La edad paterna influye en la calidad del esperma: Hombres mayores de 45 años presentan más mutaciones genéticas

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Un nuevo estudio revela que los hombres mayores de 45 años experimentan un envejecimiento reproductivo significativo, presentando un 31% más de mutaciones en sus espermatozoides en comparación con los menores de 30. Este hallazgo, presentado por la Fundación IVI, subraya que el reloj biológico también es relevante para la fertilidad masculina, un aspecto que tradicionalmente se ha asociado solo con las mujeres. La acumulación de errores en el ADN con la edad es un factor clave en este proceso.

Históricamente se ha asumido que solo las mujeres deben preocuparse por su reloj biológico al planificar tener hijos, sugiriendo que un embarazo temprano es preferible. Este argumento clásico se fundamentaba en la reserva ovárica limitada y el envejecimiento celular de los óvulos. No obstante, la evidencia científica ha estado advirtiendo durante años que el tiempo también es un factor crucial para los hombres.

Un reciente estudio, divulgado por la Fundación IVI durante la 42ª Reunión Anual de la Sociedad Europea de Reproducción Humana y Embriología, ha cuantificado el envejecimiento reproductivo masculino. La investigación indica que los hombres mayores de 45 años tienen un 31% más de mutaciones en sus espermatozoides en comparación con aquellos menores de 30.

A diferencia de los óvulos, que se forman durante el desarrollo embrionario femenino y permanecen en un estado latente hasta la ovulación, los espermatozoides se producen continuamente a partir de la pubertad. Esto implica que las células madre de las que provienen los espermatozoides se dividen constantemente, lo que permite que un hombre, incluso de setenta años, siga produciendo espermatozoides.

En biología celular, cada división representa una oportunidad para que ocurra un error de copia en el ADN. A pesar de que los mecanismos de reparación celular son extraordinariamente eficientes, no son infalibles. Con el paso de las décadas, los errores se acumulan, y estas alteraciones genéticas que no estaban presentes en los padres pero aparecen en la descendencia se denominan mutaciones de novo.

La comunidad científica ha estado documentando este fenómeno por más de una década. Un ejemplo de ello es un artículo publicado en Nature en 2012, que ya estableció que aproximadamente el 80% de las mutaciones de novo tienen origen en la genética paterna. Adicionalmente, los investigadores calcularon que el genoma de la descendencia adquiere entre 1 y 2 mutaciones de novo adicionales por cada año que aumenta la edad del padre. El nuevo estudio viene a confirmar estos datos.

El incremento del 31% en las mutaciones no se debe únicamente a un fallo pasivo en la reparación del ADN por el simple desgaste de la edad. Aquí interviene un fascinante mecanismo evolutivo y microscópico que opera en los testículos, conocido como "selección espermatogonial egoísta". En este proceso, algunas de las mutaciones que ocurren en las células madre de los espermatozoides no son neutras, sino que otorgan una ventaja proliferativa a la propia célula. Mutaciones específicas, como las que afectan al gen FGFR3 o a la vía de señalización RAS, hacen que estas células madre mutadas se dividan más rápidamente y sobrevivan mejor que las células sanas adyacentes. Con el tiempo, estos "clones" mutados terminan dominando grandes áreas del testículo, produciendo una proporción cada vez mayor de espermatozoides portadores de la mutación.

Las mutaciones de novo asociadas a una edad paterna avanzada están fuertemente ligadas a la aparición de enfermedades raras de origen monogénico en la descendencia, como la acondroplasia, el síndrome de Apert o el síndrome de Costello, además de mostrar correlaciones genéticas complejas con trastornos del neurodesarrollo. Sin embargo, el riesgo absoluto de que un padre mayor de 45 años conciba un hijo con una de estas patologías severas sigue siendo estadísticamente muy bajo, específicamente inferior al 0,5% en hombres mayores de cuarenta años. Esto significa que, si bien el aumento mutacional es innegable a nivel genómico, la probabilidad de que esas mutaciones impacten directamente en un gen crítico y resulten en un síndrome congénito sigue siendo poco frecuente.