La neurociencia examina las experiencias cercanas a la muerte: ¿Hay evidencia del más allá?

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La humanidad se ha preguntado por la existencia del más allá y la ciencia busca respuestas sobre lo que ocurre tras la muerte. Aunque no hay pruebas definitivas, la neurociencia avanza en el estudio de las experiencias cercanas a la muerte (ECM), sugiriendo que son fenómenos complejos con explicaciones neurobiológicas, a pesar de la falta de estudios robustos y la confusión entre correlación y causalidad en la divulgación.

Una de las grandes interrogantes de la humanidad se centra en el más allá y en la posibilidad de probar su existencia. Aunque la ciencia se esfuerza por comprender qué sucede al morir, hasta ahora no se ha encontrado una respuesta concluyente. Sin embargo, la neurociencia continúa investigando las experiencias cercanas a la muerte (ECM), indicando un proceso indudablemente complejo.

Hacen falta estudios sólidos. Un desafío crucial al abordar este tema en la divulgación es la confusión entre correlación, causalidad y autoridad. El hecho de que figuras prominentes, como el cardiólogo Valentín Fuster o el premio Nobel de Física Robert W. Wilson, escriban prólogos para libros sobre "supraconciencia" o supuestas "pruebas de Dios" no valida científicamente sus hipótesis.

De manera similar, se suelen citar casos impactantes como el de Eben Alexander, el neurocirujano de Harvard que relató su viaje "al más allá" durante un coma. No obstante, desde una perspectiva científica rigurosa, esta es una experiencia completamente aislada, sin verificación independiente que demuestre que su cerebro estuviera totalmente inoperativo.

Existen otros argumentos. El conocido "ajuste fino" del universo, que postula que las constantes cosmológicas parecen diseñadas para sustentar la vida, también se esgrime a menudo como prueba científica. Sin embargo, como señala el filósofo Carlos Blanco, esto es un debate filosófico que incurre en la falacia de afirmación del consecuente, ya que existen explicaciones alternativas (como el multiverso o el azar) que no requieren una intervención divina.

La luz al final del túnel. Si nos enfocamos en lo que la ciencia dice sobre las ECM, diversos estudios sugieren que entre el 10 y el 20% de los pacientes críticos que han sobrevivido a un paro cardíaco han reportado estas experiencias.

Aun así, que la experiencia sea real para quien la vive no implica que su origen sea sobrenatural. El modelo científico más sólido hasta la fecha ha sido propuesto por el equipo de Charlotte Martial en una reciente revisión sistemática. Este trabajo, de máximo rigor, postula un modelo neurocientífico que explica las ECM como el resultado directo de procesos neurobiológicos en cerebros sometidos a estrés extremo.

Tiene una explicación. Diversos análisis neurofuncionales indican que la sensación de ver una luz al final de un túnel, la paz y el recuerdo de momentos vitales que pasan por la mente se deben a "culpa" de estados alterados de conciencia y a la falta de oxígeno en el cerebro. De hecho, perspectivas neurocientíficas previas ya advertían sobre las graves limitaciones metodológicas de aquellos estudios que intentan afirmar la existencia de percepción sin un sustrato fisiológico.

Mucho por investigar. En 2025 se analizaron 775 artículos publicados a lo largo de casi 50 años sobre las ECM, concluyendo que este sigue siendo un campo teóricamente fragmentado que requiere marcos integradores y un mayor rigor metodológico. Lo que la ciencia sí avala sin reservas es el impacto transformador a largo plazo de estas experiencias. Un estudio de 2024 comparó a 834 personas que vivieron una ECM frente a 42 que enfrentaron situaciones mortales sin experimentarlas, encontrando transformaciones espirituales y psicológicas significativas en el primer grupo.

De este modo, se puede afirmar que una ECM puede cambiar la vida, pero que eso demuestre que el alma viaja a otra dimensión es una deducción que la ciencia actual no respalda.