Una investigadora ha ideado una fórmula matemática para evaluar si tenemos un exceso de ropa en nuestro armario, basándose en la huella de carbono de cada prenda. Esta herramienta busca personalizar el cálculo, considerando el volumen real de vestimenta de cada individuo y la frecuencia de uso necesaria para compensar el impacto ambiental de su fabricación. La iniciativa surge ante la dificultad de cuantificar "demasiada ropa" y los objetivos de la Unión Europea sobre la vida útil de las prendas.
¿Quién no ha observado su armario y ha considerado la posibilidad de tener un exceso de prendas? Aunque al elegir un atuendo no se reflexione sobre ello, sí suele hacerse al realizar el cambio de ropa de temporada. Determinar qué cantidad de ropa es excesiva resulta complejo, ya que no existen cifras absolutas, pero sí algunas estimaciones. La Unión Europea, por ejemplo, ha calculado cuántas veces cada tipo de prenda debería ser utilizada para compensar la huella de carbono derivada de su producción.
En este contexto, Alicja Kuźmycz, diseñadora e investigadora de la Universidad Torrens de Australia, ha desarrollado una sencilla fórmula matemática que permite realizar estos cálculos de manera más personalizada, tomando en cuenta el volumen real de prendas de cada persona.
Las matemáticas tienen la respuesta. Según la Unión Europea (UE), para compensar la huella de carbono, es necesario usar cada camisa y blusa 40 veces, y las camisetas 45 veces. En el caso de pantalones, vestidos, faldas y monos, la cifra asciende a 70 usos. Los cárdigans, jerséis y sudaderas deben superar los 85 usos, mientras que los abrigos y chaquetas requieren llegar a los 100 usos. Estos objetivos parecen alcanzables, pero se complican a medida que aumenta la cantidad de prendas que se poseen.
Para comprender el tiempo necesario para cumplir los objetivos de la Unión Europea, se puede realizar un cálculo simple: multiplicar el objetivo por el volumen de prendas y dividir el resultado entre la frecuencia de uso. Por ejemplo, en un estudio de Kuźmycz, los participantes tenían un promedio de 23 vestidos o prendas similares. Si el objetivo de la UE para estas prendas es 70 usos, y se asume que un vestido se utiliza una vez a la semana (lo que equivale a 52 usos al año), el cálculo sería: 23 (volumen) multiplicado por 70 (objetivo), dividido entre 52 (frecuencia). El resultado es 30,91 años. Este resultado se expresa en años porque se dividen usos entre usos por año. Se necesitarían aproximadamente 31 años para compensar la huella de carbono de la fabricación de esos 23 vestidos.
La vida cambia. Hace seis décadas, una persona poseía, en promedio, 40 prendas. Hoy en día, las encuestas indican que solemos tener alrededor de 199, de las cuales entre el 25% y el 50% permanecen sin usar en el armario. Por esta razón, la huella de carbono rara vez se compensa.
El origen del carbono. Las máquinas utilizadas en la confección de prendas, especialmente a nivel industrial, emiten grandes cantidades de dióxido de carbono. Asimismo, se consumen recursos y se emplean materiales cuya obtención también genera estas emisiones, desde el petróleo para fibras plásticas hasta las emisiones de la cría de ovejas para la lana. Aunque las emisiones varían y la lana es una opción más favorable, todo contribuye. Adicionalmente, el transporte de estas prendas hasta nuestros armarios también implica emisiones de carbono específicas. Todos estos factores fueron considerados por la Unión Europea para sus cálculos.
Donar no es suficiente. Según ha explicado Kuźmycz en un artículo para The Conversation, donar la ropa que ya no se utiliza a organizaciones benéficas no siempre es la mejor solución. Señala que estas instituciones a menudo se ven desbordadas y solo utilizan una pequeña fracción de la ropa recibida. El resto termina en vertederos o es enviado a otros países, lo que no resuelve el problema, sino que lo desplaza.
Cada caso es distinto. Dado que no todas las prendas son iguales, ni se adquieren o utilizan de la misma manera por todas las personas, Kuźmycz tiene la intención de desarrollar una calculadora interactiva que ayude a cada individuo a mantener un armario ideal desde una perspectiva medioambiental. Esta herramienta permitiría saber la cantidad necesaria de cada tipo de prenda para evitar el exceso y la acumulación. Con esta información, las personas podrían permitirse caprichos, pero con la conciencia de las consecuencias que ello implica, lo que quizás les ayude a encontrar un equilibrio.