El legendario Río Amarillo, cuna de la civilización china y conocido por su turbidez, está experimentando un notable cambio en su tonalidad. La implementación de vastos programas de reforestación y la construcción de numerosas presas han reducido drásticamente la carga de sedimentos, alterando su característico color. Sin embargo, este fenómeno podría ser temporal, ya que la capacidad de retención de las infraestructuras tiene un límite.
Cuando los Han comenzaron a relatar sus historias, lo denominaban simplemente 'río'. No requerían más, pues era el río por excelencia, el origen de su forma de vida y, a la vez, el 'azote de sus hijos'. En el futuro, al observar otros cursos fluviales, siempre recordarían aquel que los mongoles bautizaron como 'río Reina'. Pero ninguno sería comparable. El río de los Han siempre ha sido singular, sucio (de hecho, el 'más turbio del mundo') y, por ello, desde muy temprano lo nombraron Amarillo. ¿Quién habría imaginado que serían esos mismos Han quienes terminarían modificando el color del río que los vio nacer? Es curioso, ya que durante 1165 kilómetros es un río cristalino.
¿Qué factor otorga el color amarillo al río Amarillo? Durante milenios, el monzón ejecutaba la misma secuencia: tras desorganizar la vida en gran parte del continente, movía millones de toneladas de polvo desde los desiertos del noroeste de China y los depositaba en una meseta de 640.000 kilómetros cuadrados. El resultado fue una capa de más de 100 metros de espesor de limo eólico: una tierra increíblemente fértil, pero que se desmorona rápidamente al humedecerse. Allí, de hecho, surgió la agricultura en el Neolítico chino.
Durante miles de años, aproximadamente el 90% de los sedimentos que tradicionalmente transportaba el río 'más turbio del planeta' provenía de esa meseta. El inconveniente es que el río está perdiendo su color. La carga ha disminuido de 1.600 millones de toneladas anuales entre 1919 y 1959 a 240 millones entre 2000 y 2020. Esto representa una reducción del 85%. ¿Qué ha sucedido? En primer lugar, las obras. Entre 1970 y 1990, el cauce del río Amarillo se fue llenando de terrazas, presas de retención y embalses. Esto, como se ha observado en otras regiones, frenó el descenso de sedimentos.
Como suele ocurrir, China excedió sus límites. Así, en 1997, el río permaneció 226 días sin alcanzar el mar y 704 kilómetros de su cauce quedaron secos. A partir de entonces, la administración del río comenzó a controlar la sobreexplotación, a asegurar los desembalses periódicos y desde agosto de 1999 no ha vuelto a secarse. El delta ha dejado de crecer como lo hacía antes, pero la situación se encuentra más o menos bajo control. Sobre esta base, en 1999, se inició el programa 'Grain for Green' y en la década siguiente se plantaron 34,3 millones de hectáreas. China invirtió aproximadamente 80.000 millones de dólares. Ambas cifras corresponden hasta 2020. En la zona de la meseta de loess, se retiraron casi 10 millones de hectáreas de cultivos agrícolas y se reconvirtieron en bosques.
El resultado es que el río ha cambiado de color. La suma de los sedimentos que los pantanos retiran de la circulación y la reforestación han provocado que, durante gran parte de su curso, el río deje de ser amarillo y adquiera tonalidades más pardas o verdosas.
...pero volverá a ser amarillo. La capacidad de retención del sistema fue diseñada para veinte años y lleva casi treinta en servicio. Por esta razón, en 2016, Wang y su equipo advirtieron que, a medida que las presas existentes pierdan su capacidad para retener barro, la erosión de la meseta volverá a teñir el río de amarillo. Falta poco para comprobar si estaban en lo cierto.