Las proyecciones postelectorales en Israel sugieren que los dos principales partidos árabes, la Lista Árabe Unida (Raam) y la Lista Conjunta, podrían alcanzar una representación sin precedentes en la Knéset, el parlamento israelí. Este logro, que casi duplicaría su número actual de escaños, es crucial dado que ninguno de los bloques políticos mayoritarios parece obtener la mayoría absoluta, lo que podría otorgar a las formaciones árabes un papel decisivo en la formación del próximo gobierno.
Las dos principales agrupaciones políticas árabes en Israel, la Lista Árabe Unida (Raam) de orientación islamista y la Lista Conjunta, se proyecta que conseguirán entre 17 y 18 de los 120 puestos disponibles en la Knéset, el parlamento de Israel. Estas estimaciones provienen de las encuestas de salida difundidas por los canales Kan 11, Canal 12 y Canal 13. Si estas previsiones se confirman, ambas formaciones alcanzarían la mayor cuota de representación árabe desde el establecimiento del Estado de Israel, casi duplicando los 10 diputados que lograron en las elecciones de 2022.
La distribución de estos escaños cobra una relevancia particular, ya que ninguno de los dos grandes frentes políticos lograría los 61 diputados necesarios para asegurar la mayoría absoluta en el Parlamento. La coalición opositora, liderada por el exjefe del Estado Mayor Gadi Eisenkot, e integrada por su partido Yashar, la alianza B’Yachad —asociada a los antiguos primeros ministros Naftali Bennett y Yair Lapid—, los Demócratas de Yair Golan e Yisrael Beitenu, dirigido por Avigdor Lieberman, se estima que obtendrá entre 52 y 53 escaños, según las proyecciones iniciales. La cadena pública Kan más tarde ajustó su cálculo, situando a este bloque en 52 diputados. Por su parte, el bloque del primer ministro Benjamin Netanyahu conseguiría 50 escaños en las tres proyecciones difundidas por las cadenas israelíes.
En este panorama parlamentario, la presencia de los partidos árabes podría adquirir una gran importancia en las negociaciones políticas que seguirán a las elecciones, dada la dificultad de los principales bloques para reunir los apoyos necesarios y así formar un Gobierno. Sin embargo, el número definitivo de escaños que consigan estas formaciones y las decisiones que tomen durante las negociaciones serán determinantes para su capacidad de influencia en la próxima etapa política de Israel. Los resultados finales deberán ratificar las estimaciones de los sondeos a pie de urna, que ofrecen una primera aproximación a la composición de la Knéset.