Descubierta en Fiyi una Isla de Origen Desconocido Compuesta Mayormente por Conchas de Mariscos

Tecnologia
Frente a la costa de Vanua Levu, Fiyi, una pequeña isla de 3.000 metros cuadrados ha capturado la atención científica. Su composición principal de conchas de marisco comestible, con depósitos de hasta 60 centímetros de grosor, plantea la interrogante sobre si su origen es natural o el resultado de la actividad humana. Este hallazgo, datado en torno al año 760 d.C., podría ser una valiosa evidencia de antiguos asentamientos humanos en la región.

Frente a la costa norte de Vanua Levu, la segunda isla más grande del archipiélago de Fiyi, se encuentra una pequeña isla de 3.000 metros cuadrados. En un país con más de 300 islas en el Pacífico, su tamaño no es lo sorprendente. Sin embargo, al retirar los manglares y la arena, lo que se revela son conchas, específicamente, restos de marisco comestible. La pregunta crucial que la ciencia se formula ahora es si esta vasta acumulación de cáscaras es obra de personas o de la naturaleza.

Érase una vez una isla hecha de restos de marisco. El depósito de conchas alcanza hasta 60 centímetros de grosor sobre el nivel medio de pleamar y tiene un grosor medio de entre 20 y 40 centímetros, compuesto entre un 70% y un 90% por restos de marisco comestible. La datación por radiocarbono indica que la mayor acumulación ocurrió aproximadamente en el año 760 d.C., con muestras que abarcan desde el 420 hasta el 1040 d.C.

La abundancia de especies comestibles sugiere el origen de la isla; si fuera un depósito natural, se esperaría encontrar una mezcla indiscriminada de detritos marinos, como piedras u organismos no comestibles del fondo marino.

Por qué es importante. Todo apunta a que esta simple y pequeña isla es un "shell midden" o "conchero", un basurero de conchas de origen humano. Esto la convierte en una prueba física de la existencia de una comunidad que vivió, trabajó y se alimentó en la zona costera de Culasawani. Con el paso de los siglos, esta acumulación de restos se transformó en una isla, demostrando que, incluso de forma involuntaria, los humanos pueden crear tierra. Además, los estudios arqueológicos en Vanua Levu son escasos históricamente, por lo que este yacimiento representa una gran oportunidad para reconstruir antiguos asentamientos y sus costumbres.

Contexto. El equipo de investigación tuvo conocimiento de la isla por primera vez en 2017, durante un reconocimiento general. La actividad de los cangrejos excavadores, que traían material a la superficie desde medio metro de profundidad, fue lo que llamó la atención. En 2024, retomaron la investigación y confirmaron que era una isla separada del continente.

Los "concheros" son bien conocidos en la arqueología del Pacífico, ya que proporcionan información valiosa sobre cómo vivían las comunidades antiguas, qué comían y cómo interactuaban con su entorno. En este caso, el conchero es tan grande que ha formado una isla completa. Los manglares llegaron posteriormente, una vez que el asentamiento había sido abandonado: el descenso relativo del nivel del mar y la deforestación de zonas interiores liberaron grandes cantidades de sedimento que sirvieron como sustrato para su arraigo.

En detalle. Para su análisis, el equipo de investigación extrajo 20 testigos de sedimento y excavó cuatro fosas de un metro por un metro. Todos los restos de marisco encontrados en los sedimentos correspondían a especies comestibles, predominantemente almejas del género Anadara, junto con otros bivalvos y gasterópodos comestibles, y algunos fragmentos de cerámica que indican actividad humana.

El equipo no encontró evidencias claras de huesos de animales, restos de peces ni herramientas de piedra. Esto sugiere que esas personas recolectaban el marisco en aguas someras, extraían la carne en el mismo lugar y transportaban el alimento en vasijas de cerámica a otro sitio, dejando las conchas atrás.

Sí, pero. En arqueología, la verdad absoluta es una quimera, pero la hipótesis más sólida, basada en las pruebas encontradas, es que se trata de una isla de construcción humana accidental. La alternativa natural, como una gran ola o un tsunami, se descarta, ya que arrastraría todo tipo de organismos marinos, no solo los comestibles.

Queda una tarea pendiente: determinar dónde vivían exactamente las personas que procesaban ese marisco en el lugar. El siguiente paso del equipo es explorar la zona continental cercana a Culasawani para encontrar el poblado asociado y comprender mejor el funcionamiento de todo el sistema. Además, trabajan contra reloj, ya que lo que apenas asoma entre los manglares es extremadamente vulnerable a la subida del nivel del mar, una amenaza sobre la que el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático ya ha advertido.