Nuevo estudio revela que la red hidráulica milenaria Zenú en Colombia fue construida y gestionada comunitariamente, sin élites

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Una investigación reciente desafía la noción de que las obras de infraestructura colosales requieren una gestión centralizada. El estudio, centrado en la vasta red de canales y montículos de la cultura Zenú en La Mojana, Colombia, sugiere que este sistema fue construido y mantenido de forma comunitaria, sin la necesidad de élites o figuras de autoridad jerárquica. Este hallazgo redefine nuestra comprensión de la organización social en civilizaciones antiguas.

Hace dos milenios, en la región caribeña colombiana de La Mojana, la cultura Zenú edificó una extensa red de canales y montículos de tierra visibles incluso desde el espacio. Desde la década de 1960, las imágenes satelitales han evidenciado sistemas similares de campos de cultivo elevados distribuidos por toda América, desde los Andes centrales hasta Mesoamérica. Específicamente en La Mojana, en la confluencia de los ríos Magdalena, Cauca y San Jorge, se extienden más de 500.000 hectáreas de estos canales y camellones. Tras su descubrimiento inicial, se había postulado que su construcción implicaba una gestión del agua centralizada y jerárquica. Sin embargo, un nuevo estudio refuta esta hipótesis con datos concretos.

El equipo de investigación cartografió con gran precisión 1.601 camellones y 63 plataformas de vivienda en un área de estudio de aproximadamente 500 hectáreas, utilizando imágenes satelitales y un modelo digital de elevación basado en LiDAR. A partir de esta información, calcularon el volumen de tierra movido para cada estructura y lo compararon con la capacidad de trabajo humano. La conclusión fue que todo el sistema pudo haber sido construido por unas 800 personas trabajando conjuntamente en menos de un mes y medio (entre 0,7 y 1,5 meses). Esto significa que la mitad de los habitantes de la zona podría haberlo logrado en menos de la mitad de una estación seca. Para el mantenimiento posterior, la comunidad solo habría necesitado unos pocos días de trabajo al año, con una renovación completa cada aproximadamente 25 años.

Según los investigadores, este es el primer caso que demuestra “en términos concretos y cuantitativos” que obras de tal magnitud no requieren la presencia de jefes o élites; fue una organización comunitaria autogestionada la que llevó a cabo el proyecto. Esta conclusión desmantela la creencia arraigada de que las infraestructuras y monumentos de proporciones colosales siempre necesitan un poder centralizado para su ejecución.

Estos sistemas hidráulicos Zenú fueron edificados entre el siglo I a.C. y los siglos X-XI d.C., y cumplían múltiples funciones: durante la época de lluvias, absorbían el agua para liberarla en los periodos más secos, evitando así inundaciones y sequías. Además, permitían el cultivo por encima del nivel del agua y facilitaban el acceso a los peces que quedaban en las ciénagas. Las prácticas milenarias de La Mojana seguirían siendo beneficiosas hoy, ya que la región sufre actualmente graves problemas de inundaciones; entre 2021 y 2023, más de medio millón de personas resultaron afectadas. Los diques modernos no soportan las crecidas y se rompen con frecuencia.

El equipo clasificó los camellones en cuatro tipos según su orientación y longitud. Los más largos habrían requerido varios meses de trabajo para una sola familia de cinco miembros; sin embargo, los más pequeños eran factibles de construir por una familia en pocos días. En un contexto comunitario, la situación cambia: el mismo camellón grande podría haberse construido en menos de medio día. De hecho, el conjunto de los 170 camellones más largos (los de mayor coste de construcción) se habría levantado en solo dos semanas. Tras analizar su distribución, el equipo descubrió que las plataformas de vivienda de mayor tamaño se concentran cerca de los nodos con mayor centralidad de la red, lo que sugiere que estas plataformas también funcionaban como puntos de encuentro del sistema, posiblemente como centros de actividad social, económica o ritual.

Sin embargo, es importante señalar que estas conclusiones se basan en el análisis de una pequeña porción del terreno, no la totalidad del sistema (500 hectáreas de las 500.000 existentes), lo que implica una extrapolación razonable pero aún no demostrada a una escala mayor. Además, debido a la falta de suficientes dataciones absolutas, no se sabe si todo el sistema estuvo en uso simultáneamente. Por separado, es posible que algunas de esas plataformas habitacionales tuvieran otros usos (ceremonial, ritual o de almacenaje), lo que podría inflar las cifras de población. Por otro lado, los camellones más largos sí requerían cierta coordinación entre varias familias, aunque esto no contradice el estudio: la ausencia de un jefe que mandara no implica la inexistencia de alguna forma de organización.