En un panorama mundial marcado por la incertidumbre y las tensiones geopolíticas, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) enfatiza la necesidad de que los países latinoamericanos prioricen el crecimiento económico. Esto les permitirá afrontar de mejor manera los recurrentes 'choques externos', según declaró su secretario ejecutivo, José Manuel Salazar-Xirinachs. Un crecimiento robusto es crucial para financiar la protección social y mitigar el impacto de las crisis en las poblaciones vulnerables.
En un entorno global de incertidumbre y tensiones geopolíticas, los países de América Latina necesitan "priorizar" el crecimiento económico para hacer frente de manera más efectiva a los "choques externos cada vez más frecuentes y casi continuos", según explicó a EFE el secretario ejecutivo de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), José Manuel Salazar-Xirinachs. "Sin importar si son de izquierda o de derecha, es fundamental que los Gobiernos otorguen una gran prioridad al desarrollo económico", indicó el economista costarricense después de que el organismo, con sede en Santiago de Chile, publicara un informe sobre los efectos en la región del conflicto en Oriente Medio. Sin un crecimiento dinámico y sólido, señaló, los gobiernos carecen de la recaudación necesaria para financiar redes de protección social eficaces o para amortiguar los impactos de las crisis recurrentes sobre los segmentos más desfavorecidos de la población.
La región, de acuerdo con la Cepal, se encuentra atrapada "en una dinámica de baja capacidad para crecer", y el período 2014-2024 se consideró una "década perdida", en la que se registró un crecimiento regional promedio de apenas el 0.9 %. En 2025, el crecimiento fue del 2.4 %, y para este año, el organismo proyecta una expansión del 2.2 %, cifra que podría ser ajustada a la baja en los próximos meses si Estados Unidos e Irán no alcanzan un acuerdo y las hostilidades, junto con el cierre del estrecho de Ormuz, persisten.
Para Salazar-Xirinachs, la situación global actual ofrece dos enseñanzas: "es necesario considerar más que nunca las dinámicas de la economía internacional" y "la región debe impulsar su crecimiento económico desde dentro, sin depender exclusivamente de que los mercados globales o las materias primas mejoren". Según el economista, "es muy poco probable que se produzca ahora un 'boom de los commodities' como el que hubo cuando China crecía entre el 9 % y el 10 % en la década de 2003-2013", afirmó. "No podremos implementar políticas de desarrollo productivo sin comprender lo que sucede en el mundo", añadió el economista, quien aseguró que "no solo debe haber un cambio en las políticas gubernamentales, sino también en la forma en que los gobiernos y los sectores privados colaboran". "Ya no es como antes. Ahora, el sector privado en muchos casos se encontrará con barreras de diplomacia comercial y tendrá que dialogar más con su gobierno", declaró.
Efectos que se mantendrán durante todo 2026
Aunque América Latina y el Caribe tiene una exposición directa menor al golfo Pérsico en comparación con Asia o Europa, y genera más del 64 % de su electricidad con fuentes renovables, las repercusiones del conflicto se sentirán a lo largo de todo el año. En su informe presentado el viernes, la Cepal advirtió que, incluso si se produce una eventual disminución de las hostilidades, no se lograría una normalización inmediata. Una parte del impacto ya se transfirió a los mercados entre marzo y junio, pero el aumento del costo de los fertilizantes —los países del Golfo concentran aproximadamente el 34 % de las exportaciones mundiales de urea y cerca del 20 % de otros fertilizantes esenciales— puede tardar meses en reflejarse en las cosechas, el transporte y los precios de los alimentos. "Algunos impactos, como el de los precios del petróleo, son muy rápidos, pero otros, como el de los precios de los alimentos, tienen un retraso", explicó.
El impacto, además, varía entre los países de la región, y aquellos que exportan más petróleo y gas de lo que importan (Guyana, Venezuela, Trinidad y Tobago, Colombia, Brasil y Ecuador) podrían obtener mayores ingresos externos y fiscales. En el escenario base del informe, con precios energéticos un 25 % superiores a los de 2025, la balanza comercial de América Latina y el Caribe mejoraría apenas 0.05 % del PIB, pero este promedio oculta diferencias significativas para la mayoría de las economías regionales que son importadoras netas de energía y deberán pagar más por sus adquisiciones externas. "Los países que son importadores netos se ven afectados por todos los canales: el comercial, el fiscal, el de precios, el financiero y el de política monetaria", destacó. Centroamérica, Haití y la República Dominicana registrarían un deterioro conjunto equivalente a 0.9 % del PIB, mientras que en los países caribeños que no exportan hidrocarburos, la pérdida sería de 0.5 puntos. Incluso en América del Sur, donde el resultado agregado sería positivo, naciones como Chile y Perú enfrentarían una factura energética más elevada, según la Cepal.