda legislativa del Gobierno de Donald Trump. Además, lograron victorias en gobernaciones de regiones tradicionalmente republicanas y se impusieron en casi todos los grupos demográficos, incluso en estados conservadores como Texas, Kansas y Carolina del Sur. Este “tsunami” electoral también afectó directamente a la industria de la inteligencia artificial, ya que los centros de datos se vieron involucrados en las votaciones.
En cada ciclo electoral importante en Estados Unidos, se celebran numerosos referéndums y votaciones locales. Durante estas elecciones, al menos 40 localidades en 13 estados distintos, según datos recopilados por J. D. Capelouto de Semafor, votaron para aprobar o rechazar la construcción de nuevos centros de datos en sus municipios. El resultado fue contundente: con una única excepción en Dakota del Norte, los centros de datos fueron rechazados en casi todas partes.
Un recuento de los resultados muestra la magnitud de la oposición. En El Dorado, Kansas, un estado fuertemente republicano, los votantes prohibieron durante diez años la construcción de centros de datos de más de 10 MW. En Urbana, Ohio, un estado crucial para la industria en los últimos años, sus habitantes aprobaron una moratoria general para todos los centros de datos. En Sunbury, también en Ohio, un campus de Amazon valorado en 2.000 millones de dólares, que estaba en pausa, ahora enfrenta un futuro incierto. En Emporia, Kansas, se vetaron los “centros de alto impacto”.
La mayoría de estos referéndums no fueron reñidos. En los lugares donde se sometió a votación, los estadounidenses se manifestaron en contra de la construcción de centros de datos en sus localidades con un consenso del 60%, 70% e incluso 80%. Existe un claro sentimiento popular en contra. Cuatro años después del auge de la IA, la industria está perdiendo la batalla por la percepción pública.
Ohio es un caso particularmente revelador, ya que ha concentrado gran parte de la inversión en centros de datos. Aproximadamente el 50% de las medidas relacionadas con centros de datos votadas ayer (21 de 41, distribuidas en 18 municipios, según Fortune) tuvieron lugar en Ohio. En los meses previos a las elecciones, ya se habían aprobado 125 moratorias locales en el estado, impulsadas por el rechazo popular: el 55% de sus habitantes se opone a la construcción de centros de datos, frente a un 22% favorable. Además, el 65% se opone a concederles ventajas fiscales.
Esta derrota es significativa porque se produce a pesar de un considerable esfuerzo político y económico por parte de la industria. Solo en Ohio, Build American AI, una iniciativa vinculada al súper PAC de Marc Andreessen y Ben Horowitz, invirtió más de 2,5 millones de dólares en anuncios televisivos. No fueron los únicos; según Citation Needed, diversas plataformas ligadas a la industria cripto y a la IA invirtieron 250 millones de dólares en estas elecciones. En las contiendas más disputadas, donde el resultado no estaba asegurado, el bando apoyado por la industria perdió nueve de cada doce, la mayoría republicanos. Estos números son relevantes y muestran lo mucho que se jugaba la industria de los centros de datos en estas elecciones.
Texas es otro ejemplo pertinente: la contienda por el puesto de Gobernador enfrentó a Gina Hinojosa, demócrata, y a Greg Abbott, republicano, ambos con posturas más bien escépticas respecto a la infraestructura de computación. Ganó Hinojosa, la primera demócrata en ocupar el cargo desde 1990, y es partidaria de una moratoria inmediata con consecuencias drásticas para el sector.
Texas es un punto clave. Estados Unidos planea añadir 43 GW de capacidad nueva para 2027. Las estimaciones actuales sitúan la capacidad instalada en el país entre 38 GW y 64 GW, dependiendo de la métrica utilizada. Según el informe de S&P, EE. UU. contaba con 3.173 centros operativos en el segundo trimestre de este año y 1.140 instalaciones en proyecto para 2027. Texas representa aproximadamente el 27% de toda la potencia planificada en EE. UU. para el próximo año y cerca del 30% de la capacidad que entrará en servicio en 2028. Esto significa que un tercio de la nueva capacidad de computación nacional está comprometida en un estado ahora bajo el liderazgo de una Gobernadora que se opone a los centros de datos. Con su energía abundante y barata, y un entorno regulatorio favorable, Texas se había convertido en un destino predilecto para la industria. La victoria de Hinojosa altera completamente este panorama.
