La sombrilla de playa no es suficiente: un estudio revela por qué aún podemos quemarnos bajo su sombra

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A pesar de la creencia popular de que una sombrilla de playa ofrece protección total contra el sol, un estudio reciente ha demostrado lo contrario. La clave reside en el efecto rebote de los rayos solares en la arena, que reduce significativamente la eficacia de la sombra. Este fenómeno subraya la importancia de complementar la sombrilla con protector solar para una protección adecuada.

Es una escena común en verano: personas llegan a la playa, instalan su sombrilla, extienden su toalla o silla bajo la sombra y sienten alivio, creyendo que así evitarán las quemaduras. Sin embargo, la sorpresa llega al regresar a casa, cuando tras la ducha, la piel muestra quemaduras evidentes.

Esta situación, más frecuente de lo que se piensa, no se debe al material de la sombrilla ni a su factor de protección, sino al efecto rebote de los rayos solares en la arena.

Para comprender este fenómeno, nos remitimos a un estudio significativo publicado en 2017. Investigadores llevaron a 81 participantes con piel sensible al sol a una playa soleada de Texas. Los expusieron durante tres horas y media al mediodía, dividiéndolos en dos grupos: uno solo usó una sombrilla de playa estándar como protección, y el otro solo aplicó protector solar con un factor FPS 100, sin buscar sombra.

Los resultados fueron contundentes: el 78% de los participantes bajo la sombrilla desarrollaron quemaduras solares, en contraste con el 25% del grupo que usó crema. La diferencia fue aún más abrumadora en el número total de lesiones: se registraron 142 incidentes de quemaduras bajo la sombrilla, frente a solo 17 en el grupo del protector solar.

Para muchas personas, resulta ilógico quemarse la piel estando constantemente bajo la sombra. La explicación reside en el albedo, una métrica que define el porcentaje de radiación que refleja una superficie. La luz ultravioleta no solo incide directamente desde el cielo, sino que también rebota en el suelo e impacta desde cualquier dirección.

Por ejemplo, la arena de la playa refleja entre el 15% y el 20% de la radiación UV que recibe, una cifra considerablemente mayor que el 2% reflejado por el asfalto. Sin embargo, estas cifras son mínimas comparadas con la nieve, que actúa casi como un espejo, reflejando un impresionante 85% de los rayos ultravioleta.

Con estos datos, no debemos concluir que la sombrilla es completamente inútil. Más bien, debemos concienciarnos sobre la importancia de usar protector solar al salir de casa para proteger nuestra piel de esta radiación. Es esencial combinar el uso de la sombrilla en la playa con la aplicación de crema solar para asegurar ambos sistemas de protección.

Este fenómeno no se limita a la playa. Cada vez es más común ver a personas paseando con su sombrilla por la calle, pero incluso en estas situaciones no están exentas de quemaduras, ya que, como hemos visto, hasta el asfalto puede reflejar la radiación ultravioleta. Por lo tanto, el protector solar no es un elemento exclusivo para la playa o la piscina, sino que debe usarse en cualquier situación donde el índice UV sea elevado.