Un estudio reciente revela que las noches calurosas, especialmente aquellas por encima de los 25°C, impactan negativamente nuestra capacidad de tomar decisiones racionales. La privación de sueño resultante afecta el rendimiento cognitivo, particularmente en tareas matemáticas cruciales para evaluar riesgos económicos. Este fenómeno se agudiza en hogares con menos recursos, donde el acceso a aire acondicionado es limitado, evidenciando una disparidad social ante el cambio climático.
Ted Mosby, de 'How I met your mother', solía decir que nada bueno sucede después de las 2 de la mañana, y su argumento tiene sentido, ya que el cansancio y el sueño no son buenos consejeros. Si además se han consumido bebidas alcohólicas, es aún más prudente abstenerse de enviar mensajes de los que uno pueda arrepentirse. Existe otro momento en el que es mejor evitar tomar decisiones importantes: cuando hace mucho calor. Esta afirmación no es una opinión personal, sino que está respaldada por la ciencia.
Considerando lo caluroso que está resultando este verano que apenas comienza, es recomendable tomar las cosas con calma. Un equipo de investigación de Monash Business School llevó a cabo un estudio que analizó cómo la temperatura influye en la capacidad de tomar decisiones racionales. El hallazgo más notable es que no son los días calurosos los que más afectan, sino las noches, específicamente aquellas con temperaturas superiores a 25°C.
Tal como experimentamos en la actualidad, esas noches tórridas deterioran la calidad del sueño, y la falta de descanso pasa factura al día siguiente en el rendimiento cognitivo, afectando de manera particular a las tareas matemáticas necesarias para evaluar riesgos económicos. La relación entre el sueño y la cognición no es un concepto nuevo: la privación de sueño altera la función ejecutiva, la memoria de trabajo y el control de impulsos.
La importancia de esto radica, en primer lugar, en que a lo largo del día tomamos numerosas decisiones, la mayoría de ellas pequeñas, que acumuladas en el tiempo pueden generar consecuencias duraderas. Un ejemplo podría ser una compra impulsiva en lugar de ahorrar el dinero.
Además, el estudio demuestra que este efecto discrimina entre clases sociales, golpeando con mayor fuerza a los hogares con menos ingresos, donde el aire acondicionado, ya sea tenerlo o encenderlo, representa un lujo. El disconfort térmico no es un fenómeno aislado; es una realidad que los veranos son cada vez más calurosos, y las olas de calor se suceden con mayor intensidad y frecuencia.
Para el estudio, se utilizó la Encuesta de Vida Familiar de Indonesia, que recopila datos de miles de familias del país asiático durante años, junto con datos de temperatura obtenidos de satélites de la NASA. Esto permitió diferenciar las temperaturas diurnas de las nocturnas. Este trabajo se enmarca dentro de una investigación más amplia sobre clima y comportamiento económico, donde ya se ha constatado que el calor disminuye nuestra productividad, pero también incrementa la agresividad y los comportamientos de riesgo.
El mecanismo que explica estas malas decisiones radica en la falta de sueño o en un sueño de baja calidad. Esta privación afecta de manera desproporcionada las habilidades numéricas y de cálculo, más que otras capacidades cognitivas. Precisamente, estas habilidades matemáticas son las que sustentan las decisiones relacionadas con el riesgo o aquellas que tienen consecuencias en diferentes periodos de tiempo.
No obstante, el estudio se enfoca en un único país con un clima y condiciones socioeconómicas particulares, por lo que la extrapolación a otros lugares requiere de cierta cautela. Adicionalmente, existen otros factores, como la contaminación, que también inciden en el rendimiento cognitivo.