Ante el incremento de las temperaturas veraniegas, París ha implementado una vasta infraestructura subterránea de refrigeración de 120 kilómetros, conocida como Fraîcheur de Paris. Este sistema centralizado utiliza agua fría del río Sena para climatizar edificios, ofreciendo una solución eficiente y sostenible frente al calor, en contraste con los métodos de aire acondicionado individuales que agravan el cambio climático.
Cada verano se registran temperaturas más elevadas, una realidad confirmada por los servicios meteorológicos tanto en España como en Francia. La respuesta individual suele ser la instalación de aires acondicionados en hogares y negocios, pero esto conlleva una inversión significativa y un dilema ambiental: el aumento del uso de estos aparatos intensifica la producción de calor y las emisiones, exacerbando el cambio climático en un ciclo perjudicial.
Ya en 2018, los sistemas de aire acondicionado y ventilación representaban casi el 20% del consumo eléctrico global en edificios, según datos de la IEA. La Agencia Internacional de la Energía indica que las emisiones de dióxido de carbono asociadas al aire acondicionado casi se triplicaron entre 1990 y 2022, superando los mil millones de toneladas. En las ciudades, este problema se agrava por el efecto de isla de calor urbana. Frente a esta situación, París ha desarrollado durante décadas una infraestructura de refrigeración centralizada para toda la ciudad.
El gran aire acondicionado de París. En lugar de que cada inmueble gestione su propia climatización, la capital francesa ha optado por una infraestructura colectiva similar a la red de saneamiento, denominada Fraîcheur de Paris. El sistema funciona mediante una red de tuberías subterráneas de 120 kilómetros por donde circula agua muy fría (entre 2 y 4 °C) hacia casi mil edificios conectados. Allí, el agua absorbe el calor del interior a través de un intercambiador y regresa a las 15 plantas de producción y almacenamiento para ser enfriada nuevamente.
El proceso de enfriamiento se realiza utilizando el agua del río Sena como disipador térmico, sin que el agua del río y la del sistema se mezclen. En temporadas frías, el sistema aprovecha la temperatura natural del río para enfriar sin consumo eléctrico adicional. Para manejar los picos de demanda sin necesidad de más plantas, el sistema almacena frío durante la noche, cuando la electricidad es más económica y el ambiente más fresco. En ese momento, los depósitos acumulan frío mediante hielo y lo liberan durante las horas más cálidas del día, lo que reduce costos y optimiza el rendimiento.
Por qué es importante. Ante el desafío global del aumento de las temperaturas, una estrategia comunitaria es más eficaz que soluciones individuales, tanto en eficiencia como en uso estratégico. Las cifras lo demuestran: el EU Covenant of Mayors detalla que esta red alcanza más del 100% de eficiencia energética, consume un 35% menos de electricidad, genera un 90% menos de emisiones de refrigerantes y un 50% menos de CO₂ en comparación con instalaciones autónomas equivalentes.
Además, el funcionamiento de los equipos de aire acondicionado convencionales (con compresores exteriores) agrava el problema al crear un círculo vicioso: el aumento del calor urbano incrementa las horas de funcionamiento de los aires acondicionados, lo que a su vez eleva las emisiones de dióxido de carbono y descarga más calor residual en las calles, incrementando la temperatura ambiente. Al desviar este calor al Sena en lugar de expulsarlo a las vías públicas, la red rompe este ciclo perjudicial.
Contexto. El calor es un problema actual en París. La agencia meteorológica francesa proyecta un calentamiento de +2,7 °C en Francia para 2050, con olas de calor, sequías e inundaciones más frecuentes e intensas. Para entonces, las infraestructuras deben estar preparadas. Ciudades como Zaragoza y Valencia están desarrollando proyectos contra inundaciones, mientras París se enfoca en el calor.
En octubre de 2023, París organizó "Paris à 50 °C" (París a 50 °C), un simulacro de crisis por ola de calor en dos barrios. En este escenario futuro pero probable, la refrigeración deja de ser un lujo para convertirse en una necesidad básica.
En detalle. El sistema se originó a finales de los años 70 como una iniciativa de comerciantes para climatizar sus locales, lo que precedió a un proyecto municipal planificado. En 1991, se otorgó la concesión pública del servicio a Climespace, filial de ENGIE, por un período de 30 años. Desde 2022, su gestión está a cargo de una empresa conjunta público-privada entre ENGIE y la Administración Autónoma de Transportes Parisinos. Esta empresa tiene un contrato de explotación de 20 años que abarca la producción, almacenamiento, transporte y distribución de frío, con un valor estimado de 2.400 millones de euros.
Este sistema de aire acondicionado urbano tiene un plan de expansión aprobado: el acuerdo de concesión actual incluye el compromiso de extender la red en 158 kilómetros adicionales y construir 20 nuevas plantas de producción. El objetivo es cubrir todos los barrios de París y alcanzar más de 3.000 suscriptores, incluyendo pequeñas empresas, hospitales, guarderías y residencias de ancianos, según Raphaëlle Nayral, secretaria general de Fraîcheur de Paris.
Sí, pero. Aunque Fraîcheur de Paris funciona eficazmente en la capital francesa, no es un modelo universalmente exportable. Requiere tres condiciones que París posee: una alta densidad poblacional que justifique la inversión en tuberías subterráneas, un río con caudal suficiente para actuar como sumidero de calor, y una administración local capaz de gestionar contratos de gran envergadura y larga duración. Además, a pesar de su expansión, la red aún no cubre toda la ciudad, por lo que el beneficio solo llega a una parte de la población. Si bien comenzó en los años 90 y se prevé una gran expansión para 2042, es evidente que no es un proyecto sencillo, económico ni de implementación rápida.