La conversión de El Alfa al evangelicalismo, destacada por El País, no es un hecho aislado, sino parte de una creciente tendencia sociocultural en el género urbano. Este fenómeno, con origen en Estados Unidos y auge en América Latina, refleja la creciente presencia de la religión en la esfera mediática y su impacto en la influencia política de las iglesias evangélicas, especialmente en contextos de crisis e incertidumbre social.
La influencia de la religión se está haciendo cada vez más notoria en los medios de comunicación, extendiéndose también al género urbano. Esta realidad se hizo evidente el pasado 5 de julio con el reciente bautismo de El Alfa, uno de los principales exponentes del dembow y el reguetón dominicano, según lo destacado por el periódico español El País.
En diversas plataformas de redes sociales, circulan videos del artista, cuyo nombre real es Emanuel Herrera Batista, vestido con una túnica azul de la institución evangélica Centro Cristiano Soplo de Vida, ubicada en Santo Domingo. El cantante concretó así su conversión junto a su familia, bajo la dirección de la pastora Yesenia Then. “Quien está vivo y no conoce a Dios, simple y llanamente está muerto”, declaró Herrera ante las cámaras.
El caso de El Alfa no es un hecho aislado ni una simple anécdota dentro del panorama musical y del entretenimiento. Por el contrario, representa una tendencia originada en Estados Unidos que ha experimentado un notable crecimiento en América Latina y otras regiones del mundo en los últimos años, con ejemplos destacados en Europa como España.
El evangelicalismo es una rama del protestantismo que enfatiza la conversión personal, conocida como “el nuevo nacimiento”, la autoridad exclusiva de la Biblia como fuente religiosa y el compromiso activo de compartir y persuadir a otros sobre la fe. Su vertiente más difundida en la actualidad, especialmente en América Latina, es el movimiento carismático o neopentecostalismo, que se caracteriza por su enfoque en la emocionalidad y la reivindicación de los dones del Espíritu Santo.
Aunque la simbología y la afiliación religiosa han ganado mayor visibilidad en la esfera pública, en Estados Unidos esta situación no se ha traducido, hasta ahora, en un aumento del número de fieles; de hecho, ha representado un declive. No obstante, las iglesias evangélicas han incrementado significativamente su influencia política en América Latina. Esto se ha visto favorecido por diversos factores, como el desgaste de los partidos políticos tradicionales, la disminución de la influencia de la Iglesia católica y el descontento generalizado con las instituciones democráticas.
Esta expansión, al igual que el auge de movimientos conservadores y las reacciones culturales que se han observado en la última década, se fortalece en contextos de crisis e incertidumbre política, económica y social, lo que explica su afinidad con movimientos como el MAGA en Estados Unidos. Esta es la razón principal por la que su crecimiento se concentra especialmente en los sectores más populares, ya que, al menos en el evangelicalismo, las bases de su expansión están fuertemente ligadas al apoyo comunitario, el sentido de pertenencia y un protocolo claro de difusión.
Según un estudio del Real Instituto Elcano, a través de estas funciones sociales y comunitarias, las iglesias evangélicas están ocupando espacios y roles que antes eran asociados con la Iglesia católica y los partidos de izquierda. Esto ha provocado un aumento de su influencia política y electoral a gran escala, trascendiendo las determinaciones locales.
Estos movimientos han sido fundamentales para respaldar o impulsar a candidatos y partidos en países como Brasil (Jair Bolsonaro), Guatemala (Jimmy Morales), Costa Rica (Fabricio Alvarado) y México (Partido Encuentro Social con Andrés Manuel López Obrador).
Su agenda política se caracteriza por ser marcadamente conservadora, enfocada en la defensa de la familia tradicional y la oposición al aborto, el matrimonio igualitario, la eutanasia, el divorcio y la denominada “ideología de género”. En este contexto, y según lo reportado por el medio El Orden Mundial, es importante señalar que algunas iglesias dentro de esta corriente evangélica promueven el mandato de las 7 montañas. Este mandato establece que la iglesia tiene como objetivo ganar influencia en las distintas “montañas” que configuran una sociedad, las cuales incluyen la educación, la religión, la familia, los negocios, el gobierno y el ejército, el entretenimiento y los medios de comunicación.
El Alfa se suma a una lista creciente de artistas urbanos que han hecho pública su fe en los últimos años. Quizás el caso más reconocido hasta ahora había sido el de Daddy Yankee, el icónico rey del reguetón, quien, tras anunciar su retiro de los escenarios en 2022, reapareció en octubre de 2025 con una nueva y distinta reivindicación: el Evangelio a través de la música. Su álbum “Lamento en Baile” (2025), inspirado en el Salmo 30:11 (“Has cambiado mi lamento en baile; desataste mi cilicio y me ceñiste de alegría”), fusiona el reguetón clásico con coros góspel y letras de carácter redentor.
Yankee no fue el primero de los grandes del género en tomar este camino; Héctor el Father se retiró en 2008 para dedicarse a la fe y actualmente ejerce como pastor evangélico. Recientemente, también lanzó un canal de contenido cristiano. En contraste, Don Omar tuvo un proceso inverso; comenzó como pastor evangélico en la Iglesia de la Restauración en Cristo, en Bayamón (Puerto Rico), y en 1999 incursionó en el reguetón. Dejó de asistir a la iglesia porque su cambio creativo fue percibido como “algo no grato”, según relató el propio artista.
Lary Over es otro de los intérpretes que abandonó su carrera en el trap para dedicarse a la predicación evangélica, siendo ahora el pastor Raymon Guevara. En el caso de Farruko, aunque no ha dejado su carrera musical, sí ha expresado arrepentimiento por sus éxitos anteriores tras su “encuentro con Papá Dios”.