El Mundial de Fútbol de 2026 presentará un "desafío" significativo para los atletas. Este torneo, que será el primero con un mayor número de partidos y selecciones, se llevará a cabo en tres naciones anfitrionas: Estados Unidos, México y Canadá. Los jugadores deberán adaptarse a condiciones extremas de calor, la altitud en ciertas ciudades sede y las extensas distancias entre los puntos de competición, lo que añade una complejidad sin precedentes al evento.
MADRID.- El campeonato mundial de fútbol de 2026, que inicia este jueves, representará un "reto" considerable para la condición física de los participantes. Esto se debe no solo a que es la primera edición con más encuentros programados –debido a la expansión de equipos y la inclusión de una fase de dieciseisavos de final– sino también a las altas temperaturas, la elevación en diversas locaciones y los considerables recorridos, ya que el evento se distribuirá en tres países: Estados Unidos, México y Canadá.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ya ha manifestado que el calor extremo será una característica distintiva de la Copa del Mundo, implicando riesgos tanto para los deportistas como para los espectadores. De hecho, un análisis solicitado por la Federación Internacional de Asociaciones de Futbolistas (FIFPRO) estima que veintiséis de los ciento cuatro partidos del certamen se disputarán bajo condiciones peligrosas para los futbolistas. Esto incluye la final, dos partidos de cuartos y el encuentro por el tercer lugar.
La FIFA ha implementado dos pausas de hidratación de tres minutos en el punto medio de cada tiempo de juego.
Desde la Sociedad Española de la Medicina del Deporte (Femede), el médico Jesús Viosca explica a EFE Salud que esta Copa Mundial de 2026 es un "reto para la fisiología humana" por las temperaturas "extremas": "Más del 80 % de las sedes pueden superar los 35 grados Celsius", a lo que se suman la humedad, la radiación solar y el viento, que incrementan la sensación térmica.
El desfase horario
Además de las altas temperaturas, es crucial considerar los trayectos entre las distintas ciudades anfitrionas, que cruzan un total de tres franjas horarias. Este factor complica la recuperación de los jugadores del desfase horario inicial.
"El desfase horario es una alteración del ritmo circadiano. Poseemos un reloj principal en el hipotálamo y otros secundarios en órganos como músculos, intestino, páncreas… y en cada zona horaria se produce una desincronización", enfatiza Viosca, quien se desempeña como médico de la Academia del Valencia CF.
En el Mundial de 2026 en particular, la extensión geográfica es tal que, de este a oeste, hay 4.300 kilómetros y de norte a sur, aproximadamente 4.000, con distancias entre sedes que pueden requerir hasta siete horas de viaje, "lo que generará cansancio acumulado sin importar la cantidad de zonas horarias".
Por primera vez, participarán 48 equipos, ocho más que en ediciones anteriores, y 16 estadios albergarán los 104 encuentros del campeonato. En total, serán 39 días de competición, desde el 11 de junio hasta el 19 de julio, fecha en que se disputará la final en el MetLife Stadium de Nueva York (EE.UU.).
Habrá selecciones a las que les podría costar más la aclimatación inicial, indica el especialista. "No es lo mismo un equipo como el de Nueva Zelanda, que quizás deba cruzar entre 16 y 19 zonas horarias, que otro que se encuentre más cerca, aunque tenga que viajar menos durante el torneo", señala.
Asimismo, no es igual desplazarse de este a oeste que de oeste a este. En el primer caso, el organismo se adapta con mayor dificultad, ya que es como si tuviera que adelantar un día, mientras que al viajar hacia el oeste, es como si se retrasara.
La altitud y la intensidad del calendario
A esto se añade la contaminación ambiental, ya que en Estados Unidos son frecuentes los incendios forestales en esas fechas, lo que puede incrementar la formación de ozono debido a los contaminantes aéreos.
Además, no hay que olvidar la altitud. "No es lo mismo competir en Ciudad de México, situada a 2.240 metros, que en Monterrey o en otras sedes que se encuentran al nivel del mar. Existen estudios que sugieren que por cada 1.000 metros, a partir de los 1.500 metros de altura, el equipo aclimatado a la altitud tiene una ventaja de medio gol", asegura Viosca.
Después de una extensa temporada en la que los equipos han disputado ligas y otras competiciones, los jugadores llegan al Mundial, donde se jugará un número de partidos sin precedentes.
"La exigencia competitiva para los futbolistas es muy elevada. Uno de los problemas del fútbol de élite son las lesiones musculares, que incluso continúan en aumento cada año, debido al calendario y al número limitado de efectivos", comenta el experto, quien subraya que al final de la temporada existe una mayor "sobrecarga" y que, dependiendo de cada jugador y equipo, esto puede influir en mayor o menor medida.
Considerando todo esto, Viosca opina que la respuesta fisiológica de los atletas puede ser "un factor determinante" para el desempeño de los equipos, de modo que aquellos que optimicen mejor las estrategias de recuperación "serán los que tendrán mayores probabilidades de ganar o de obtener un mejor resultado".
Estrategias de Adaptación
Los participantes del Mundial son futbolistas "de alto nivel" y cuentan con profesionales en sus selecciones que cuidan cada detalle para minimizar el impacto de estas adversidades en el rendimiento físico y mental.
Una recomendación habitual, según el médico de la Academia del Valencia CF, es que la selección viaje catorce días antes del inicio de la competición al país anfitrión para una mejor aclimatación y para comenzar los entrenamientos allí. Sin embargo, esto no es factible debido al apretado calendario de competiciones, principalmente el europeo.
Viosca enumera algunas de las tácticas para mitigar estos efectos, partiendo de la premisa de que quienes provengan de ligas donde se juega con mayor calor, altitud o humedad podrían tener "una ventaja adicional".
Para la adaptación al calor, menciona medidas como el uso de sauna después del entrenamiento, donde los jugadores permanecen entre 20 y 30 minutos a 80 grados, o baños de media hora con agua caliente a cuarenta grados. Estas son prácticas pasivas para la aclimatación a las altas temperaturas.
El empleo de chalecos de enfriamiento antes de los encuentros para reducir el calor es otra de las sugerencias.
Para ayudar con el desfase horario, es aconsejable ajustarse a los horarios de comidas locales, ya sea adelantándolas o retrasándolas, y también a la exposición a la luz, "que es un potente resincronizador".
Específicamente, para retrasar el ritmo circadiano, es conveniente exponerse a la luz al final del día. Por el contrario, para adelantarlo, se recomienda la exposición a la luz matutina y luego evitarla o reducirla con gafas de sol.
La nutrición "es esencial", por lo que los equipos llevan a sus nutricionistas en la expedición. Hay pautas básicas como evitar la cafeína, el alcohol y los alimentos ultraprocesados. A veces, la melatonina, en dosis adecuadas, resulta útil según el experto de Femede, sin olvidar las vitaminas, los oligoelementos y la hidratación.
Y el ejercicio físico es un factor que estimula la reorganización del reloj biológico.
El uso de medias de compresión para las extremidades inferiores durante los vuelos suele ser beneficioso para prevenir edemas.
En cuanto a la adaptación a la altitud, se sugiere el entrenamiento en hipoxia –en condiciones de bajo oxígeno– incluso si es simulada.
"A partir de 1.500 metros, por cada mil metros de altitud, el consumo de oxígeno disminuye un 8 %. Esto influirá en el rendimiento cognitivo, y el fútbol moderno es muy cognitivo, muy mental", concluye el especialista de Femede.