La reciente salida a bolsa de SpaceX, la mayor en la historia de Wall Street, ha revelado detalles cruciales sobre su financiación. Documentos públicos muestran que Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos están invirtiendo sumas significativas en el sector de la inteligencia artificial estadounidense, una estrategia que les otorga beneficios económicos, tecnológicos y geopolíticos, consolidándolos como actores clave en el panorama tecnológico global.
SpaceX ha protagonizado la mayor salida a bolsa de Wall Street, una operación que, según se prevé, convertirá a Elon Musk en el primer billonario de la historia. La publicación de detalles al salir a bolsa ha dejado claro que Arabia Saudí y Emiratos Árabes están financiando el auge de la inteligencia artificial, y esto no ocurre sin contrapartidas.
Qué está pasando. A fecha del 12 de junio, SpaceX cotiza en el Nasdaq con una valoración de 1,75 billones de dólares, la mayor de la historia. Tal como se señala en Rest of World, esta Oferta Pública Inicial (IPO) no solo ha batido récords, sino que también ha revelado detalles que hasta ahora eran privados. El formulario S-1, conocido como 'folleto', ha hecho visible que la compañía prevé recaudar 75.000 millones de dólares, de los cuales al menos 5.000 millones provendrán del Fondo de Inversión Pública de Arabia Saudí.
Por qué es importante. La salida a bolsa de SpaceX ha hecho públicos acuerdos que hasta ahora eran privados y consolida a los inversores de Oriente Medio como actores clave en el desarrollo tecnológico estadounidense. Esta operación se enmarca dentro de una estrategia más amplia en la que han destinado decenas de miles de millones a la IA estadounidense.
Lo vemos en ejemplos como el de Humain, la empresa estatal de IA de Arabia Saudí, que invirtió 3.000 millones en xAI a principios de año y que, tras la fusión, estas inversiones se han convertido en participaciones de SpaceX. También con MGX, un fondo de inversión tecnológico con sede en Abu Dabi, que tiene participaciones en OpenAI, Anthropic y, por supuesto, SpaceX.
Qué obtienen a cambio. El dinero que están invirtiendo viene atado a una serie de exigencias, la principal es la obligación de construir infraestructura de IA en su territorio. Con estos acuerdos están desplazando toda la actividad económica asociada (empleo, ingresos fiscales...) fuera de EE. UU., además de lograr la transferencia de conocimientos tecnológicos. A nivel geopolítico, contar con infraestructura crítica les protege de posibles crisis. Es algo que ya está sucediendo:
G42, el conglomerado de Abu Dabi, está construyendo un megacentro de datos de 5 gigavatios que dará potencia de cómputo a OpenAI y otras empresas de Silicon Valley.
Microsoft invirtió 15.200 millones de dólares en Emiratos Árabes para la construcción de centros de datos de la mano de G42.
El acuerdo entre Humain y xAI incluía la construcción de un centro de datos de 500 megavatios en Arabia Saudí.
Los lazos de Musk en Oriente Medio. El capital de la región ha sido clave en la salida a bolsa de SpaceX, hasta el punto de que los fondos soberanos del Golfo tuvieron prioridad en las listas de suscripción. La confianza entre el magnate y los inversores de Oriente Medio lleva forjándose desde que, en 2011, el príncipe saudí Alwaleed bin Talal invirtiera 300 millones de dólares en la, por entonces, Twitter. Cuando Musk compró la red social en 2022, Alwaleed se negó a liquidar su parte, alineándose con Musk. Después, xAI se fusionó con SpaceX, por lo que aquella inversión se convirtió en participaciones de la compañía. Se calcula que, tras la operación, la fortuna personal de Alwaleed ha alcanzado los 27.000 millones, convirtiéndose en uno de los grandes ganadores.