La gente simplemente no los quiere
La impopularidad de los centros de datos es tan marcada que incluso políticos republicanos sin una fuerte oposición ideológica a esta infraestructura, como Abbott, el gobernador saliente, ya habían suspendido aprobaciones, aprobado moratorias e impulsado auditorías para supervisar el impacto de estas instalaciones en la red eléctrica. En otras palabras, la campaña de la industria estaba perdida de antemano debido a la enorme oposición a nivel local.
Una encuesta a pie de urna realizada por la NBC ilustra hasta qué punto el sentir popular es contrario a las prioridades de la industria tecnológica. Para un 23% de los votantes, la IA y los centros de datos fueron un factor “crucial” en su decisión de voto, mientras que otro 33% lo calificó como “importante”. En total, un 56% de los estadounidenses acudió a las urnas con opiniones muy firmes, bien desarrolladas y generalmente negativas hacia la IA y los centros de datos. Cuando se les preguntó específicamente sobre la posibilidad de tener un centro de datos en su localidad, el 76% se mostró en contra.
Este movimiento tiene consecuencias imprevisibles para el desarrollo inmediato de la infraestructura de computación. Según Brad Gerstner, aproximadamente 15 GW de los 43 GW de capacidad previstos para el próximo año corren el riesgo de no construirse. Antes de las elecciones, ya había 145 proyectos retrasados o cancelados. La incertidumbre y la oposición local a los centros de datos son tan grandes que la banca ya considera ambos factores como un riesgo al momento de otorgar crédito.
El Partido Demócrata ha interpretado correctamente el sentir de sus votantes y se ha posicionado con relativa claridad en contra de los centros de datos. Al menos 130 candidatos, según Semafor, emitieron anuncios durante la campaña contra estas instalaciones o contra las empresas tecnológicas en general. Sus contundentes victorias en las “midterms” y su control de ambas cámaras legislativas auguran años más complejos para las grandes tecnológicas. A los centros de datos, se podrían sumar regulaciones más estrictas para las empresas de IA.
En Stratechery, Ben Thompson sugiere que la última restricción que enfrenta la IA es política: “Primero nos faltaba capacidad de cómputo, pero eso se resolvió; ahora nos falta memoria, pero eso también se resolverá; estuvimos cerca de quedarnos cortos de energía, pero eso se corregirá. La restricción final es política, y puede que sea la más imponente de todas. No solo es más difícil de resolver, sino que además interfiere en la solución de las demás. Muchas de las teorías sobre la IA dan por hecho que acabará convirtiéndose en una commodity; yo creo que es igual de probable que nos enfrentemos a una escasez mucho más prolongada de lo que esperábamos, con efectos en cadena sobre todo lo demás.”
Más allá de su interesante análisis, las “midterms” dejan una conclusión ineludible para la industria tecnológica: tiene un problema de relaciones públicas. Durante los últimos años, Sam Altman, Dario Amodei y otras figuras destacadas de Silicon Valley han insistido en la inevitabilidad de una tecnología que eliminará millones de empleos, nos acercará al Apocalipsis, acabará con la economía mundial tal como la conocemos y, además, instalará enormes centros de datos altamente intensivos en energía y recursos cerca de las casas de miles de personas. ¿Y todo este sacrificio, para qué? Por primera vez, esa pregunta ha sido relevante en unas elecciones y ha influido emocionalmente en millones de votantes. Actualmente, la industria de la IA no tiene una respuesta óptima. Hasta que la encuentre o module su mensaje, seguirá perdiendo en las urnas.