En 1950, Eddie Hall, un adinerado entusiasta del automovilismo, logró una proeza sin precedentes en las 24 Horas de Le Mans: completar la carrera en solitario a bordo de su Bentley 4¼. Este evento tuvo lugar en una época donde las regulaciones de seguridad eran laxas y el uso de estimulantes era común en la competición. Su gesta, aunque irrepetible hoy día, marcó un hito en la historia de esta legendaria carrera de resistencia.
El 11 de junio de 1955, el circuito de La Sarthe vivió el día más trágico de su historia. Juan Manuel Fangio y Mike Hawthorn competían por la primera posición. Horas después de la salida, Hawthorn, tras adelantar al Austin de Lance Macklin, recibió señales de sus mecánicos para entrar en boxes.
Hawthorn, a máxima velocidad, frenó bruscamente para su parada. En ese entonces, los boxes no estaban separados físicamente de la recta, por lo que intentó maniobrar en el último instante. Macklin, sorprendido por la maniobra, esquivó el Jaguar de Hawthorn como pudo.
Sin embargo, a su izquierda, Pierre Levegh (también doblado) se acercaba a gran velocidad, seguido por Fangio, ambos en Mercedes. Levegh chocó violentamente con el Austin de Macklin, y el coche británico se transformó en una rampa, lanzando el vehículo de Levegh contra la multitud en la tribuna principal.
Pierre Levegh y 83 espectadores perdieron la vida, pero la carrera continuó.
Aquel día, no obstante, marcó un antes y un después en la historia de Le Mans.
El accidente de 1955 impulsó mejoras constantes en la seguridad del circuito y de la propia carrera. Aunque Le Mans ha evolucionado con el tiempo y otros incidentes han requerido modernizar los criterios de seguridad, algo fundamental cambió ese año.
Porque, hasta entonces, Le Mans era una carrera con normas menos estrictas.
3.200 kilómetros en solitario
Le Mans es una competición fascinante, uno de los pocos eventos automovilísticos donde la élite mundial compite con pilotos aficionados.
Actualmente, una persona con los recursos suficientes puede formar un equipo y participar, siempre que posea las licencias necesarias. La FIA clasifica a los pilotos según su experiencia y logros. Las exigencias federativas varían dependiendo de la categoría en la que se inscriba el equipo.
Esto es un vestigio de los 'gentleman drivers' como James Dean, individuos acaudalados y apasionados por el automovilismo que participaban en competiciones oficiales con sus propios equipos, enfrentándose a escuderías respaldadas por fabricantes. Una tradición que ha perdurado, aunque con una reducción significativa de participantes.
Los 'gentleman drivers' no eran una rareza en la primera mitad del siglo XX, por lo que la presencia de Eddie Hall a bordo de un Bentley 4¼ no sorprendió a nadie. Lo que sí fue inusual fue que nadie lo relevara. Hasta después del accidente de 1955, no era obligatorio cambiar de conductor en Le Mans, y no fue hasta bien entrada la década de 1980 que se exigió contar con tres pilotos, con límites máximos y mínimos de horas de conducción.
Según MotorSport Magazine, Eddie Hall nació en una familia adinerada con un negocio textil. Nacido en 1900, ya participaba en competiciones automovilísticas antes de cumplir los treinta. Su pasión por la velocidad lo llevó incluso a participar en bobsleigh en los Juegos Olímpicos.
Impulsado por su sed de velocidad, Hall contactó con Rolls-Royce para competir con uno de sus deportivos en la Mille Miglia, una histórica carrera italiana que se disputaba en tráfico abierto. En ese momento, Rolls-Royce fabricaba los coches de Bentley (que ya había ganado Le Mans antes de ser adquirida), con los Bentley más orientados a la competición y los Rolls-Royce a los viajes de lujo.
Bentley mantuvo su reputación competitiva bajo el amparo de Rolls-Royce, y Eddie Hall adquirió uno de sus vehículos para la carrera italiana, el mismo que usaría en las 24 Horas de Le Mans de 1950. Era un Bentley 4¼ que, para entonces, ya tenía 16 años. En el reportaje de MotorSport Magazine, se cuestionan si este deportivo fue el más antiguo en completar la prueba de resistencia.
Con su Bentley, Eddie Hall se presentó en la recta de meta del Circuito de La Sarthe para tomar la salida, ya que el coche era suyo y él había financiado su participación. En boxes le esperaba Tom Clarke, un piloto de Aston Martin asignado como compañero, pues en aquella época los equipos tenían solo dos pilotos.
Aunque Clarke figura en las estadísticas oficiales de la carrera, todo indica que nunca se subió al coche. La razón era simple: a Eddie Hall no le gustaba compartir sus vehículos, y ese era su coche. Se cuenta que la propia esposa de Hall tuvo que consolar a su compañero, cada vez más desanimado, al darse cuenta de que no recorrería ni un metro en el Bentley 4¼ ese día.
¿Cómo logró Eddie Hall semejante hazaña? En Road & Track, sugieren que solo fue posible recurriendo a drogas. En aquellos años, las anfetaminas eran de uso común en diversos deportes y parecen la explicación más plausible para que un hombre pudiera mantenerse despierto y con los reflejos necesarios para conducir toda la noche y llevar su Bentley a la meta en octavo lugar, cubriendo más de 3.000 kilómetros.
El uso de todo tipo de estimulantes era conocido en el ámbito de la competición. En Motorsport.com, Stirling Moss confesó haber consumido anfetaminas, bencedrina o dexedrina. Café, alcohol y drogas formaban un cóctel habitual para quienes llevaban sus cuerpos al límite.
Un año después, Eddie Hall volvió a participar en las 24 Horas de Le Mans con un Ferrari, pero tuvo que retirarse a mitad de la competición. Nadie más ha repetido su hazaña, ni podrá hacerlo, ya que desde 1985 los equipos deben contar con tres pilotos, y ninguno puede conducir más de cuatro horas consecutivas dentro de un bloque de seis horas, ni acumular más de 14 horas en toda la competición.