Chile buscó reducir su dependencia digital de Norteamérica mediante un cable submarino directo a China, lo que desencadenó un significativo conflicto geopolítico. Estados Unidos reaccionó negativamente a la iniciativa, llegando a revocar visados a funcionarios chilenos. Este episodio pone de manifiesto la compleja situación de Chile para equilibrar sus relaciones comerciales con China y su relación estratégica con Estados Unidos, mientras busca diversificar su infraestructura digital.
Durante décadas, Chile ha procurado disminuir su dependencia digital de Norteamérica. La aparición de China Mobile como una alternativa parecía resolver sus desafíos relacionados con el tendido de un cable submarino desde Valparaíso hasta Hong Kong. No obstante, esta cuestión ha provocado un considerable enredo geopolítico de difícil manejo, debido a la fuerte desaprobación de Estados Unidos.
Independencia dependiente. Prácticamente toda la infraestructura de cables submarinos que conecta a Chile con el resto del mundo transita por territorio estadounidense o está bajo el control de empresas tecnológicas norteamericanas como Google, Meta o Amazon. Cuando Chile exploró una ruta directa hacia Asia, descubrió que la única opción viable involucraba a China, lo cual alertó a Washington.
Qué se estaba negociando. China Mobile, una empresa estatal de telecomunicaciones china, presentó una propuesta de 500 millones de dólares para instalar un cable submarino de aproximadamente 20.000 kilómetros entre la ciudad chilena de Concón y Hong Kong. El proyecto, denominado Chile-China Express, habría establecido la primera conexión transpacífica de datos desde América Latina hacia Asia sin pasar por Norteamérica. El ministerio de Telecomunicaciones chileno aprobó la propuesta en enero pasado.
La respuesta de Washington. Según informa Rest of World, dos días después de que Chile firmara el decreto de concesión, el ministerio lo anuló alegando "un error técnico". El medio añade que funcionarios chilenos habían sido convocados de urgencia a la embajada estadounidense en Santiago. Posteriormente, el 20 de febrero, el Departamento de Estado revocó los visados del ministro de Transporte y Telecomunicaciones, Juan Carlos Muñoz, junto a otros dos altos cargos del sector.
La notificación oficial indicaba que sus acciones habían "comprometido infraestructura crítica de telecomunicaciones y socavado la seguridad regional". Muñoz explicó a Rest of World que la sanción le impedía visitar un país crucial para su labor y había perjudicado su reputación.
Lo que Chile defendía. Desde la perspectiva de Chile, la evaluación del proyecto era un procedimiento habitual. Jorge Heine, exdiplomático chileno, señaló al medio que la diversificación de las fuentes de comunicación digital es fundamental para prevenir interrupciones causadas por tensiones geopolíticas. Expresó que "El Departamento de Estado se adentró en un territorio inexplorado" al sancionar a funcionarios por cumplir con sus deberes dentro del marco legal.
El nuevo presidente hereda el problema. El cambio de gobierno el 11 de marzo complicó aún más la situación. El expresidente, Gabriel Boric, admitió haber ordenado la retirada de la aprobación tras amenazas de Estados Unidos sobre consecuencias a largo plazo. Su sucesor, el derechista José Antonio Kast, asumió el poder con la difícil tarea de mantener las relaciones con China, su principal socio comercial, sin irritar a Estados Unidos, que es su principal inversor extranjero. Una situación compleja.
El embajador estadounidense en Chile dejó claro, poco después de la toma de posesión, que el cable chino estaba "descartado".
La postura oficial se ha ido matizando. El gobierno de Kast inicialmente argumentó que el cable Humboldt de Google, que conectará Chile con Australia en 2027, hacía innecesario el proyecto de China. Sin embargo, más recientemente, fuentes del ejecutivo han reconocido que el proyecto de China Mobile "sigue siendo evaluado".
Pedro Huichalaf, investigador en ciberseguridad y exsecretario de telecomunicaciones, explicó a Rest of World que para Chile "sigue teniendo sentido crear redundancia" con una ruta principal y una secundaria hacia Asia.
La trampa geopolítica. El cable de Google no resuelve completamente el problema. Según apunta Heine, los acuerdos de inteligencia entre Estados Unidos y Australia implican que el tráfico de datos sudamericano hacia Asia-Pacífico seguirá bajo supervisión estadounidense. Existe un precedente al respecto, ya que tras las revelaciones de Edward Snowden sobre los programas de vigilancia global de la NSA, Brasil y la Unión Europea aceleraron el despliegue del cable EllaLink para conectarse directamente y evitar el paso por Norteamérica.
Cómo queda el tablero. China lleva años expandiendo su presencia digital en América Latina. El país opera redes 5G y centros de datos en México, Brasil, Chile, Perú y Argentina a través de empresas como China Telecom, Huawei, ZTE y Alibaba Cloud. Brasil, por su parte, está impulsando un cable propio de 35.000 kilómetros que conectaría con China, India, Rusia y Sudáfrica.
Washington percibe cada uno de estos movimientos como una amenaza a su influencia en el hemisferio. De hecho, como destaca el medio, la llamada Doctrina Donroe del gobierno Trump formaliza esa postura al no permitir que "adversarios extranjeros" utilicen el comercio como palanca para controlar infraestructura crítica en la región.
Y a largo plazo. Como apunta Rest of World, la solución más sólida para Chile no implica elegir entre Washington y Pekín, sino reducir la dependencia de ambos. Aisén Etcheverry, exministra de Ciencia y Tecnología del gobierno Boric y consultora tecnológica, comentó al medio que "América Latina ha forjado relaciones duraderas con una amplia variedad de socios. Aunque esto aporta resiliencia, no es suficiente. Desarrollar capacidades propias debe ser una prioridad".