Artistas solicitan a sus fans evitar defecar en conciertos para no perder su lugar

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La cantante Olivia Rodrigo ha revelado que ha percibido el olor de fans que, para no perder su codiciado lugar en primera fila, optan por usar pañales o incluso defecar en el sitio durante los conciertos. Esta tendencia, también observada en eventos de otros artistas como Taylor Swift y Noah Kahan, subraya una problemática creciente relacionada con los elevados precios de las entradas y las restrictivas políticas de acceso a los recintos, que disuaden a los asistentes de abandonar su posición.

Olivia Rodrigo ha compartido que puede identificar a sus seguidores más apasionados por el olor, refiriéndose a aquellos que, en las primeras filas, realizan sus necesidades fisiológicas en el lugar para no perderse ni un instante del espectáculo. Más allá del comentario humorístico, subyace una realidad más compleja: el costo exorbitante de las entradas para las primeras filas de los conciertos lleva a muchos fans a no querer abandonar su puesto ni siquiera para ir al baño.

Durante una entrevista en el programa matinal KISS Breakfast de la emisora británica KISS FM, se le preguntó a Olivia Rodrigo sobre el lugar más inusual donde había tenido que ir al baño. La cantante redirigió la pregunta, comentando que ha presenciado en conciertos y festivales cómo algunas personas utilizan pañales para mantenerse en primera fila sin moverse y así satisfacer sus necesidades in situ, una situación que ella misma ha percibido directamente. "Lo he olido", afirmó.

Esta no es una experiencia aislada para la artista. La primera vez que se dio cuenta de esta situación fue en un concierto suyo en Hyde Park en junio de 2025, un lugar que prohíbe la reentrada una vez escaneada la entrada. Allí, una fan mostró un cartel anunciando que llevaba pañales para conservar su lugar en primera fila. Rodrigo no es la única en notar esto: años antes, en 2023, durante el Eras Tour de Taylor Swift, se reportó una oleada de fans que presumían de usar pañales para no perderse ni un minuto del repertorio de más de tres horas. La revista 'Glossy' documentó cómo creadoras de contenido mostraban cómo colocárselos discretamente bajo la ropa y recomendaban marcas específicas de pañales.

Aunque el tema pueda parecer cómico, tiene una faceta menos divertida. Rodrigo iniciará en Hartford (Connecticut) en septiembre The Unraveled Tour, una gira mundial de 86 fechas. Los precios confirmados por Ticketmaster oscilan entre 83,40 y 799,50 dólares. El acceso general a la pista ronda los 250 dólares, y los paquetes VIP con entrada anticipada al foso están entre 540 y 554 dólares. Con estos precios, es comprensible que un fan dispuesto a hacer hasta diez horas de cola para conseguir un buen sitio también esté dispuesto a orinarse encima. La imagen de fans histéricos incapaces de contenerse es reemplazada por una más sombría: el diseño de los recintos dificulta el acceso a los baños, obligando a los fans a buscar soluciones alternativas. Se puede debatir si algunos artistas justifican tal sacrificio, pero lo cierto es que los precios de los conciertos en vivo no disminuirán, y como se ha visto en fenómenos como el de Bad Bunny, los conciertos se han convertido en el evento imperdible. Con o sin pañales.

Rodrigo no es la única que ha experimentado esta situación en las últimas semanas. En un concierto del cantautor folk Noah Kahan en Filadelfia el 26 de junio, alguien ni siquiera usó pañal y defecó directamente junto a los asientos. Kahan abordó el incidente al día siguiente en X, pidiendo a la gente que usara los baños y recordando que detrás de cada deposición no autorizada hay "un trabajador del recinto con la mirada de las mil yardas". Días después, en Toronto, hizo que el público recitara un juramento: al entrar al recinto, se firma un contrato social que prohíbe defecar en el suelo. La magnitud artística (y la edad del público) que asiste a los conciertos de Rodrigo o Taylor Swift es diferente a la que va a ver a Kahan, por lo que la proximidad temporal de esta tendencia escatológica en los conciertos podría ser casual. Sin embargo, claramente articula una narrativa sobre cómo los conciertos se han transformado en lujosas y costosas prisiones que restringen nuestras necesidades más básicas. A la vez, abre la puerta a formas altamente expresivas de protesta por aglomeraciones y retrasos.