El Aeropuerto Internacional Jorge Chávez de Lima está experimentando una profunda transformación, pasando de ser un simple punto de tránsito a convertirse en la primera 'Ciudad Aeropuerto' de Latinoamérica. Este ambicioso proyecto busca integrar el transporte con nuevas actividades económicas y de servicios, aprovechando su capacidad de conexión para funcionar como un nodo económico estratégico. La modernización incluye una nueva terminal y segunda pista, pero su visión va mucho más allá, planteando un ecosistema donde la actividad aeroportuaria conviva con otros usos.
Durante mucho tiempo, los aeropuertos han sido entendidos como meros lugares de paso: se llega con una maleta, se atraviesan controles, se espera una llamada de embarque y se desaparece por una puerta que conecta con otro punto del mapa. Sin embargo, esa relación está empezando a cambiar en algunos grandes proyectos de infraestructura, donde la pregunta ya no se limita a cuántos pasajeros puede mover una terminal, sino qué otras actividades pueden desarrollarse a su alrededor. El Aeropuerto Internacional Jorge Chávez de Lima busca explorar precisamente esta idea: transformar una infraestructura concebida para viajar en un espacio donde también puedan coexistir nuevas actividades relacionadas con el transporte, los servicios y la economía.
El proyecto del Jorge Chávez no parte de un aeropuerto construido desde cero, sino de una profunda transformación de una infraestructura que ha estado en funcionamiento desde 1960. La ampliación ha incorporado una nueva terminal de pasajeros, una segunda pista y una nueva torre de control, elementos que ya han modificado la capacidad operativa del principal aeropuerto peruano. No obstante, esta modernización es solo la primera etapa de un plan más extenso: Lima Airport Partners presenta esta iniciativa como la primera “Ciudad Aeropuerto” de Latinoamérica.
Gran parte de la modernización de un aeropuerto ocurre en áreas que los pasajeros nunca llegan a ver. En el nuevo Jorge Chávez, esta capa tecnológica incluye un centro de control desde el que se supervisan los principales recursos operativos de la terminal, además de nuevos sistemas para gestionar la seguridad, los equipajes y el flujo de viajeros. Uno de los cambios más notables se encuentra en la inspección de maletas, con equipos tomográficos integrados en el sistema de manejo de equipaje facturado, junto con tecnologías de seguimiento y control durante todo el recorrido. La nueva terminal también ha incrementado el número de cámaras de vigilancia, pasando de unas 800 en la antigua instalación a aproximadamente 3.900 en la nueva.
Convertir el Jorge Chávez en esta nueva infraestructura no ha sido una operación rápida ni sencilla. El proyecto ha requerido más de una década de planificación, supervisión y ejecución, desde las primeras fases de desarrollo hasta la puesta en marcha de unas obras divididas en diferentes paquetes y con múltiples empresas involucradas. Antes de levantar los nuevos edificios, fue necesario preparar los terrenos, completar los procesos administrativos y ejecutar las infraestructuras necesarias para permitir el crecimiento del complejo.
El nombre de “Ciudad Aeropuerto” puede resultar inusual si se piensa en un aeropuerto como una simple terminal, pero responde a un modelo conocido en el sector como airport city: una infraestructura de transporte que funciona como el núcleo de un ecosistema económico asociado. En el caso del Jorge Chávez, sus promotores proponen desarrollar una zona donde la actividad aeroportuaria conviva con nuevos servicios y usos vinculados al movimiento de pasajeros, empresas y mercancías. La idea es aprovechar la capacidad de conexión del complejo para expandir la función tradicional de un aeropuerto y transformarlo en un nodo económico.
La imagen que se debe evitar es la de una ciudad ya establecida alrededor del aeropuerto, ya que esa no es la situación actual. El proyecto se encuentra en una fase intermedia: la gran transformación aeroportuaria es ya una realidad, pero el desarrollo asociado al concepto de Ciudad Aeropuerto aún está en crecimiento. El primer desarrollo inmobiliario de esta nueva etapa ya ha sido adjudicado, lo que indica que la iniciativa comienza a materializarse más allá de la infraestructura aérea. El objetivo final requerirá años de desarrollo y dependerá de la evolución de estas nuevas áreas.
La magnitud del proyecto se comprende mejor al analizar las cifras detrás de esta transformación. La ampliación del Jorge Chávez representa una inversión de 2.400 millones de dólares y está diseñada para acompañar el crecimiento del tráfico aéreo peruano durante las próximas décadas. El nuevo complejo ha preparado el aeropuerto para alcanzar una capacidad de hasta 40 millones de pasajeros anuales, una escala que justifica por qué sus responsables no lo presentan únicamente como una mejora operativa, sino como una infraestructura estratégica para el desarrollo del país.
Detrás de esta transformación también existe una conexión directa con España. La ingeniería pública española INECO participa en el proyecto desde 2014, cuando comenzó junto con la compañía peruana CESEL la supervisión de las obras para OSITRAN. Su trabajo ha acompañado las distintas fases de una ampliación que ha requerido coordinar grandes actuaciones de infraestructura, desde la preparación de los terrenos hasta la puesta en marcha de las nuevas instalaciones.
El caso de Lima permite observar una evolución que afecta a muchos grandes aeropuertos del mundo: dejar de ser únicamente puntos de tránsito para convertirse en nodos donde confluyen diversas actividades. En el Jorge Chávez, la primera parte de esa transformación ya es visible con la nueva infraestructura aeroportuaria, mientras que la fase de desarrollo de la Ciudad Aeropuerto está comenzando ahora. El resultado final dependerá del avance de los próximos proyectos, pero la idea fundamental ya está definida: construir un aeropuerto que no solo conecte personas y mercancías, sino que también forme parte activa de la economía que lo rodea.