La transición hacia la movilidad eléctrica avanza a diferentes ritmos en Europa, según un informe de la Agencia Internacional de la Energía. Las matriculaciones de vehículos eléctricos e híbridos enchufables crecieron un 30% en el continente el año pasado, superando la tendencia global. Sin embargo, un mapa detallado muestra una gran heterogeneidad en la adopción, influenciada por factores económicos, fiscales y de infraestructura en cada país.
Si surgiera la necesidad de adquirir un nuevo vehículo, la elección entre un coche de combustión, un híbrido o un eléctrico se presenta como una pregunta crucial. Aunque la opción de un vehículo de segunda mano es válida en un contexto de incertidumbre y precios elevados, la disyuntiva de la motorización persiste. La transición de la combustión a lo eléctrico es un proceso complejo, determinado por políticas fiscales, desarrollo de infraestructuras y el nivel de renta de la población. Esta transición ya está en marcha, pero su progreso no es uniforme en todo el continente.
El mapa muestra el porcentaje de matriculaciones de coches eléctricos nuevos en Europa en 2025, incluyendo tanto eléctricos puros como enchufables. Es importante destacar que solo se consideran los coches nuevos, no el parque automovilístico existente, donde los eléctricos representan actualmente solo alrededor del 5%. La elaboración de este mapa es obra de The World in Maps, un proyecto dedicado a la divulgación mediante cartografías e infografías, utilizando como base el informe Global EV Outlook 2026 de la Agencia Internacional de la Energía (IEA), publicado en 2026, considerado el referente mundial en movilidad eléctrica.
En el continente europeo, las ventas de coches eléctricos (vehículos eléctricos y vehículos híbridos enchufables) experimentaron un aumento del 30% el año pasado, superando el crecimiento global del 20% y alcanzando más de 20 millones de unidades. Esto significa que, si a nivel mundial uno de cada cuatro coches es eléctrico, en Europa esta proporción se acerca a uno de cada tres. De hecho, Europa ha superado a China como el mercado de coches eléctricos con mayor crecimiento, con incrementos notables en Alemania, España e Italia. No obstante, el mapa revela un panorama muy diverso en el continente, en parte debido a las políticas estatales: el apoyo público a los vehículos eléctricos, manifestado en subvenciones directas, incentivos fiscales y exenciones arancelarias, ha disminuido progresivamente en la última década a medida que las ventas aumentaban. A pesar de esto, países como Dinamarca, Noruega y Turquía mantienen condiciones muy favorables gracias a sus significativas exenciones fiscales.
La Europa eléctrica se caracteriza por los países nórdicos y Países Bajos, que registran las cuotas más elevadas: Noruega (97%), Dinamarca (71%), Suecia (61%) e Islandia (62%). El éxito en estas regiones se atribuye a una alta renta per cápita, una fiscalidad robusta sobre los combustibles fósiles, exenciones históricas para los vehículos eléctricos y una infraestructura de recarga muy avanzada. Noruega destaca especialmente, donde los coches totalmente eléctricos alcanzaron un récord del 96% de todas las ventas de automóviles en 2025, aunque a partir de 2026 las ventajas fiscales se han reducido.
Por otro lado, la Europa del combustible se extiende por el este, con países como Rusia (2%), Bosnia (5%), Rumanía y Bulgaria (6%), donde la penetración del coche eléctrico es mínima. Esto se debe a un menor poder adquisitivo, una infraestructura de recarga limitada y la ausencia de incentivos fiscales significativos. Croacia, Grecia y gran parte de los Balcanes muestran cifras similares, oscilando entre el 5% y el 15%. Esta situación contrasta con las normativas de la Unión Europea, que son cada vez más estrictas.
Estos datos son de gran relevancia, ya que el transporte por carretera es una de las principales fuentes de emisiones de dióxido de carbono en Europa, y la velocidad de electrificación aborda directamente este problema, acelerando el cumplimiento de los objetivos climáticos de la UE. Además, tiene implicaciones industriales: el sector automotriz, un pilar histórico en el continente, se está adaptando y planificando en función de la demanda. El cambio hacia lo eléctrico también posee una dimensión económica y geopolítica, donde China desempeña un papel dominante.