Contrario a la creencia popular de que el café proporciona energía, la ciencia revela que la cafeína actúa bloqueando las señales de cansancio en el cerebro. Este mecanismo implica una interacción con la adenosina, una molécula que se acumula a lo largo del día. Aunque se debate el momento ideal para su consumo, el café también se asocia con beneficios a largo plazo para la salud cognitiva y la mortalidad.
Para muchas personas, la vida antes de la primera taza de café del día es un mero trámite. Nos aferramos a esa bebida caliente buscando un "chute" de energía que nos permita afrontar la jornada, pero en realidad, la ciencia sugiere que no obtenemos energía adicional. A esto se suma el reciente debate en redes sociales y podcasts de salud que insiste en que tomar café justo al despertar es un error. Pero, ¿qué dicen realmente los datos?
La cafeína no da energía. Para entender el efecto del café en nosotros, primero debemos conocer a la verdadera protagonista del cansancio: la adenosina. Es una molécula que se acumula a medida que avanza el día y nuestro cerebro consume energía. De esta manera, la adenosina actúa como un interruptor que nos indica que "es hora de dormir" cuando alcanza ciertos niveles.
Teniendo esto claro, podemos hablar de la cafeína, que es, pura y llanamente, un ejercicio de suplantación de identidad, ya que su estructura química es muy similar a la de la adenosina. Esto es fundamental porque, al igual que dos llaves idénticas entran en la misma cerradura, la cafeína logra unirse a los receptores donde la adenosina ejerce su efecto, bloqueándolos.
Está estudiado. En la mente de muchas personas está el concepto bastante arraigado de que la cafeína es un potenciador que crea nueva energía. Pero en realidad es un 'normalizador cognitivo' que consigue bloquear las señales que inducen el cansancio y aplaza la deuda de sueño.
Hay un bajón. Mientras la cafeína está bloqueando sus receptores, la adenosina sigue acumulándose en el cerebro a medida que pasa el día, aunque no la sintamos al no poder unirse a ningún lado para manifestar sus efectos. Pero en el momento en que el efecto de la cafeína desaparece y se desengancha de los receptores, toda esta adenosina acumulada entra de golpe. Y el resultado es un gran cansancio como si nos hubieran robado toda la energía.
La toma del café. En los últimos años, impulsado por divulgadores de gran renombre, se ha popularizado el mantra de que debemos esperar entre 60 y 90 minutos tras despertar para tomar la primera taza de café. La teoría sostiene que esto permite que el pico natural de cortisol matutino se disipe y que los receptores de adenosina se "limpien", evitando así el temido bajón de la tarde.
Pero la realidad es que todavía faltan ensayos clínicos robustos que demuestren que retrasar el café cambie los niveles de energía o la calidad de sueño. Además, el pico de cortisol matutino es un proceso natural y saludable, viéndose que en los consumidores habituales de café no se altera de forma anormal este ciclo hormonal independientemente de la hora.
Tiene su lado positivo. Hay que apuntar a que las investigaciones más recientes apuntan a que el consumo de más de dos tazas de café al día se asocia con un menor riesgo de deterioro cognitivo frente a quienes no lo consumen. Incluso también se ha visto que beber de tres a cinco tazas de café antes del mediodía se asocia con un 16% menos de mortalidad por cualquier causa y una caída del 31% en el riesgo cardiovascular.